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Una historia violenta: el desgarrador testimonio de una madre que busca a su hijo adolescente

2026-03-18 - 20:00

Autor y director: Gastón Marioni. Intérprete:Josefina Cañón Martínez. Vestuario: Sofía Camparo. Escenografía: Florencia Bembihy. Sala: Teatro El Picadero (Enrique Santos Discépolo 1857). Funciones: sábados, a las 18. Duración: 60 minutos. Nuestra opinión: Muy buena. Una historia de vida contada como los rounds de un combate de boxeo que comienza, como alguna vez escribió Roberto Arlt, con un cross a la mandíbula. Una madre busca desde hace más de diez días a su hijo de 15 años. Sabe que está detenido, por no tiene idea dónde está. Recorre comisarías y cárceles, mientras se pregunta si está bien, si alguien le dio de comer o si llegó a dormir algo. Así es la primera escena de La leona, unipersonal escrito y dirigido por Gastón Marioni y con la actuación de Josefina Cañón Martínez, que funciona como una veloz biografía de una boxeadora y madre soltera, que se crió al límite de la marginalidad. De ese presente de desesperación, la historia va al pasado para ubicar distintos puntos de inflexión de su vida: la muerte de su madre, la crianza de sus hermanos, el trabajo junto a su padre entrenador de boxeo en un gimnasio, el amor, entrenar a escondidas, la decisión de empezar a pelear por dinero. La narración tiene una voz monologal que cambia de interlocutor: le habla a su padre, a un amigo, a su hijo, a la policía. De alguna forma parece un relato que trabaja con la estructura del camino del héroe: superar pruebas en el camino, tener ayudantes y oponentes, vencer adversidades y un enfrentamiento final (que es el presente de esta historia) en la que el espectador se pregunta si alguna vez habrá justicia y si eso es posible, en un contexto de crueldad en el cual rara vez la vida tiene premios y castigos y en donde las malas acciones casi nunca tienen consecuencias. “Contar la historia del mundo es contar la historia de la violencia”, escribió una vez Jose Pablo Feinmann. Y en muchos casos, la vida de una persona funciona como una célula del mundo: una violencia personal, crónica, histórica, cultural, esas que aparecen todos los días en las noticias. En este caso, los golpes de la vida de una boxeadora se representan en un espacio escénico que también alude al boxeo: una bolsa en medio del escenario, dos banquitos, casilleros. El sonido de una campana avisa de un nuevo round y una iluminación lateral crea el claroscuro para una vida que también se construye sobre luces y sombras. Hay momentos para el amor, sí, pero lo que predomina es el dolor. Josefina Cañón Martínez interpreta este personaje esquivando los lugares comunes: no es una marginal estereotipada, tiene humor, tiene estilo y sobre todo una actitud física que transmite mucha fortaleza. Es una víctima y a la vez no, porque es boxeadora y sabe pegar. Esta actriz formada en el mundo de la danza y el circo, se trepa a la bolsa, pega con muchísima técnica, sin que esa destreza corporal aplaque los momentos más sensibles y emocionales. Su voz permite ver cada escena y cada situación, reconstruir los recuerdos, visualizar a su hijo. La dirección de Marioni de su propio texto es muy ajustada. Mientras presenta su personaje y llena el espacio de acción, genera una línea paralela que es la vida del hijo de esta mujer que está detenido: ¿qué hizo?, ¿qué le pasó?, ¿es culpable? La leona resuena muy fuerte en el actual contexto argentino, con la reciente reglamentación de la edad de imputabilidad a los 14 años y muestra algo que no explican los números: las historias de vida. El peso de la herencia de clase, lo que significa crecer con rencor cuando todo es violencia, vivir en un entorno que nunca se presenta de una manera un poco más amable y amorosa y en la cual los buenos tratos y el cuidado también se dirimen según el dinero. El final abierto y desolador deja latente la pregunta acerca de cómo se frena la escalada de violencia. ¿Realmente existe un último round? El teatro no podrá cambiar el mundo, pero tiene la posibilidad de cargar de sensibilidad y sentido aquellas estadísticas y noticias que el discurso automatiza, le quita potencia y produce reacciones mecánicas a la injusticia cotidiana. El cuerpo de esta actriz preguntando por su hijo, gritando su nombre al aire porque ni siquiera sabe dónde está, recupera la mirada sensible y empática, a todo lo que se dice sin pensar.

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