Solange Cubillo: tras regresar de España, cuenta cómo pasó de una separación conflictiva a un presente feliz
2026-03-28 - 03:10
Su bajo perfil de toda la vida, incluso cuando impactaba en las pasarelas en los años 90, se vio afectado-aunque logró manejarlo, fiel a su estilo- cuando se separó abruptamente de su marido, Marcelo Bello, con quien estuvo casada casi 25 años. La chica etérea de las piernas largas, musa del fallecido diseñador Jorge Ibañez y madre del pequeño Ramiro, un día se fue a vivir a España y luego de una década, volvió sola “con el corazón roto, víctima de una traición nunca imaginada, sin hijo, sin perro y con una madre enferma que me esperaba”, cuenta. Desde entonces poco se supo de ella, hasta hace una semana, cuando todos los medios la mostraron de blanco, casándose con Marcelo Gruenberg, un prestigioso médico que, según dice, le cambió la vida. -Buscabas curar el corazón y diste con un especialista en columna vertebral. De alguna manera, alguien que supo sostenerte... -Y sí. La columna es eso. Pero en realidad yo no buscaba a nadie. Llegué por mi madre y sin mi hijo Ramiro, porque él no podía interrumpir sus estudios. Excepto el primer año, que fue en Madrid, hizo toda la secundaria en Marbella. Cuando llegué, mis amigas organizaron una comida a la que invitaron a Marcelo. Pero yo estaba sin intenciones de nada. Recontra buena onda, un amor, pero no era el momento para mirar a nadie. Pero bueno, el destino... -¿Qué pasó? -Al tiempo mi mamá empezó a estar muy mal de una rodilla. Yo estaba desesperada, buscando al mejor, y se me prendió la lucecita. Lo llamé para que me recomendara algún colega y obvio, al instante estaba con el mejor. El es groso, traumatólogo, cirujano de columna, no había dudas de que iba a guiarme bien. Finalmente me invitó a salir. Yo esa noche tenía la gala de una revista en el Hipódromo de Palermo, pero ofreció pasar a buscarme. Fue increíble: nunca más nos separamos. -Todo esto comenzó hace un par de años. ¿Cómo es que se casaron ahora? -Sí, fue hace más o menos tres años. El ya me lo había sugerido en un viaje que hicimos a Brasil. Yo, feliz. Pero no estaba divorciada porque mi ex vivía afuera. Tuvimos que esperar. -Y vivir situaciones difíciles. Vos nunca quisiste entrar en detalles, pero no fue una separación tranquila. -Cero. Fue muy fea, horrible. Cuando hay traición, no se pueden dibujar las palabras. Pero bueno, nosotros nos fuimos a España cuando Ramiro tenía 11 años por un proyecto de mi ex que después no prosperó. Fue una década ahí, nuestro hijo creciendo, y la vida misma. Después pasaron cosas y más cosas. Y un día me encontré con que debía luchar hasta para recuperar al perro. -Se comentó incluso que lo había regalado cuando tu hijo volvió al país. -No voy a echar más leña al fuego porque ahora estoy en un momento de felicidad plena. En su momento me ayudó una amiga. Dio con él, lo vacunó contra la rabia, se lo quedó un mes en la casa y después me lo cruzó. ¡Lo que fue el reencuentro con Max! La primera noche con él me pellizcaba, no podía creer que estábamos juntos otra vez. -Tu marido actual es más grande, no tiene hijos ni perro. -Claro, es separado sin hijos. Ahora vivimos todos juntos y existe una armonía increíble. Rami y él se adoran. Y el perro está en el mejor de los mundos. A mi marido le gustan mucho los animales, pero por su trabajo no podía tener él solo un perro ni cuidarlo como corresponde. Y con la diferencia de edad, no creas. Es cinco años más joven que mi ex. Marcelo tiene 63, y yo 49. Además es súper deportista, fanático del ciclismo, una persona vital, sana e inteligente. -¿Es incómodo tener un marido que se llame como tu ex? -Es que en realidad mi ex se llamaba Carlos. Marcelo era su segundo nombre. -Estás picante, en su momento actuaste. ¿Te animarías a la tele, a ser panelista? -Sí, me encanta. Estuve en programas de moda pero tranquilamente podría sentarme y dar mi opinión sobre otros temas. La veo a mi amiga Caro Molinari y me encanta. Ella fue otra heroína que me cuidó como nadie. Yo empecé a trabajar a los 14 años, con Tini de Bocourt. Pero enseguida me puse de novia y estuve como un poco invisible. Era mi laburo, todo muy prolijo, y después la vida en pareja. -¿Qué herramientas utilizaste para sobrevivir a esa traición que mencionaste? -Cuando te toca un baldazo, una gran traición, hay que hacer un gran trabajo interno. Yo tuve un muy lindo matrimonio durante muchos años, pero terminó de la peor manera. Una pena. Viéndolo a la distancia me doy cuenta de que hice parte del duelo cuando todavía estaba casada. No me podía ir porque estaba mi hijo terminando el colegio. Pero tengo amigas de fierro y una madre, que a pesar de ser muy grande y estar enferma, me acobijó en Buenos Aires. Porque si bien yo vine a cuidarla, ella me cuidó a mí. Con palabras, silencios, abrazos. Después de haber estado tanto tiempo separadas, el encuentro fue reparador. Amé cocinarle, mimarla. -¿Cocinás? -Sí, me gusta mucho. Cocino y también como. Tengo una genética privilegiada, soy flaca natural. Pero me encanta la buena mesa, la copita de vino. Haber vivido en España me pegó ciertos rituales. Y es loco, porque acá hay tantas chicas intolerantes a todo, que no comen nada. Allá lo normal es juntarse por una paellita, tortilla, croquetas y un brindis. -Bueno, no es nuevo el tema de las argentinas y la obsesión por la delgadez. -Es cierto. Cuando volví -y retomo el tema de las amigas salvadoras- Lorena Ceriscioli me ofreció trabajo en su agencia. Ayudé con los cursos, desfiles, clases de pasarela y demás, estaba abrazada por ella y otras amigas del alma. Y noté que la mayoría tenían intolerancia a un montón de cosas. Estoy convencida de que las argentinas son, en el mundo, las más obsesivas con su cuerpo. -¿Y tema retoques desde tan chicas? -Siendo chiquitas, no me gusta. Pero después, la verdad, que cada una haga lo que quiera. Personalmente me gusta más una belleza natural. Botox, que ahora es una pavada y lo más común, por supuesto que lo hago. Pero me da más cosita el tema de las cirugías. Si lo pienso me da impresión, pero una nunca sabe. Si el día de mañana me veo mal y no me explican mucho, tal vez me anime. La clave es ir con excelentes profesionales. Lo mismo que a la hora de elegir la inyección para bajar de peso. No es una pavada. Es algo espectacular para diabéticos o personas con mucho sobrepeso, pero no se trata de algo cosmético que esté bueno autorecetarse. -¿Volverías a ser madre? -No, estamos muy bien así. No hace falta. Llegó el momento de disfrutar, de estar con gente vitamina, esa que te hace bien. Ahora hasta tengo una suegra, Chuchi, que es un amor y cocina como nadie. La verdad es que sufrí mucho, ya era hora de que me llegara una buena. Además, tengo el mejor hijo del mundo.