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Reseña: Cada noche a las nueve, de Julian Gloag

2026-03-07 - 03:03

En 1978, Ian McEwan publicó Jardín de cemento, su primera novela. Es una obra poderosa: cuatro hermanos y hermanas viven en un suburbio y quedan por las suyas cuando mueren el padre y, poco después, la madre. Los chicos entierran a la progenitora en el sótano, cubierta de cemento, para evitar un destino de orfanato. El planteo es, si se quiere, una versión urbana de El señor de las moscas, aunque su resultado muy distinto. Cada noche a las nueve, de Julian Gloag (Londres, 1930-Francia, 2023) se publicó en 1963. Es una obra singular: los siete hermanos Hook quedan huérfanos cuando la madre muere de improviso y como saben (la mayor al menos) que su destino es el orfanato entierran el cuerpo en el jardín y comienzan a simular una vida normal : no faltan a clases y hacen las compras necesarias para no despertar ninguna sospecha. Como es de imaginar, a Gloag -que vivió gran parte de su vida fuera de su Inglaterra natal- no dejó de llamarle la atención la similitud y acusó a Mc Ewan -que negó conocer su novela- de plagio. Perdió el juicio, pero tuvo tiempo de vengarse por vía literaria con “Objetos perdidos” (1981), en la que un novelista descubre que otro autor acaba de publicar bajo su nombre una de sus viejas piezas de juventud. Por supuesto, la premisa es sospechosamente similar, pero los estilos y resultados de las novelas son otros. La de McEwan es claustrofóbica, sórdida, con un toque de incesto. La de Gloag, mucho más extensa, en cambio, tiene algo de comedia. Hace del suspenso su clave, no le faltan engañosos elementos de la tradición gótica. Con personajes bien delineados -empezando por la hermana mayor, Elsa, de trece años, y Hubert, el tercero-, Cada noche a las nueve tiene también el humor costumbrista y el tono mágico que no le falta a la literatura inglesa del medio siglo pasado. Los chicos construyen un tabernáculo en el jardín -donde escuchan la voz de la madre- y deben enfrentar desde una invitación a tomar el té de una pareja vecina, la llegada de un policía y, el elemento decisivo, la llegada de alguien que afirma ser su padre. Después de un año y medio, todo se trastocará de manera sorpresiva, en una resolución que apunta al asombro del lector. Cada noche a las nueve Por Julian Gloag Impedimenta. Traducción: Olalla García 364 páginas, $ 49.900

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