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Trump y Tapia no se bajan del Nobel; Javi, sí

2026-03-06 - 19:43

Nada es lo que parece, ni lo que se dice, en este siglo XXI trastornado y descompuesto. ¡Tampoco le crean a esta columna! La va de seria, pero lleva 16 años en el intento y no lo consigue. El amigo Trump se tenía fe para el Nobel de la Paz 2025, toda una audacia. Perdió y desde entonces le viene subiendo dramáticamente la bilirrubina. En 13 meses en el poder llevaba apenas 700 ataques de guerra, moquito de pavo, un estornudo. ¿La prefirieron para el Oscar a María Corina Machado? De enero hasta acá, Donald lanzó su nueva postulación: 1300 ataques en cinco países, además de secuestrar a Maduro y de matar al más ayatollah de los ayatollahs, Ali Khamenei. Metamensaje: o me premian o voy por los suecos. No la tiene fácil, porque incluso en estas playas le surgen competidores. El de más pergaminos, Cheque Tapia: trajo de vuelta al país al gendarme Nahuel Gallo, que llevaba 448 días en las mazmorras del chavismo, en una operación discreta, rápida, limpia. “Lo más limpio que hice en mi vida”, se ufana. ¿Cuáles son los encantos de Cheque, que pudo lo que no pudió la diplomacia libertaria, de orientación norte? Sencillo: es peronista, transpira la camiseta, también la nuca, y está siendo víctima de un despiadado lawfare, lo cual lo pone en un plano de tú a tú con los jerarcas Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello. Además, un chasquido de dedos y le aparece un avión. Dos chasquidos y encienden las turbinas. Tres, y aclara que no hay que llevar bolsos, sino buscar a Nahuel. Bueno, tampoco vamos a descartar que algún bolso haya volado a Caracas. A Cheque lo sé capaz de desarmar uno de esos Jengas que tenían en La Rosadita de la AFA –tenían: quiero creer que los han puesto a buen resguardo– para proveer de viáticos a los que intervinieron en el rescate del gendarme. Me encantó eso de que empezaron a filmar el conteo de los fajos después de haber descubierto faltantes. Se ve que algunos habían ido en busca de los cien años de perdón. Del torneo por el Oscar de la Paz se bajó Javi el domingo, a toda honra, al inaugurar el período de sesiones muy ordinarias del Congreso. En 2023 había debutado allí dándole la espalda, cuando sus bancadas eran tres gatos locos, y ahora, que pisan fuerte, fue a prender fuego. No hablaría de excesos, porque quizá él se había propuesto llegar aún más lejos; quizá se quedó con la sangre en el ojo e insultos atragantados. Hablaría de temperamento, vehemencia, actitud. Actitud: hay que plantarse frente a una ceremonia tan solemne, delante de los jueces de la Corte, en modo matón de barrio. Eso no es para cualquiera. Me cuenta un amigo que, alarmado, mandó a sus hijos a dormir. ¡Mal hecho! Se perdieron la democratización del micrófono: agravios para Cristina, la “chorra”; para el resto de los kukas, “ladrones e ignorantes”; para los empresarios “prebendarios” Paolo Rocca y Javier Madanes Quintanilla; para los operadores “golpistas”, y también para los “propios” (Vicky, chequeá tu WhatsApp). Enardecidos, o fingiendo que lo estaban, los diputados peronistas salieron una y otra vez a arruinarle la performance con gritos y chicanas, y un insulto descalificador, denigrante, impropio de una asamblea legislativa: “¡Spagnuolo!”. Dos horas duró el enojo de Javi; digo, fue un discurso de dos horas. Cris ha llegado a clavar allí cuatro, lo cual viene a ratificar que el Pelu es al menos la mitad de malvado que ella. En alguna red leí que hicieron, con aires de ciencia, una radiografía del mensaje presidencial. Cuánta perversidad. Cómo va a ser sometido un tribunero a un escrutinio técnico. El tipo va ahí sin anuncios ni cifras, de a ratos lee, de a ratos se entrevera en riñas de gallos, embarga de códigos callejeros el clima del noble recinto, y pretenden hacer pasar eso por el tamiz de la academia. Javi, por Dios, ¿cuándo la van a ver? Otra vez: esa manía de pedirle al siglo lo que el siglo no está dispuesto a dar. Javier Cercas dejó escrito en Soldados de Salamina que “uno no encuentra lo que busca, sino lo que la realidad le entrega”. El Pelu necesitaba reemplazar a Cúneo Libarona: fue por juristas de renombre, figuras intachables del derecho, y la realidad, esquiva, traicionera, le entregó a Juan Bautista Mahiques. En primer lugar, Mahiques no pasa el filtro inapelable de la apariencia: caras que denuncian al portador. Como Kueider, como Spagnuolo, como Baradel, los escrutás de frente, los ves sonreír, y pedís que la policía se los lleve. Juan Bautista tampoco atraviesa el filtro de friends & family. Su papá, Carlos, es el camarista de Casación Penal que, al cumplir 74 años, en noviembre pasado, se le ocurrió festejarlo en la quinta de Toviggino; qué ocurrente. Y sus amigos son los amigos del Jenga: cómo abandonarlos en la adversidad. Allí fue Juan a rescatarlos –imagino que con el concurso también de don Carlos–, aportando consejos y bogas de su confianza, porque urgía enfrentar esa ristra de denuncias. Javi se enteró de todo esto después, leyendo los diarios y las redes. Que no se la agarre con los Mahiques, sino con la realidad.

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