“Soy argentófilo”: Humberto Moro anticipa claves de la muestra que llega a Proa
2026-03-27 - 09:30
NUEVA YORK.- “Ahora estoy fan de Mariana Enríquez, no puedo más. Sólo estoy leyendo sus libros. Hay algo de la sofisticación, el humor y la ironía en la Argentina que me que me parece genial”, dice a LA NACION Humberto Moro en su oficina de Chelsea, donde trabaja como director de programación de Dia Art Foundation. Se define como “argentófilo” el curador mexicano que tuvo a su cargo junto con Ella den Elzen la muestra actual de David Lamelas en Nueva York y Penumbra, la que abrirá mañana en Fundación Proa. Rafael reclama el trono del Renacimiento en una monumental exposición en el Metropolitan Si bien no pudo viajar esta vez a Buenos Aires por motivos personales, el exsubdirector del Museo Tamayo de México tiene muchos amigos porteños y anticipó desde Manhattan cómo son las piezas de la colección de Dia, una institución decisiva en la historia del arte desde la segunda mitad del siglo XX, se podrán ver en La Boca. Realizadas entre 1962 a 2018 por Andy Warhol, Felix Gonzalez-Torres, James Turrell, John Chamberlain, Richard Serra, Robert Irwin, Agnes Martin, Tehching Hsieh y Walter De Maria, expandieron los límites de la escultura, la pintura, la instalación, la performance y el arte conceptual. -¿En qué va a consistir esa muestra? ¿Cuál es la relevancia? -Proa tiene una historia con Día. En 1998 presentaron una muestra de Dan Flavin, en colaboración con Dia y Michael Govan que era el entonces director de Día. Y además publicaron el primer libro en español de Flavin. Adriana Rosenberg, que es la fundadora y presidenta de Proa, ha estado muy preocupada por traer a la Argentina a esta generación de artistas. Ella ha hecho exposiciones con Sol LeWitt, Bruce Nauman y Fred Sandback. Entonces, toda esta generación y este marco histórico y teórico con el que Dia trabaja, es un campo de estudio que Proa ya estudia por sí mismo. En conversación con Adriana, planteamos la posibilidad de hacer una colaboración más y empezamos a analizar cuáles eran las obras que eran importantes para contar cierta historia sobre la fundación. Yo le hice una propuesta que tiene que ver con cómo la luz es un fenómeno que afecta a los objetos y que se ve afectada por ellos. Entonces usé esta idea de la penumbra que es el área de sombra que un objeto proyecta. Por ejemplo, cuando tú ves un eclipse lunar y ves la luna roja, lo que tú estás viendo es la sombra de la tierra en la luna. -Obviamente leíste El elogio de la sombra, de Junichiro Tanizaki... -Exactamente. Entonces, la muestra se centra en la idea de lo que pasa cuando la luz es prevenida a llegar a un lugar y cómo se comporta eso en nuestra colección. Tenemos obras de Agnes Martin, cuya idea sobre la permanencia de la luz en la memoria es muy importante. El color en la memoria. No qué pasa cuando ves una obra sino cuando no la ves, cuando te vas. El recuerdo que queda. Tenemos las Sombras de Andy Warhol, que es una obra icónica que Dia comisionó y que ha sido parte icónica de su historia. Es la forma difusa en que Warhol estudia y hace 102 cuadros en repetición con distintos colores, pero con el mismo patrón visual que es la sombra de un objeto, pero ese objeto no se sabe qué es. Y luego tenemos la obra de John Chamberlain, que también hace todo este juego de luces y de sombras a partir de materiales industriales de autos, de metal. Hay dos esculturas preciosas suyas de resina, iridiscentes, que juegan con la forma en la que la luz se refleja. Son hermosas. Y una obra de Turrell, Catso Blue, que es un cubo azul proyectado en una esquina. Es una proyección vibrante en un cuarto totalmente oscuro. También las maquetas de los Torqued Ellipses, las formaciones gigantes de metal que hizo Richard Serra. Estas esculturas monumentales muestran cómo la luz se comporta en el metal, y cómo los espacios se agrandan y se achican a partir del movimiento de la luz. Hay obras de Robert Irwin: un disco que tiene cuatro luces y hacen unas sombras equidistantes que modifican la forma del círculo, y otras de tubos fluorescentes. Unos están apagados y otros encendidos. También un video de Walter de María, que es un cameo por el desierto y lo único que puedes ver al final es la sombra del vaquero. Y otro de Tehching Hsieh, un artista taiwanés con el que hice su retrospectiva en Beacon, que juega con la oscuridad y luz a través del proceso revelado en el papel fotográfico. Todas lidian con esta idea de un proceso de negociación entre la zona de luz y la de oscuridad. Me pareció muy lindo para presentar highlights de la colección de Dia. -¿Dónde suelen estar esas obras? -Están en Beacon, una de las sedes de Dia Art Foundation. -¿Y nunca se hizo una muestra con este enfoque? -Yo determiné el tema y la aproximación hacia la colección. Llevo cuatro años en Dia y bajo la dirección de Jessica Morgan, la directora de la fundación, ha habido un gran