Una exmodelo brasileña reveló lo que vio durante un viaje en el avión privado de Jeffrey Epstein en 2002
2026-03-25 - 22:41
Amanda Ungaro tenía 17 años cuando embarcó de París a Nueva York en el avión particular de Jeffrey Epstein, el Lolita Express. Era junio de 2002, y los crímenes sexuales del financista —encontrado muerto en prisión en 2019 mientras aguardaba juicio por tráfico sexual— aún no habían salido a la luz, lo que solo ocurriría con las primeras denuncias, en 2005. En entrevista exclusiva a O GLOBO, la exmodelo cuenta lo que vio en el avión, escenas que ilustran la vulnerabilidad de chicas muy jóvenes, muchas de ellas entre 14 y 16 años. —Había más o menos unas 30 chicas en el avión. Me pareció aquello muy extraño —cuenta Amanda.— Eran más parecidas a estudiantes que a modelos. Bonitas y muy jovencitas, pero no tenían perfil de modelo. Amanda, hoy con 41 años, concedió entrevista a O GLOBO tras llegar a Brasil deportada de Estados Unidos, donde vivió de 2002 a 2025. Oriunda de Londrina, en Paraná, acusa al padre de su hijo, el empresario italiano Paolo Zampolli, de usar su influencia en los bastidores de Washington para conseguir que ella fuera detenida por la policía de inmigración estadounidense, el ICE, en medio de una disputa por la custodia del hijo de ambos, un adolescente de 15 años. Zampolli, con quien Amanda vivió durante 19 años, ocupa actualmente el cargo de Enviado Especial del Presidente de Estados Unidos para Asociaciones Globales y es amigo de Donald Trump. Su nombre aparece decenas de veces en los archivos del caso Epstein divulgados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos. Zampolli era dueño de ID Models, una agencia de modelos frecuentemente visitada por Epstein en Nueva York, y ambos intentaron comprar Elite Models, la mayor del mundo en el sector, en 2004. “Dejame presentarte a Jeffrey Epstein” Amanda embarcó en el avión de Epstein junto a su entonces agente, el francés Jean-Luc Brunel. Ella acababa de cambiar de representación en Francia, dejando la agencia de modelos estadounidense Ford Models para firmar con la parisina Karin Models. Brunel fue quien la llevó al avión de Epstein, diciendo que viajarían en un jet privado, a invitación de un amigo y de su esposa. En Nueva York, destino final del viaje, Amanda participaría de su primer casting en suelo estadounidense. —Me quedé medio asustada cuando vi a todas esas chicas. Me quedé “gente, ¿dónde estoy?” —recuerda Amanda, sobre el momento en que se encontró con tantas menores de edad en el avión. La incomodidad de la brasileña no pasó desapercibida. Brunel, que según archivos divulgados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos y actuaba como reclutador de Epstein en Brasil, intentó minimizar la situación y condujo a Amanda hasta el dueño de la aeronave. “Dejame presentarte a Jeffrey Epstein”, dijo. Al ser presentada por Brunel a Amanda en su avión, Epstein se aproximó sin ceremonias y preguntó a la brasileña su edad y de dónde era. Luego fue el turno de Ghislaine Maxwell, entonces novia y socia de larga data del financista estadounidense. Al saber que Amanda era brasileña, Maxwell, actualmente cumpliendo pena de 20 años de prisión en Texas por cinco acusaciones, incluyendo tráfico sexual y conspiración, reaccionó con entusiasmo: “Ah, qué bueno que sos de Brasil”. Amanda dice haber permanecido aislada durante el vuelo, sin interactuar con las otras pasajeras. Aun así, notó que muchas de ellas parecían conocerse y tener intimidad con Epstein. —Algunas se sentaban en su regazo, se quedaban cerca, jugando —recuerda, agregando que Maxwell también parecía muy a gusto. —Daba la impresión de que ella ya conocía a esas chicas. No parecía un encuentro casual. Esas personas no se habían acabado de conocer, como era mi caso. En determinado momento, Amanda cuenta que Epstein y Maxwell fueron hacia el fondo del avión acompañados por algunas de las jóvenes (“Solo algunas, porque eran muchas”, dice). Ella no los vería nuevamente hasta el final del viaje. La incomodidad, recuerda Amanda, persistió. Dice que entonces le preguntó a Brunel quiénes eran esas chicas y quién era el hombre que se había presentado como el dueño del jet. —Él dijo que era apenas un amigo y que ellas eran modelos —cuenta Amanda, que recuerda que la respuesta de Brunel no la convenció. —Yo tenía solo 17 años y era tímida. Si fuera hoy, cuestionaría todo. Pero, en esa época, no cuestioné mucho. Incluso porque ni sabía quién era Jeffrey Epstein. No sabía nada. Drogas a bordo Cuando el avión de Epstein aterrizó en Estados Unidos, Amanda Ungaro y Jean-Luc Brunel estaban entre los primeros en desembarcar. Antes de eso, sin embargo, ella relata haber pasado por otro episodio desagradable en el jet. Modelo y agente estaban sentados frente a frente en sofás, separados por una pequeña mesa redonda, cuando Brunel lanzó en dirección a Amanda una bolita. En realidad, era un paquete envuelto en papel transparente, cuyo contenido no era visible. “Ponelo dentro de tu bolso”, habría dicho Brunel. Amanda cuenta que miró el objeto y preguntó de qué se trataba. Brunel insistió para que la “bolita” fuera guardada en el bolso. Ante una nueva negativa, el francés volvió a arrojar el paquete en dirección a la modelo. La insistencia y la irritación de Brunel hicieron que Amanda entendiera qué era el objeto que el agente tanto quería guardar en su bolso. —Ahí, en ese momento, ya me di cuenta más o menos de que era droga. Y dije: “De ninguna manera, en mi bolso no” —dice Amanda, recordando que Brunel terminó guardando él mismo la bolita. —Lo que más quería era salir de ese avión. No me estaba sintiendo a gusto. Sabía que había algo mal, pero no sabía exactamente qué. Eso [las acusaciones de pedofilia contra Jeffrey Epstein] ni siquiera pasaba por mi cabeza en ese momento. Los crímenes de Epstein Durante años, Jeffrey Epstein fue visto como un gestor de patrimonio que atendía a multimillonarios y se movía entre políticos y celebridades de la élite estadounidense. Esta imagen comenzó a desmoronarse en 2006, cuando fue acusado formalmente de abusar sexualmente de menores en Palm Beach, Florida. A pesar de las múltiples acusaciones, finalmente solo fue imputado por solicitar prostitución tras una decisión del fiscal Barry Krischer, lo que generó críticas en el estado y llevó al FBI a abrir una investigación federal. Desde finales de la década de 1980 hasta principios de la de 2000, Epstein fue visto frecuentemente junto al entonces empresario Donald Trump, quien en 2002 lo describió como “un tipo fantástico” y dijo que ambos compartían el gusto por “mujeres hermosas, y muchas de ellas muy jóvenes”.