Pensamiento lateral: la mente como campo de batalla en una historia oscura que se alimenta de tensiones cruzadas
2026-03-26 - 03:11
Pensamiento lateral (Argentina, 2025). Dirección y guión: Mariano Hueter. Fotografía: Nico Miranda. Edición: Laura Palottini. Elenco: Itziar Ituño, Alberto Ammann, César Bordón, Mauricio Paniagua, Agostina Innella. Duración: 86 minutos. Calificación: apta para mayores de 16 años. Nuestra opinión: buena. Tras acumular experiencia dirigiendo algunas series para plataformas en las que puede rastrearse un estilo (El legado, El mundo de Mateo, Yiya), Mariano Hueter debuta en cine con una película en la que la inteligencia, la percepción y la manipulación -asuntos que suelen estar en la mira de este realizador- juegan roles tan importantes como el de la violencia, el componente que, de manera latente o explícita, atraviesa toda la oscura historia de Pensamiento lateral. El disparador del económico e intenso thriller psicológico de Hueter es un secuestro. Y lo que se propone el director es contar cómo una víctima puede ser capaz de reconfigurar el tablero, aun desde una posición de evidente debilidad, infiltrándose en las grietas psicológicas de sus captores. La epopeya que lleva adelante el resiliente personaje al que la actriz vasca Itziar Ituño (conocida internacionalmente por su participación en la exitosa serie española La casa de papel) interpreta con mucha solvencia es primordialmente mental, pero también física. Pensamiento lateral es, a pesar de su propio título y su lectura más evidente, una película en la que los cuerpos importan. Las escenas de acción son pocas pero muy eficaces. Transmiten urgencia, vértigo. Y los tormentos que sufre Julia dejan huellas visibles. La protagonista del suplicio es Julia, una psicóloga y docente universitaria que es secuestrada por una banda de malhechores que busca obtener información sobre uno de sus pacientes. Encerrada en una fábrica abandonada, golpeada salvajemente, aislada y sometida a una presión constante, Julia decide confiar en lo que sabe: observar, escuchar. Y empieza a detectar fisuras en sus captores, a entender que puede desestabilizar psicológicamente a quienes la están sometiendo, enfrentarlos entre sí y de ese modo ganar algo de tiempo y margen de acción, al menos para pensar algo más que la ayude a liberarse de ese infierno. Hueter organiza el film como un juego de tensiones cruzadas. Por una parte, el cuerpo: el desgaste físico, el dolor, el encierro, los golpes. Por otra, la mente: la estrategia, el cálculo, la lectura de los otros. Esa dualidad atraviesa toda la película, claramente planificada para no dar respiro y exitosa en ese objetivo: si hay algo que Pensamiento lateral consigue es sostener un inquietante clima de tensión de principio a fin. Apoyado en una puesta en escena austera pero muy funcional, Hueter confió notoriamente en los recursos de un elenco que respondió muy bien a la exigencia. La atmósfera densa, áspera del relato está muy sostenida en ese pilar tan importante. Ituño tiene una tarea especialmente demandante, la de encarnar un personaje que, aunque está naturalmente capturado por el terror, debe concentrarse en ser tan sagaz como para manipular las relaciones internas de sus enemigos, detectando primero jerarquías, inseguridades y contradicciones y operando después para lograr lo insospechado: una mujer que parece definitivamente vencida termina desordenando la dinámica inicial que la había mantenido indefensa y tomando el control. El dispositivo narrativo de la película funciona como un laboratorio de conductas. Es justamente quien desafía a la lógica con una perseverancia parecida a la fe (una característica del pensamiento lateral) el más apto para la supervivencia (la más apta, en este caso), y no el que confía básicamente en la fuerza bruta. Pero la historia prescinde del mandato de la heroicidad, descarta las redenciones. Elige, en cambio, mantener a rajatabla una tonalidad sombría y escéptica que la tiñe de punta a punta.