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Violencia extrema, alcance global y un frágil equilibrio: Qué espera México tras el ascenso del sucesor de “El Mencho”

2026-03-22 - 18:10

Cuando el Ejército mexicano disparó el 22 de febrero contra Nemesio Oseguera Cervantes, también conocido como “El Mencho”, la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, apostó por profundizar el modelo poco exitoso de lucha contra el narcotráfico que ha predominado durante los últimos 20 años, en un intento de balancear la presión de su par norteamericano, Donald Trump, con la necesidad de seguridad de la ciudadanía mexicana. Porque en un país como México, dónde la violencia del narcotráfico se extiende hasta el paroxismo mientras los grupos criminales se fragmentan y toda semejanza con una especie de pax narco de los grandes capos del pasado queda en la memoria, el asesinato del máximo líder de una de las organizaciones criminales más influyentes del mundo, el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), podría significar aún más caos y violencia, incluso si los subordinados de la organización criminal aceptan al hijastro del Mencho como el nuevo capo. El mapa del narcotráfico en México La muerte del Mencho y las perspectivas de lo que puede pasar en los próximos meses con la violencia narco en el país latinoamericano ponen de relieve el cambio estructural que han atravesado las organizaciones criminales en las últimas décadas. “El panorama criminal en México está tan fragmentado, que ya no existe una dinámica en la que un grupo tenga un rival totalmente determinado, uno con el que en ningún momento vayan a colaborar, sino que todo depende de las dinámicas locales de cada territorio”, dijo a LA NACION Victoria Dittmar, investigadora de InSight Crime, una organización especializada en crimen organizado y seguridad ciudadana en América Latina y el Caribe. Desde que, en 2010, las fuerzas de seguridad mexicanas abatieron a un antiguo líder del Cártel de Sinaloa, y se formó el CJNG a partir de una facción de aquel grupo criminal, las organizaciones de narcotráfico mexicanas han tendido a disgregarse en grupos más pequeños y han perdido la estructura jerárquica que aseguraba cierta estabilidad en los conflictos entre bandas. Esta tendencia implica que, incluso con el expeditivo nombramiento de Juan Carlos Valencia González, alias “El 03′′, como nuevo líder del CJNG –apuntado al mando de la organización delictiva tan pronto como su padrastro y predecesor fue enterrado–, nada asegura que el poderoso y rentable cártel mexicano logre evitar la fragmentación en facciones rivales, lo que conllevaría un aumento al menos momentáneo de la violencia. Según los expertos, muchos de los grandes cárteles se disgregaron tras el asesinato o arresto de sus líderes, delineando un ecosistema en México compuesto por grupos como Cárteles Unidos, el Cártel del Noreste, La Nueva Familia Michoacana, el Cártel de Juárez y el Cártel del Golfo –subdividido en Los Metros y Los Escorpiones–, así como decenas de células independientes en todo el país dedicadas a actividades criminales propias o dedicadas a prestar servicios a grupos más grandes. En un contexto así, insistió Dittmar, es difícil hablar de grupos o rivalidades principales, dado que el nivel de influencia de cada grupo en la vida cotidiana de la población y el control del territorio dependen de las dinámicas propias de cada región. “A diferencia de como fue quizás en los noventa o incluso a inicios de los 2000, la dinámica criminal está ahora hiperlocalizada. Cada territorio tiene su propia dinámica de violencia, su propia dinámica de disputas y es posible que, por ejemplo, el CJNG esté enfrentado con el Cártel de Sinaloa en un lugar como Zacatecas, pero que en Sinaloa le provea cierto tipo de apoyo”, según explicó la experta. El año pasado, por ejemplo, el cártel del Mencho negoció una alianza en Sinaloa con Los Chapitos para combatir a Los Mayiza, mientras que, en el cercano estado de Baja California, el CJNG se alió con los restos del desaparecido Cártel de Tijuana para acceder al negocio del contrabando e intentar disputar el control del territorio a otras células del Cártel de Sinaloa. Por mucho tiempo, las únicas dos excepciones a esta regla parecían ser el Cártel de Sinaloa y el CJNG. Pero el arresto en 2024 en Estados Unidos del antiguo jefe del grupo de Sinaloa, Ismael “El Mayo” Zambada, –lo que dio inicio a una fuerte guerra interna entre dos facciones del cártel conocidas como Los Chapitos y Los Mayiza– y la sucesión del Mencho abren un nuevo panorama. Las amenazas de Trump A este complejo desafío en materia de seguridad al que debe enfrentarse la mandataria mexicana, se suma además la presión cuasi inédita del presidente norteamericano. Trump ha insistido en múltiples ocasiones en la necesidad de controlar el flujo de drogas que inyectan los cárteles en su país, disponiendo una recompensa de 15 millones de dólares por información que condujera a la captura del Mencho e, incluso, amenazando con la posibilidad de intervenciones directas de Washington en territorio mexicano. Con la reciente captura de Nicolás Maduro, las amenazas del