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Un nuevo escudo nuclear y envío de portaaviones: la guerra en Medio Oriente finalmente despierta a Europa

2026-03-03 - 21:33

PARÍS.– El ataque estadounidense-israelí en Irán fue la gota que hizo rebasar el vaso. Tras cuatro años de guerra en Ucrania, las repetidas amenazas rusas de holocaustos atómicos y la voluntad manifiesta de la administración Trump de abandonar sus antiguas alianzas, Europa finalmente despierta. Esta semana, no solo la idea de un escudo nuclear común pareció por fin materializarse, sino que los europeos -Francia en particular- ratificaron una presencia militar en Medio Oriente para “defender” a sus aliados y hacer “respetar el derecho de navegación”. “Los Estados Unidos e Israel han decidido lanzar operaciones militares, llevadas a cabo fuera del derecho internacional, lo que no podemos aprobar. Queda claro, sin embargo, que la Historia nunca llora a los verdugos de su pueblo. Ninguno será lamentado”, aseguró Emmanuel Macron este martes en un discurso televisado en el cual, el presidente francés anunció que Francia respetará sus acuerdos de cooperación militar con la mayoría de los países de Medio Oriente -actualmente bombardeados por Irán- otorgándoles protección antimisiles y antidrones. Recordando la presencia milenaria francesa en la región, el mandatario también anunció el envío del portaaviones Charles de Gaulle al Mediterráneo, así como una iniciativa conjunta -con otros países europeos- para asegurar el derecho de navegación en Ormuz. Macron calificó de “error estratégico de Israel” el envío de tropas al Líbano y, finalmente, insistió en la necesidad de poner fin a las acciones militares y volver a la mesa de negociaciones. El lunes 2 de marzo de 2026, desde la base naval bretona de l’Ile Longue, el presidente francés había puesto los cimientos de una disuasión nuclear europea. Pero esta vez no fue un discurso más, ni un nuevo “ofrecimiento” ignorado como en 2020. Esta vez fueron actos. Y ocho países aceptaron participar: el Reino Unido, Alemania, Polonia, Holanda, Bélgica, Grecia, Suecia y Dinamarca. Macron inauguró así una “disuasión avanzada” que permite el despliegue temporal de capacidades nucleares francesas en países aliados europeos, pero manteniendo un control estrictamente nacional de la decisión nuclear. Al mismo tiempo anunció el fortalecimiento del arsenal atómico francés. “He ordenado aumentar el número de cabezas nucleares de nuestro arsenal”, anunció el jefe de Estado, antes de precisar: “No comunicaremos más sobre las cifras de nuestro arsenal nuclear, a diferencia de lo que pudo haber sido el caso en el pasado.” Y en una fórmula destinada a provocar reacciones, resumió: “Para ser libre, hay que ser temido.” “Disuasión avanzada” Macron presentó esa nueva “disuasión avanzada” como un dispositivo pensado a escala continental: “La disuasión avanzada que proponemos es un esfuerzo distinto, perfectamente complementario al de la OTAN, tanto en el plano estratégico como en el técnico”, dijo. El jefe de Estado agregó que Francia podrá hacer “despliegues circunstanciales” de medios estratégicos vinculados a la disuasión nuclear “en nuestros aliados europeos”. “La cooperación comenzará con ejercicios conjuntos”, añadió, subrayando que esto se hará “en total transparencia con los Estados Unidos.” Según el presidente, el Reino Unido, Alemania, Polonia, Holanda, Bélgica, Grecia, Suecia y Dinamarca podrán acoger “fuerzas aéreas estratégicas” del ejército del aire francés, lo que les permitirá “desplegarse por todo el continente europeo”. También anunció que París, Londres y Berlín van a “trabajar juntos en proyectos de misiles de muy largo alcance”. Poco después de su discurso, Francia y Alemania publicaron una declaración conjunta comprometiéndose “a tomar medidas concretas este mismo año, incluyendo la participación de Alemania en los ejercicios nucleares franceses, visitas conjuntas a sitios estratégicos y el desarrollo de capacidades convencionales con sus socios europeos”. “Cuando Varsovia habla como París, cuando el nacionalista y euroescéptico flamenco Bart De Wever adhiere sin dudar y cuando el canciller alemán Friedrich Merz deja de actuar en solitario y firma una declaración conjunta sobre lo nuclear, es que el mundo realmente ha cambiado”, analiza Jean-Dominique Giuliani, presidente de la Fundación Robert-Schuman. Desde el punto de vista estratégico, esa lista de países tiene una importancia fundamental, ya que incluye a Gran Bretaña, signo evidente de un espectacular desacople de ese país con Estados Unidos. Contrariamente a Francia, única potencia europea nuclear totalmente independiente, Gran Bretaña depende de Estados Unidos tanto en el terreno técnico, logístico como estratégico, aun manteniendo una autonomía decisional formal. Gran Bretaña utiliza el sistema de misiles Trident II D5, alquilado a Estados Unidos. Los misiles son mantenidos y reemplazados regularmente en la base estadounidense de King’s Bay, en Georgia. El diseño y mantenimiento de los misiles, así como algunos componentes de las cabezas nucleares (como