TheArgentinaTime

Río de Janeiro: los secretos de un destino que es mucho más que playas y carnaval

2026-01-30 - 18:36

No en vano es la Ciudad Maravillosa. No solo por sus playas icónicas hacia donde rumbean todos ni bien bajan del avión, sino por su variada oferta cultural que, con frecuencia, pasa inadvertida. Sin duda, Río es mucho más que naturaleza, mar azul, carnaval y caipirinhas. Fue la capital colonial desde 1763, luego del Imperio y de los Estados Unidos de Brasil hasta 1960 cuando la sede del gobierno se trasladó a Brasilia. Fruto de esta rica historia, tiene tesoros “escondidos” desparramados por los barrios más antiguos y aunque el tráfico puede ser caótico vale la pena armarse de paciencia para explorar estos lugares imperdibles. Tuve la suerte de vivir dos años en este rincón único en el mundo del que me enamoré y que me dejó tantas enseñanzas: desde una mirada más positiva, contagiada de la alegría que se respira en las calles, hasta la amabilidad de los cariocas que hace que el día a día sea mucho más agradable. Pero, por sobre todo, me marcó esa convicción tan propia de su gente: la certeza de que, ante cualquier dificultad, siempre hay una solución, una manera de encontrarle la vuelta. Porque, al final, tudo tem um jeito. 1) Monasterio de São Bento Uno de los lugares que más me impresionó de esta ciudad sin par, es el monasterio de San Benito (São Bento), en el morro del mismo nombre. Fundado en 1590 por monjes benedictinos bahianos se conservó como único monumento imponente del siglo XVI. Apenas se ingresa en su interior, uno queda deslumbrado por sus paredes revestidas en oro. Fue el escritor Stefan Zweig quien mejor lo describió en su libro Rio de Janeiro: “Sin ser comparable, en originalidad y magnificencia, a las grandes catedrales europeas, los artistas que hicieron São Bento consiguieron algo único: un modo feliz y original de dominar la materia, una armonía absoluta dentro de ese crepúsculo de oro, que es inolvidable”. La visita se limita a la Iglesia de Nuestra Señora de Montserrat, que impresiona por su belleza arquitectónica, sus coloridos vitrales y sus obras de arte religioso. Vale la pena la experiencia de asistir a la misa tridentina, en latín y portugués, con cantos gregorianos que se celebra todos los domingos a las 10 de la mañana. Es un lugar tranquilo, un refugio de paz que llega al alma. Al fondo, hay un mirador con vistas al puente que une Río con Niterói. 2) Confitería Colombo Conseguir una mesa en esta confitería de 1894 -fundada por inmigrantes portugueses y elegida recientemente como uno de los cafés más bellos del mundo- no siempre es fácil. Muchas veces hay que hacer fila para entrar, pero sentarse en una de sus mesas es trasladarse a la belle époque. Uno se imagina cómo habrá sido la vida en aquella época, cuando la ciudad era capital de la república: damas elegantísimas con largos vestidos y sombreros, caballeros impecables de galera y bastón y una activa vida social que marcaba el ritmo de los días. Cómo fueron las últimas horas de Juliana Marins, la turista brasileña que murió tras caer en un volcán en Indonesia Entre 1912 y 1918 los salones del interior fueron reformados, con un toque art nouveu con enormes espejos de cristal traídos de Amberes y enmarcados por elegantes frisos tallados en madera de Palo Rosa. Fue el artesano Antônio Borsoi quien esculpió todo el mobiliario de madera. En 1922 sus instalaciones fueron ampliadas y se construyó un segundo piso, con un salón de té, donde hoy funciona el restaurante Cristovão. Además de admirar la belleza de su arquitectura hay que probar los pasteles -como el Quindim, Mil folhas de Creme o el Pastel de Nata- y los famosos salgados típicos de la gastronomía portuguesa y brasileña. Está abierto de lunes a sábado desde las 11 de la mañana hasta las 6 de la tarde. Se recomienda ir durante la semana (en uber o taxi) ya que el centro de Río está más frecuentado y es menos peligroso. 3) Real Gabinete Portugués de Leitura Otra de las joyas que bien vale un desvío es el Real Gabinete Portugués de Lectura que figura entre las 10 bibliotecas más bellas del mundo, según varios rankings internacionales. Este verdadero palacio de los libros fue creado en 1837 por 43 inmigrantes portugueses que llegaron a Río de Janeiro como refugiados políticos y querían mantener viva la cultura portuguesa. En 1880 se inició la construcción del edificio que demoró siete años en finalizar y es una obra maestra arquitectónica de estilo neomanuelino, tan cargado de detalles que uno no sabe para dónde mirar. El arquitecto luso Rafael da Silva Castro fue el encargado del diseño inspirado en el precioso Monasterio de los Jerónimos de Lisboa. Hoy, más allá de su impresionante fachada, el interior es un paraíso para los amantes de los libros: techos altísimos, estanterías de madera tallada, vitrales y ese silencio sagrado que invita a sumergirse entre las páginas. Pasar tiempo en el imponente salón de lectura, presidido por un atrio central bañado de luz natural, gracias a una enorme claraboya de hierro y vidrio delicadamente pintado, es una experiencia única. La colección alberga más de 350 mil ejemplares, incluyendo obras raras y valiosas de la literatura portuguesa. Ubicado en el centro histórico de Río en la rua Luis de Camoes 30, abre al público de lunes a viernes de 10 a 17 y

Share this post: