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Una ministra se atrinchera tras el revés electoral y desafía a Meloni en una pulseada de alto voltaje

2026-03-25 - 15:41

ROMA.– El terremoto político desatado por el rechazo en las urnas a la reforma judicial impulsada por la primera ministra italiana Giorgia Meloni sigue generando réplicas en el corazón del gobierno. La derrota en el referéndum del 22 y 23 de marzo no solo expuso una fisura con el electorado, sino que abrió una crisis interna sin precedentes, marcada por dimisiones, tensiones institucionales y un desafío directo a la autoridad de la premier. En el centro del conflicto se encuentra la ministra de Turismo, Daniela Santanche, quien se niega a renunciar pese al pedido explícito de Meloni. La negativa de la funcionaria –histórica figura de la derecha italiana y aliada del oficialismo– dejó al descubierto los límites del poder de la jefa de Gobierno y convirtió una disputa interna en un enfrentamiento público de alto voltaje político. La reacción de Meloni tras el fracaso del referéndum fue inmediata. Consciente del golpe político y del malestar social que emergió en las urnas, la primera ministra decidió avanzar contra funcionarios con problemas judiciales, en un intento por recuperar credibilidad. Los primeros en caer fueron el subsecretario de Justicia, Andrea Delmastro, y la jefa de gabinete del mismo ministerio, Giusi Bartolozzi. Ambos presentaron su dimisión tras quedar envueltos en polémicas judiciales y declaraciones controvertidas que habían debilitado al Ejecutivo en la antesala del referéndum. Delmastro, uno de los colaboradores más cercanos de Meloni, había sido condenado en primera instancia por revelar información confidencial, mientras que Bartolozzi estaba bajo investigación por presuntas irregularidades vinculadas a la liberación de un militar libio buscado por la Corte Penal Internacional (CPI). En un comunicado oficial, la premier agradeció sus renuncias como un gesto de “responsabilidad institucional”, pero inmediatamente apuntó contra Santanche, instándola a seguir el mismo camino. El desafío de Santanche Lejos de acatar el pedido, Daniela Santanche redobló la apuesta. Se presentó a trabajar con normalidad en su despacho en Roma y dejó en claro que no tiene intención de dimitir. “Me quedo. La Constitución está de mi lado”, afirmó, en una frase que resonó como un desafío directo a la autoridad de la primera ministra. La ministra enfrenta causas judiciales por presunta falsedad contable y quiebra fraudulenta vinculadas a su empresa Visibilia, además de acusaciones por estafa a la seguridad social. Sin embargo, argumenta que su situación es menos grave que la de otros funcionarios que ya renunciaron y niega que su permanencia haya influido en la derrota electoral. El enfrentamiento escaló rápidamente. Tras intentos fallidos de resolver la situación en privado, Meloni optó por hacer pública su exigencia mediante un comunicado oficial, una decisión poco habitual que evidenció la magnitud de la crisis. La disputa también dejó en evidencia una particularidad del sistema político italiano: el primer ministro no tiene la potestad directa de destituir a sus ministros. Esa facultad recae en el presidente de la República, Sergio Mattarella, lo que complica aún más la situación para Meloni. Recurrir a Mattarella para forzar la salida de Santanche implicaría admitir públicamente una pérdida de control dentro de su propio gabinete, con un costo político significativo. Mientras tanto, el presidente del Senado, Ignazio La Russa, aparece como una figura clave en las negociaciones. Cercano a la ministra, podría desempeñar un rol decisivo para destrabar el conflicto, aunque por ahora no hay señales de una solución inminente. Presión opositora y riesgo parlamentario La crisis se traslada también al Parlamento, donde la oposición ya impulsa una moción de censura contra Santanche. De avanzar, colocaría a la mayoría oficialista en una posición incómoda: apoyar la destitución y profundizar la crisis o sostener a la ministra y asumir el costo político. Desde sectores opositores ironizan sobre la situación. “Es increíble que ni siquiera el primer ministro pueda destituir a un ministro”, señalaron, evidenciando el desgaste del liderazgo de Meloni tras un resultado electoral adverso. Hasta ahora, el Ejecutivo italiano se había mostrado como uno de los más sólidos de los últimos años. Sin embargo, la derrota en el referéndum rompió esa imagen de estabilidad y dejó al descubierto tensiones internas acumuladas. El rechazo a la reforma judicial fue interpretado como un freno a los intentos del gobierno de avanzar sobre el sistema judicial, en un contexto de reiterados choques entre el Ejecutivo y la magistratura. En ese marco, la permanencia de funcionarios con causas abiertas se volvió políticamente insostenible. La ofensiva de Meloni busca dar una señal de cambio, pero la resistencia de Santanche amenaza con transformar esa estrategia en un nuevo foco de debilidad. Por ahora, el gobierno descarta una crisis formal que derive en una moción de confianza general, pero admite que serán necesarios ajustes en el gabinete, especialmente en el área de Justicia, tras las salidas recientes. Agencia ANSA y diario El País

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