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Una orden desesperada, otra emergencia y 12 segundos clave: la investigación apunta a una cadena de errores en LaGuardia

2026-03-25 - 15:00

WASHINGTON.– El fatal accidente ocurrido en el Aeropuerto Internacional de LaGuardia continúa revelando detalles inquietantes a medida que avanza la investigación federal. A más de 48 horas del choque entre un avión de Air Canada y un camión de bomberos en plena pista, la reconstrucción de los últimos minutos expone una combinación de errores humanos, fallas tecnológicas y condiciones operativas exigentes que podrían haber convergido en una tragedia evitable. La cronología preliminar elaborada por la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB, por sus siglas en inglés) es tan precisa como alarmante. El camión de bomberos solicitó cruzar la pista apenas 25 segundos antes del impacto. Cinco segundos después, recibió autorización. En ese momento, el avión —un CRJ-900 con 76 personas a bordo— ya descendía a unos 30 metros del suelo. Apenas 12 segundos antes del choque, el controlador aprobó el cruce; nueve segundos antes, intentó desesperadamente revertir la orden: “¡Alto, alto, alto!”. Pero fue demasiado tarde. El avión tocó tierra y, a más de 160 km/h, impactó contra el vehículo de emergencia. Uno de los aspectos más desconcertantes es el fallo del sistema de alerta de incursión en pista, diseñado precisamente para evitar este tipo de accidentes. El sistema ASDE-X, que permite a los controladores visualizar en tiempo real la ubicación de aeronaves y vehículos, no emitió ninguna advertencia crítica. Según explicó la presidenta de la NTSB, Jennifer Homendy, el camión no contaba con un transpondedor, lo que limitó su visibilidad en el sistema. Además, la proximidad de otros vehículos de emergencia generó una imagen confusa en el radar, que mostraba “manchas” pero no una amenaza clara en la trayectoria del avión. Aun así, otro sistema independiente podría haber evitado la tragedia: las luces de estado de pista. Estas luces rojas, incrustadas en el pavimento, estaban funcionando correctamente y deberían haber advertido al conductor del camión que no debía avanzar, incluso con autorización de la torre. Presión en la torre de control El rol de los controladores es ahora uno de los focos centrales de la investigación. Esa noche había solo dos operadores en servicio, lo habitual en turnos nocturnos, pero en condiciones lejos de lo normal. Retrasos acumulados habían generado un tráfico superior al previsto: en menos de 40 minutos aterrizaron una docena de vuelos. Al mismo tiempo, los controladores gestionaban otra emergencia: un avión de United Airlines que reportaba un fuerte olor en cabina y requería asistencia inmediata. Fue justamente esa situación la que motivó la salida del camión de bomberos que terminaría involucrado en el accidente. La investigación también intenta esclarecer quién estaba a cargo del control terrestre –responsable de coordinar vehículos y aeronaves en superficie–, ya que existen inconsistencias en los registros. Incluso se analiza el cambio de turno ocurrido poco antes del accidente y si pudo haber generado confusión operativa. Un dato particularmente revelador surgió de las grabaciones: 18 minutos después del choque, uno de los controladores, visiblemente afectado, se culpó en una conversación con un piloto. “Me equivoqué”, dijo. Otro elemento clave bajo análisis son las comunicaciones radiales. La primera transmisión del camión de bomberos fue aparentemente interrumpida y no llegó a la torre. Las siguientes sí fueron recibidas, pero los investigadores intentan determinar con precisión qué mensajes se escucharon y cómo fueron interpretados. Este punto es crucial: en entornos de alta carga laboral, una comunicación incompleta o mal entendida puede desencadenar decisiones erróneas en cuestión de segundos. Testimonios que revelan el caos Mientras los expertos analizan datos técnicos, los testimonios de los sobrevivientes aportan una dimensión humana estremecedora. Rebecca Liquori, pasajera del vuelo, recordó un sonido “penetrante” segundos antes del impacto: el intento desesperado de frenado por parte de los pilotos. “El avión se sacudió violentamente y salimos despedidos hacia adelante. Todos gritaban”, relató. La evacuación fue caótica. Sin instrucciones claras –una azafata sobrevivió luego de ser expulsada de la aeronave durante el impacto–, varios pasajeros actuaron por instinto. Algunos abrieron salidas de emergencia y escaparon trepando por las alas antes de saltar a la pista. Otra particularidad del modelo CRJ-900 es que no cuenta con toboganes inflables: su diseño permite evacuar directamente desde las puertas, lo que en este caso obligó a los pasajeros a improvisar. El accidente dejó dos víctimas fatales: los pilotos Antoine Forest y Mackenzie Gunther, ambos jóvenes y en etapas iniciales de sus carreras. Desde la Administración Federal de Aviación (FAA), su administrador Bran Bedford destacó que “hicieron todo lo posible por salvar a los pasajeros”. En total, 41 personas fueron hospitalizadas, aunque la mayoría (32) ya recibió el alta y las otras nueve permanecen internadas con heridas de gravedad. Los ocupantes del camión sobrevivieron con heridas que no ponen en riesgo sus vidas. La Autoridad Portuaria identificó los identificó como el sargento Michael Orsillo y el agente Adrian Baez. El agente Baez fue dado de alta del hospital el lunes por la noche, mientras que el sargento Orsillo permaneció hospitalizado. El audio segundos antes del choque en LaGuardia La NTSB advirtió que el proceso podría extenderse más de un año. Como es habitual en accidentes de esta magnitud, no se busca una causa única, sino una cadena de fallas. “Rara vez investigamos un accidente grave que se deba a un solo error”, reiteró Homendy. “Cuando algo sale mal, significa que muchas cosas fallaron al mismo tiempo”, afirmó. Entre las preguntas clave que quedan por responder están si el número de controladores era suficiente, por qué fallaron los sistemas de alerta, cómo influyó la carga de trabajo y si los protocolos de coordinación entre aire y tierra fueron adecuados. Agencia AP y diario The New York Times

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