magnate han cobrado otra relevancia, obligando a Sheinbaum a acelerar su lucha contra el tráfico de drogas y a buscar medidas con un alto nivel de visibilidad. Esta semana, el titular de Seguridad mexicano, Omar García Harfuch, estuvo reunido tanto con el jefe de la DEA, Terrance Cole, como con el del FBI, Kash Patel, en un esfuerzo renovado del gobierno de Sheinmbaum por acercar posiciones con Washington y descongelar la cooperación bilateral en materia de seguridad, enfriada durante el gobierno del expresidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, esta cooperación renovada entre los países vecinos podría ahora verse dificultada en el caso de la lucha contra el CJNG por una peculiaridad inesperada –y posiblemente ponderada por el cártel– del nuevo sucesor de 41 años, nacido en California, del otro lado de la frontera. Según el medio norteamericano The Wall Street Journal, las agencias de inteligencia de Estados Unidos podrían enfrentar obstáculos legales para investigar directamente y recopilar datos personales sobre Valencia González, así como para compartir esa información con el gobierno mexicano, debido a su nacionalidad norteamericana. Qué puede pasar con el nuevo líder En líneas generales, los analistas coinciden en que los dos escenarios que se abren para el CJNG a partir del nombramiento del sucesor del Mencho son la fragmentación en facciones que disputen el poder dentro del cártel, dependiendo de si los miembros de la organización criminal aceptan o no al nuevo jefe, y el intento del otro gran grupo criminal mexicano, el Cártel de Sinaloa, de aprovechar el momento de debilidad de su principal competidor para absorberlo o terminar de destruirlo. En cualquiera de los dos casos, no obstante, los expertos coinciden en que el mayor desafío para el gobierno mexicano será la desarticulación del millonario negocio criminal que supo montar el cártel, así como su imponente capacidad de ejercer la violencia. “El CJNG funciona con un modelo híbrido que tiene un núcleo duro centralizado en Jalisco, que controla las decisiones estratégicas, las finanzas y las relaciones con socios externos, pero se expande a través de células regionales con considerable autonomía táctica, similar a una franquicia criminal”, ya que ofrece apoyo armado y beneficios logísticos a cambio de lealtad y un pago de cuotas, explicó a LA NACION Pablo Zeballos, consultor e investigador de crimen organizado transnacional, economías ilícitas y gobernanza extra legal. “A todo ello se suma una costosa y poderosa red de protección que involucra a funcionarios públicos en distintos niveles del Estado, y que ha sido tan determinante para la supervivencia del cártel como su capacidad de violencia”, agregó el experto. Por otro lado, y a diferencia de otros cárteles como el de Sinaloa que optaron por la corrupción para consolidar su poder, “el CJNG construyó su reputación a través de la violencia extrema y deliberadamente pública con videos de ejecuciones y confrontaciones abiertas con el Ejército”, dijo Zeballos. “Sus células cuentan con rifles de asalto de alto calibre, fusiles Barrett calibre .50, chalecos antibalas y vehículos blindados de fabricación artesanal, así como lanzacohetes de origen soviético, armamento de uso exclusivo militar y drones armados”, puntualizó el experto. En cuanto a la esquema de negocios del grupo, Zeballos indicó que el CJNG tiene como principal fuente de ingresos al fentanilo y la metanfetamina. Las drogas sintéticas, más baratas de producir y fáciles de transportar, dieron una ventaja comparativa al joven cártel frente a sus predecesores, permitiéndole una expansión aún más vertiginosa. Aparte del tráfico de drogas, el experto destacó “la extorsión sistemática a negocios, transportistas, agricultores y cualquier actividad económica en los territorios que controla”, así como “la trata de personas, principalmente migrantes, con fines de explotación sexual, el tráfico de migrantes, el robo de combustible –conocido en México como huachicoleo– , el contrabando de cigarros y los fraudes turísticos”, como otras fuentes considerables de ingresos para el grupo criminal. Según Zeballos, “la diversificación del CJNG es tan amplia que algunos analistas han llegado a comparar su estructura con la de una corporación multinacional”. En cuanto a su alcance territorial, un informe de la organización civil Global Initiative against Organized Crime (GI–TOC) indica que el CJNG tiene presencia en al menos 27 de los 32 estados mexicanos, fundamentalmente en Jalisco, Nayarit, Colima, Veracruz y Guanajuato. Sin embargo, sus ramificaciones se extienden más allá de las fronteras nacionales. “Su red de contactos es prácticamente global. Desde proveedores de precursores químicos en Asia, proveedores de cocaína en Sudamérica, contacto con redes de transporte que faciliten este movimiento en Centroamérica y clientes en Europa, Canadá y obviamente Estados Unidos”, dijo Dittmar. El grupo criminal ha llegado incluso a tener operaciones de lavado de dinero en la Argentina a través de su brazo financiero conocido como Los Cuinis, tal como informó este medio.

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