Sueño americano en casa: cómo millones de guatemaltecos transforman su hogar mientras trabajan en EE.UU.
2026-03-02 - 00:03
En el altiplano y las periferias urbanas de Guatemala, nuevas construcciones de varios niveles reemplazan las antiguas casas de adobe y lámina. El dinero enviado desde Estados Unidos financia viviendas modernas que llegan a costar hasta 100 mil dólares y transforman el paisaje de municipios y aldeas. La influencia de las remesas en las casas de San Martín Sacatepéquez El municipio de San Martín Sacatepéquez, enclavado en un valle del departamento de Quetzaltenango y con unos 30.000 habitantes, exhibe edificios de dos y tres pisos con balcones metálicos, cristaleras reflectantes e iluminación LED, explica un informe de BBC News. En 2025 Guatemala recibió US$25.530,2 millones en remesas familiares, según el Banco de Guatemala. La cifra representa un crecimiento del 18,7% en comparación con el año anterior. La investigadora urbana Inés Vachez señaló al medio que este incremento “puede tener que ver con un pánico de que en cualquier momento los van a deportar, y tienen que mandar lo más que puedan por las políticas migratorias de Trump”. El arquitecto Jordi Muñoz, especializado en “casas de remesas”, afirmó que el pueblo “se ha culturalizado en parte con esa experiencia de Norteamérica”. Además, precisó que el cambio se refleja “no solo en la forma de construcción, sino en el tipo de materiales que se están utilizando”. Indicó que antes se solicitaban viviendas de dos habitaciones, de adobe o ladrillo, con fachadas blancas, mientras que ahora “quieren construcciones más grandes, amplias, modernas, automatizadas, coloridas y con un uso de la vivienda mixta”. Las superficies oscilan entre 150 y 200 metros cuadrados y superan los 700.000 quetzales (US$100 mil). Los propietarios solicitan que las construcciones tengan porcelanato, mármol, maderas finas, cocina americana con barra desayunadora, amplias duchas y ventanales espejados. Muñoz describió además que “se ha creado una cultura de competencia para ver quién tiene la mejor vivienda, la más grande, la más espaciosa o la más moderna”. Y señaló que “al final de cuentas viene siendo un choque de quién tiene lo mejor”. Por otro lado, la presencia de un comercio en la planta baja se consolidó como elemento casi indispensable. Muñoz explicó que “ahora quieren tener sí o sí locales comerciales en las casas” porque necesitan un ingreso del cual subsistir si enfrentan la deportación. Esa lógica de uso mixto se replica en nuevas construcciones: abarrotes o pequeños restaurantes en el primer nivel y, arriba, salas amplias y múltiples dormitorios. El sueño americano de construirse una casa María, residente de la zona montañosa de San Martín Sacatepéquez, reemplazó una vivienda precaria de lámina por una casa de cuatro habitaciones con fachada naranja y rosa. Su madre emigró en 2011 a Virginia para limpiar casas. María relató que su progenitora “quería tener una de esas casas que estaba limpiando”. Fue por eso que ahorró durante 11 años, diseñó el plano y lo envió para su ejecución. En el interior incorporó cocina americana y amplias ventanas. “Mi mamita cumplió su sueño, el sueño americano. Por algo se dice sueño americano: porque se logra”, afirmó. En la aldea Pasar Primero, en Cantel, el maestro de obra Antonio Cua construyó una vivienda de tres plantas para su hijo Maynor, de 22 años, quien emigró hace tres años con la intención de edificar la casa más grande de su pueblo. Antonio explicó que su hijo “con ese sueño se fue” y que, al poco tiempo, envió desde Estados Unidos un diseño que su familia construyó tal como él lo imaginaba. Maynor trabaja en la construcción por la mañana y por la noche sirve cenas en un restaurante de San Francisco. Cada dos semanas envía entre US$1200 y US$2000 para financiar la obra. La vivienda combina elementos coloniales y estadounidenses, con cocina americana, cuatro habitaciones, balcones y espacio previsto para un jacuzzi. El gasto aproximado alcanza los US$80.000. “Están admirados, porque este tipo de casas casi no se ven por acá”, señaló Antonio sobre la reacción de los vecinos. Guatemala tiene 18,5 millones de habitantes y otros 3,6 millones de ciudadanos del país centroamericano residen en Estados Unidos, según estimaciones oficiales de la Red Consular Guatemalteca, dependiente del Ministerio de Relaciones Exteriores (Minex). Muchos proyectan regresar después de cinco, seis o diez años de trabajo para “hacer su dinero, sus quetzales, para poder venir a invertir, trabajar y vivir un poco más cómodo”, según expresó Antonio.