Tomás Aranda, el pibe que creció bajo la mirada de Riquelme y tendrá su primera vez como titular en Boca
2026-03-04 - 13:33
El 9 de mayo de 2007, Juan Román Riquelme convirtió uno de los goles más llamativos de sus casi 400 partidos en Boca. En el José Amalfitani, por los octavos de final de la Copa Libertadores, el 10 marcó su único tanto de tiro de esquina con la camiseta azul y oro, con un detalle que lo volvió inolvidable: la pelota pasó entre las piernas de Sebastián Peratta, arquero de Vélez. Gol olímpico y de caño, en una misma acción. Aquella noche, el local ganó 3 a 1, pero el Xeneize avanzó gracias al 3 a 0 conseguido en la Bombonera. Esa misma noche, en Villa Udaondo, partido de Ituzaingó, la familia Aranda celebró por partida doble. Fanáticos de Boca, mientras el equipo se preparaba para salir a la cancha, llegaba al mundo Tomás Leandro, el chico que creció admirando a Riquelme y que hoy, 18 años después, y tras escuchar cada consejo de su ídolo -quien lo cobijó en su recorrido por las inferiores-, tendrá su primera vez como titular ante Lanús, este miércoles, en la Fortaleza. Desde que Román asumió como dirigente debutaron 43 juveniles en la Primera de Boca. Algunos, como Alan Varela, Ezequiel Fernández, Valentín Barco y Aaron Anselmino, ya emigraron a Europa. Otros, como Exequiel Zeballos y Lautaro Di Lollo, integran el plantel actual, mientras que Cristian Medina, Agustín Sandez, Aaron Molinas y compañía siguieron sus carreras en otros destinos. Pocos despertaron tanta fascinación en Riquelme como él. Con apenas seis partidos en la élite, Tomi se ganó un lugar entre los once tras su muy buen ingreso frente a Gimnasia de Mendoza: aportó frescura y velocidad en ataque, y hasta tuvo una chance clara de cabeza para ganarlo en el cierre. En el ensayo de este martes, Claudio Ubeda paró un equipo con Aranda desde el arranque en lugar de Williams Alarcón. Se movería por la izquierda, aunque en un rol diferente al del chileno, con una mayor tendencia a sumarse a la línea de ataque. No pasaron ni diez años desde que el diestro de 1,64 metro pisó por primera vez el predio de Ezeiza. Muy cerca de allí, en 2018, había disputado un mundialito infantil organizado por el club que le abrió la puerta a las categorías formativas. Jugaba en Academia Kaly, el equipo de su barrio, y llamó rápido la atención del área de captación encabezada por Claudio Vivas, entonces coordinador general, y por Diego Mazzilli, histórico descubridor de talentos de la institución, hoy en Tigre tras su salida en 2024. En ese tiempo, Aranda actuaba en Argentinos Juniors, aunque por una cuestión de edad todavía no estaba fichado en AFA y competía únicamente en la Liga Metropolitana, el segundo nivel del fútbol juvenil. Ya en Boca, el joven que tiene como espejos a Riquelme y Lionel Messi empezó a destacar hasta convertirse en una de las joyas de la cantera y en uno de los preferidos de Román. En Ezeiza cuentan que los sábados por la mañana el presidente se hacía un espacio para verlo, ya que antes jugaba como enlace. Después de cada partido lo esperaba al costado de la cancha para darle su mirada y remarcarle un punto clave: el control. Con los años, Aranda fue puliendo ese recurso, que le permite ganar un segundo más, saltear la presión y arrancar a pura potencia. “Es el mejor jugador de las inferiores”, lo definió Mauricio Serna, exintegrante del Consejo de Fútbol. En 2023, Aranda fue capitán de la Séptima campeona dirigida por Antonio Barijho; en 2024 pasó a Reserva -en la que también se consagró, tras alternar durante un tiempo- y firmó contrato profesional. Hábil, elegante, con un gran uno contra uno y la 10 en la espalda, en el club algunos se animaban a llamarlo “el mini Román”, aunque su juego es más explosivo y tiene mayor desequilibrio en el mano a mano. Si bien Ubeda lo tuvo en consideración desde el arranque de 2026, comenzó a ganar espacio a partir de las lesiones en ofensiva, sobre todo las de Zeballos y Alan Velasco, con quienes comparte posición. A eso se sumó la salida de Brian Aguirre a Estudiantes como parte de la negociación por Santiago Ascacibar, movimiento que le abrió un lugar entre los convocados. Sin estridencias, fue uno de los primeros cambios en seis de los ocho partidos del año: 3 minutos ante el Pincha, 17 frente a Vélez, 30 contra Platense, 11 con Racing, 15 ante Gimnasia de Chivilcoy y 37 frente al Lobo mendocino. Tras su debut, sus vecinos le prepararon una bienvenida especial, con espuma, globos, banderas y todo el cotillón azul y oro. En esos ingresos mostró desparpajo para sacarse rivales de encima, pisar el área y asistir a sus compañeros, indicios de un crecimiento que ahora lo lleva a su primera titularidad. “Consideramos que Aranda tiene cada vez más importancia en cada minuto que interviene. Queremos ir llevándolo como se merece; pronto le va a llegar la oportunidad de ser titular”, había adelantado Ubeda tras el empate 1-1 frente a Gimnasia de Mendoza. A su manera, Leandro Paredes también lo postuló: “Cuando hay gente que encuentra entrelíneas, es una ventaja muy grande; el chico lo hizo muy bien”, planteó el capitán, quien también lo arropó en sus primeras prácticas con el plantel profesional, igual que otros referentes como Ander Herrera y Edinson Cavani. Pero los tiempos apremian y Ubeda debió recurrir al juvenil para armar el equipo más competitivo posible: enfrente estará Lanús, un rival ante el que Boca perdió en sus últimas dos visitas. Además de Aranda, el técnico contará con el regreso de Paredes, ya recuperado del esguince en el tobillo derecho, y pasará a un 4-4-2, con Miguel Merentiel y Adam Bareiro como doble nueve, con Lucas Janson en el banco. Aranda ya había sido una alternativa para el partido ante Gimnasia, aunque finalmente el técnico se inclinó por Alarcón. Esta vez, después de cuatro encuentros sin victorias en el Apertura, le llegó el momento desde el comienzo. La apuesta de Boca para volver a ganar fuera de casa, y que él confirme en la cancha todo lo bueno que incorporó de Riquelme.