Revolucionó el cine de Oriente hace 25 años y ahora regresa con la monumental Blossoms Shanghai, una serie de 30 capítulos para ver de a poco
2026-03-02 - 18:53
“La serie los llevará a Shanghai en los años 90, cuando la ciudad se estaba reinventando”, nos revela, casi en secreto, el director Wong Kar-wai como preámbulo al desembarco de su serie Blossoms Shanghái en la plataforma de MUBI. Es una buena noticia por varias razones. La primera, porque supone el regreso de uno de los directores asiáticos más importantes del siglo XXI luego de más de una década de ausencia desde su última película, El gran maestro (2013) -y un cuarto de siglo después del celebrado éxito de Con ánimo de amar (2000), aquella obra maestra que le valió convertirse en uno de los grandes referentes del cine hongkonés-. La segunda, porque supone una apuesta arriesgada dentro de un escenario cada vez más homogéneo y previsible para el streaming, donde las series se parecen unas a otras, deudoras de fórmulas similares y géneros convertidos en muletillas. Y tercero porque supone una forma de reinvención del melodrama chino, aquel que dio prestigio y vitalidad al cine de ese país en los años 50 -muchas de esas películas son desconocidas en Occidente-, al mismo tiempo que ofrece una adaptación de la premiada novela Blossoms, de Jin Yucheng -de la que Wong adquirió los derechos en 2013-, cuyas coordenadas nos llevan a la China de 1993 en los albores de su despegue económico y su progresiva consolidación como el gigante asiático que hoy conocemos. Wong Kar-wai no solo presenta este esperado regreso como “una mirada hacia el pasado que permite entender el presente”, sino que entrelaza el retrato de época -el esplendor de una ciudad como Shanghai en el epicentro del furor bursátil-, con una historia de pasión y perdición entre un ambicioso corredor de bolsa que se hace millonario por la compra de acciones y los acuerdos de comercio exterior, y una misteriosa femme fatale que llega para adueñarse de un imponente restaurante en la famosa Huanghe Road. “En esencia, la serie trata de impulsos universales -continua el director-, de la búsqueda permanente de cierta forma de resurrección, de la embriaguez de las oportunidades y la tensión entre la ambición y el amor”. Un cóctel que recuerda a sus películas anteriores, como 2046 (2004), la atípica secuela de Con ánimo de amar, sita en un misterioso hotel, una habitación fantasmal y un mar de recuerdos. Pero también a ese pulso narrativo que reveló desde la pionera As Tears Go By (1988), combinando su origen en China y su condición de emigrado en Hong Kong, a menudo citado por su estética fragmentaria y efervescente, sus ralentis entrelazados con la música de “California Dreamin’” en Chungking Express (1994), mojón inolvidable del despegue de un cine que conquistó premios y festivales. ¿Cómo olvidar los ceñidos trajes de diseño de Maggie Cheung en esas danzas al ritmo de “Aquellos ojos verdes” en la portuaria Hong Kong de los años 60? Con ánimo de amar fue una pequeña revolución para el cine del nuevo milenio, y las imágenes de Wong Kar-wai definieron para siempre la estética de la fragilidad amorosa, signada por la espera, el amor prohibido y el desencanto. Ya para entonces, Wong había pasado por festivales con Chungking Express y la versión inolvidable de “Dreams”, de The Cranberries, en la voz de Faye Wong, y también por Buenos Aires para el rodaje de Happy Together (1997), inspirada en la novela The Buenos Aires Affair, de Manuel Puig. Ya había inmortalizado a Tony Leung y Maggie Cheung como los amantes desgraciados y conseguido impulsar a la Nueva Ola Hongkonesa -junto a nombres como el de Stanley Kwan y la voz femenina de Ann Hui- a la primera línea de los principales festivales del mundo. Blossoms Shanghai supone un regreso a esa memoria de los años 90 que lo vieron consagrarse como cineasta, guiado por algunas inspiraciones que ya habían definido su cine en los primeros tiempos. Siempre se habló de la atracción de Wong Kar-wai por las nuevas olas de los 60, su admiración por un cineasta como Ingmar Bergman, sus recurrentes referencias al cine de Michelangelo Antonioni -cineasta con el que compartió el tríptico Eros en compañía de otro nuevaolero como el alemán Wim Wenders-, y la evocación de la estética moderna gracias a la fotografía del australiano Christopher Doyle. La Shanghai que recrea Wong esta vez recupera algo del pulso febril de Roma en El eclipse (1962), de Antonioni, con el mercado bursátil en plena ebullición y la especulación financiera a la orden del día. En el epicentro de ese nuevo mundo, el surgimiento de un amor posible, una historia de desencuentros y anhelos suspendidos. En aquella película de la trilogía italiana de la incomunicación -que completan La aventura (1960) y La noche (1961)-, la pareja la formaban Monica Vitti y Alain Delon; en esta Shanghai frenética ante el despegue del mercado accionario y la puja por una riqueza que parece servida en bandeja, las estrellas chinas Hu Ge y Xin Zhilei dan vida a dos amantes unidos por la venganza y la traición. La historia de Blossoms Shanghai comienza el 31 de diciembre de 1992 en el Hotel Peace justo cuando Ah Bao (Ge Hu), un millonario agente de bolsa, recibe un maletín con 30.000 yuanes en la víspera del conteo para la llegada del año nuevo. Al subir a su automóvil en la calle Huanghe, un taxi lo atropella y lo deja inconsciente. Las imágenes de Wong suspenden el horror en prolongados instantes; el cuerpo de Bao en el aire, los billetes como una lluvia de papelitos, los curiosos transeúntes absortos por el accidente. En el hospital todo es espera y ansiedad, y el propio Bao convertido en narrador nos conduce hacia el pasado, al inicio del misterio que lo ha dejado tendido en una camilla al borde de la muerte. Todo comenzó en 1987, el encuentro con su mentor, el Tio Ye recién salido de prisión, y