el tritio), dependen de Estados Unidos. Aunque el Reino Unido posee sus propios submarinos nucleares (clase Vanguard y futuro programa Dreadnought), el mantenimiento de los misiles y algunos aspectos logísticos también dependen del apoyo estadounidense. Desde el punto de vista político, ese desacople del Reino Unido con Estados Unidos se hizo evidente también esta semana, cuando el primer ministro británico Keir Starmer decidió prohibir inicialmente a Estados Unidos usar la base militar británica de Diego García, situada en el océano Índico, para atacar Irán. Tras padecer las “furias” de Donald Trump, que lo acusó de haber tardado en autorizar el acceso a ese sitio estratégico, Starmer afirmó el lunes haber actuado en “el interés nacional del Reino Unido”. Entre líneas, los analistas políticos vieron la firme voluntad del premier británico de no cometer el mismo error de su antecesor laborista Tony Blair, que siguió ciegamente a Estados Unidos en su ataque contra Irak en 2003, actitud que terminó costándole su carrera política. Después de esa primera negativa, Londres aceptó el domingo que Washington usara bases británicas para atacar sitios de misiles iraníes, incluida la de Diego García. Esta decisión se tomó “tras una solicitud distinta” de Estados Unidos, que la hizo “con fines defensivos específicos, incluyendo la legítima defensa colectiva de nuestros aliados y la protección de vidas británicas”, explicó Starmer. Pero Gran Bretaña no es el único país que ha tomado explícitamente distancia con Estados Unidos. España dio esta semana un paso más en esa dirección, después que el primer ministro Pedro Sánchez impidió que Washington utilizara las bases españolas para su operación contra Irán. Los aviones cisterna estadounidenses estacionados permanentemente en España no operarán desde suelo español para esa misión, dijo la ministra de Defensa española, Margarita Robles, añadiendo que Washington había tomado la “decisión soberana” de trasladarlos a otro lugar. Precisó la ministra que España “no había proporcionado ni proporcionaría” ayuda para lo que calificó de operación “unilateral” a través de las bases conjuntas de Rota y Morón. Ambas bases sirven como un centro estratégico para tropas, equipo y combustible estadounidenses con destino a Medio Oriente y el Golfo. Su papel ya ha suscitado controversia, especialmente durante el breve conflicto entre Israel e Irán el año pasado, cuando sirvieron como puntos de escala para bombarderos y aviones cisterna estadounidenses, y luego a raíz de informaciones sobre transferencias militares estadounidenses a Israel a pesar del embargo español. El domingo, Sánchez no había ocultado su oposición a la intervención militar estadounidense: “Se puede estar tanto en contra del régimen odioso de Irán como de la intervención militar”, que calificó de “injustificada, peligrosa y contraria al derecho internacional”. Esa decisión marca el último punto de discordia entre Sánchez, ferviente detractor de Israel y de Donald Trump en los últimos meses, sobre todo en lo que concierne a la política de defensa. El jefe del gobierno español ha resistido las presiones para aumentar el gasto en defensa más allá del umbral del 2 % del PBI fijado por la OTAN, argumentando que un gasto mayor comprometería el modelo social español. Por su parte, la primera ministra italiana Giorgia Meloni rechazó la invitación de Macron de sumarse al pilar europeo de la defensa, provocando la consternación de la oposición. “No es un detalle técnico, es una elección política precisa. En el momento en que se fortalece el pilar europeo de la defensa, Italia elige la ausencia. Y cuando Europa acelera, quedarse quieto significa retroceder”, afirmó Sandro Gozi, eurodiputado de Renew Europe y secretario general de los Demócratas Europeos. “Quedarse afuera no es realismo, es renuncia. Es la elección de quien prefiere perseguir los eventos en lugar de contribuir a escribirlos. Así se debilita el peso de Italia en Europa y se acepta una progresiva irrelevancia, precisamente en los expedientes que definen el futuro global”, agregó Gozi. En su discurso, Macron trazó, sin embargo, una línea roja, repitiendo que la disuasión francesa “debe permanecer como un intangible francés” y afirmando que “no habrá ningún reparto de la decisión última ni de su planificación, ni de su implementación. (La decisión última) pertenece únicamente al presidente de la República”, concluyó. En el marco del rearme francés, Macron también anunció que el futuro submarino nuclear lanzador de misiles “se llamará el Invencible y navegará en 2036”. Francia es la única potencia nuclear de la Unión Europea (UE). En el mundo, nueve países poseen el arma atómica: Rusia, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, China, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte. Entre ellos, solo los primeros cinco son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y están jurídicamente reconocidos como oficialmente dotados de esta arma por el Tratado de No Proliferación Nuclear, que entró en vigor en 1970.

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