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Reseña. Todas las familias felices, de Hervé Le Tellier

2026-03-28 - 03:10

odas las familias felices es un libro atípico en la obra del francés Hervé Le Tellier (París, 1957): es autobiográfico. El autor de la sorprendente La anomalía, novela con que ganó el Premio Goncourt, cuenta en estas páginas la historia de su familia en el tono irónico y frontal que lo caracteriza y con el mismo control férreo de la estructura. La relación del primer capítulo, “Dialéctica del monstruo”, con el último, “Todas las familias felices”, es un buen ejemplo de ese control. El primero presenta al narrador (Hervé Le Tellier) y cuenta varios hechos. Al final de cada uno, repite siempre la misma frase: “Fue entonces cuando supe que era un monstruo”. Es ese “monstruo” el que va a contar, pensar y organizar todo, un “yo” sarcástico, feroz e intelectual, que nombra muchos escritores y artistas del canon europeo y encabeza todos los capítulos con un epígrafe. El blanco más evidente de sus ataques es su madre, a quien pinta como una fuerza destructiva, que él trata de apaciguar sin éxito. Su último intento de “hacer las paces” con ella es una carta que aparece entera, como documento, y que ella le devuelve en un sobre, convertida en papel picado. Por supuesto, el libro también habla de abuelos, padres (sí, en plural) y otros parientes, pero en el centro de ese remolino familiar, están siempre las mentiras y la furia de la madre. Hay pocos ejemplos de cualidades de otro tipo en general: está Melville, el hijo al que él dedica el libro; Piette, su primera novia y, en otro capítulo, dos ancianos que se tratan con amor en un restaurant. El capítulo final explica el título general, inspirado en una famosa frase de Tolstoi en Ana Karenina: “Todas las familias felices se parecen; las desdichadas lo son cada una a su modo”. En las páginas que siguen, Le Tellier copia en espejo la estructura del primer capítulo, al repetir varias veces el comienzo de una oración, pero no al final de los párrafos, sino al principio. Afirma que a él le “sobraba madre como para querer otra”, pero confiesa que hubiera querido otros padres: “Soñé con un padre en fuga”, dice primero; y después, “soñé con un padre campesino” o “soñé con un padre admirable”. En la última de estas frases, deja de lado el sustantivo “padre”: “Soñé con un cariño sencillo, puro, ofrecido sin reservas, sin condiciones”, y dice que solo conoció algo parecido cuando él mismo se convirtió en padre, con lo cual explica la dedicatoria general. El libro es anterior al hijo: cuenta la herida abierta que le dejó la vida con su primera familia. Por eso, la novela está encabezada por el siguiente epígrafe: “La herida es el lugar por donde entra la luz en ti”. Y sí, Todas las familias felices es una catarsis, pero una muy planificada, como todo en la obra del autor, que pertenece a la escuela Oulipo y se inspira en sus reglas formales. Todas las familias felices Por Hervé Le Tellier Seix Barral. Trad.: Pablo Martín Sánchez 208 páginas, $ 31.900

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