interés en sacar nuestra colección a otras latitudes y a otras geografías porque es increíble y queremos que que otro público pueda disfrutarla más allá de la gente de Nueva York. Entonces hemos hecho una exposición de Dan Flavin en Colombia, en México y en el sur de los Estados Unidos. Jessica hizo una exhibición en Bombay, en la India. -¿Y por qué ahora en Proa? -Porque hay una relación con ellos, hay una historia institucional y están interesados en seguir desmenuzando para el público argentino lo que pasó con esta generación de artistas, que es muy interesante. Además ver yo soy argentófilo, he trabajado un montón con Liliana Porter. También me gusta el cine y ahora estoy fan de Mariana Enríquez, no puedo más, solo estoy leyendo sus libros. Hay algo de la sofisticación argentina y del humor y de la ironía argentina que me parece genial. Está toda esa herencia diaspórica. Spinetta, los Illya Kuryaki, Juana Molina que me encanta... Siempre he sido fan de la cultura argentina. -¿Fuiste a la Argentina? -Claro, y además he seguido a mucha gente por muchos lugares. Mi próxima misión es conocer a Mariana Enríquez. -Obviamente conoces también a Inés Katzenstein, curadora de arte latinoamericano del MoMA. -Totalmente. Inés ha sido una presencia constante en la exposición de Lamelas, he dialogado mucho con ella. -¿Por qué una muestra de Lamelas en Dia? -David es una figura relativamente desconocida en Estados Unidos, y sin embargo es fundamental para entender la historia del arte conceptual y del arte minimalista. No sólo en Latinoamérica, sino en el mundo. Él se encuentra en un punto que tira más hacia el underground que hacia el mainstream. Dia es una institución que tiene cierta visibilidad y que de cierta forma se ha dedicado a legitimar artistas que tienen que ver con el minimalismo, con el arte conceptual, con el land art, con el pop art. Aquí hay un intercambio entre el artista y la institución: el artista viene y vierte su obra en la institución, pero la institución también está virtiendo todo lo que tiene las características inherentes a la institución, que es este templo del minimalismo norteamericano, del arte conceptual de esta generación. De artistas que en los 60 y de los 70 estaban trabajando con preocupaciones conceptuales, industriales, minimalistas, etcétera. Entonces ahí creo que hay como una polinización cruzada que lo incluye en un canon que la institución ha ayudado a crear por mucho tiempo. -Ariel Aisiks, fundador de Islaa, lo considera “el Duchamp de América Latina”. ¿Vos estás de acuerdo con esa definición? -Creo que hay pocas figuras que se pueden comparar. Pero creo que quizá se refiere a la forma en la que Duchamp irrumpió en una tradición , y la rompió y la cambió por completo. Creo que David sí hizo eso en muchos ambientes. Lo que pasa es que lo de David permeó en comunidades muy distintas. Por ejemplo, si piensas en Los Ángeles y en la comunidad que hacía películas, arte a través de películas. Precedió a toda la generación de la llamada Pictures Generation. Si piensas, por ejemplo, en Cindy Sherman, en Robert Longo, en Robert Mangold... Para todos estos artistas David realmente fue un precursor, porque empezó a jugar con esta idea de la identidad, con la idea de los personajes en cámara. En ese sentido, sí irrumpió de manera definitiva en eso. Y también irrumpió, por ejemplo, en el arte conceptual. Si piensas en Publication, de 1970, como esta idea de las instrucciones y de las relaciones entre artistas y entre colegas y de la teoría de los networks. Eso era bastante nuevo. -¿Fue un pionero del arte conceptual a nivel global? -Totalmente. Y no solo del arte conceptual, sino de la crítica institucional. Benjamin Buchloh se ha referido a las instalaciones de David como “proto-crítica institucional”. Hay mucha idea de qué pasa en el espacio exhibición, de cuáles son las políticas del espectador. -Lo que hizo en el Instituto Di Tella fue muy innovador. -Increíble. A la Argentina, David le voló los sesos en los sesenta. Y era muy joven. Todo lo que hizo en el Di Tella, en San Pablo, en Venecia. Él estaba muy adelantado a su tiempo. Y a su vez, dialogando con una generación que tenía las mismas preocupaciones, que estaba estudiando la tecnología, los ciclos de información. Pero quizá David lo hacía con un rigor que estaba más cercano a los círculos europeos o norteamericanos. Me gustó mucho lo que dijo sobre él el historiador y curador Pedro de Llano Neira: que hay muy pocos artistas en el mundo, como David, que pueden articular la historia del arte contemporáneo a través de su obra. Para agendar: Penumbra: Dia Art Foundation, con obras de la colección Dia Art Foundation de importantes artistas como Andy Warhol, Félix González-Torres, James Turrell y Richard Serra, entre otros. Desde mañana a las 17 hasta el 2 de agosto en Avenida Pedro de Mendoza 1929, de miércoles a domingos, de 12 a 19. Entrada general: $6000, miércoles gratis.