Peaky Blinders: el hombre inmortal, la película que funciona como epílogo de la saga, con la Segunda Guerra Mundial como fondo
2026-03-20 - 15:20
Peaky Blinders: El hombre inmortal (Peaky Blinders: The Inmortal Man, Reino Unido/Estados Unidos/Francia/2026). Dirección: Tom Harper. Guion: Steven Knight. Fotografía: George Steel, Ben Wilson. Edición: Mark Eckersley. Elenco: Cillian Murphy, Barry Keoghan, Tim Roth, Rebecca Ferguson, Sophie Rundle, Stephen Graham, Packy Lee. Duración: 112 minutos. Disponible en: Netflix. Nuestra opinión: buena. “Todos están muertos salvo el que realmente quiere morir”. La voz de Tommy Shelby (Cillian Murphy) es la que conduce el relato desde un impuesto exilio con la única compañía del leal Johnny Dogs (Packy Lee). Estamos en el año 1940 y la Segunda Guerra marcha viento en popa para las fuerzas alemanas. Uno de los pocos países que repele la avanzada nazi es el Reino Unido, y la estrategia alemana consiste en quebrar su economía a través del sistema bancario y así doblegar su resistencia. En una de las primeras escenas, John Beckett (Tim Roth), un inglés convencido de las bondades del nuevo régimen, es el custodio de un importante cargamento de libras esterlinas en papel falsificado para inundar Inglaterra con la semilla del fascismo. Amigos y enemigos se presentan en los primeros minutos. En su tormentoso retiro, mientras intenta escribir sus memorias para purgar las muertes de su pasado, Shelby recibe a dos mujeres. Primero será su hermana Ada (Sophie Rundle), parlamentaria preocupada por el liderazgo del crimen organizado a manos del joven Erasmus “Duke” Shelby (Barry Keoghan), el primogénito de Tommy, aún más feroz y despiadado que su padre en estos tiempos de ignominia; y Kaulo (Rebecca Ferguson), gemela de la madre gitana de Duke, bruja que intenta sembrar en el presente la fortuna construida en el pasado. Entre sueños de muerte y aspiraciones de redención, Tommy se debate entre la despedida y el regreso, como uno podría suponer que el propio Steve Knight debatió con su almohada el regreso de su creación más preciada. ¿Volver para malograr aquel recuerdo o regresar para enaltecer la gloria pasada? La tentación de la nostalgia puede haber sido la pesa que inclinó la balanza. Y no en vano, bajo el apremio de esa necesidad de satisfacer a los que esperan el regreso de aquella mística de las primeras temporadas de los Peaky Blinders, esta nueva película camina sobre sus huellas. Y en esas huellas se halla el principal problema: la conciencia que exhibe este epílogo del lugar de la serie en su origen y condición de posibilidad. Hay una insistencia en recrear el halo mágico de los personajes, citar alguna frase recordada, alardear del vestuario o sobrecargar la banda sonora con la música que la hizo célebre. Ese es el principal problema de todas las ficciones que se piensan nacidas de la nostalgia y que prefieren cometer cualquier pecado menos el de encender el desencanto de sus fans. Entonces el guiño se propaga más allá de la historia que cuentan, los personajes son fantasmas de sus propios pasados, y la historia se ve atenazada por esa condición de homenaje -o compendio de ‘easter eggs’, como se ha puesto de moda- antes que reclamar su propia autonomía. Pero aún con esas imposiciones del regreso, Peaky Blinders sigue teniendo el corazón en Tommy Shelby. Un hombre sin más Patria que la que dicta cada una de sus venganzas descubre que en sus venas corre la sangre gitana que Hitler quiere eliminar de la faz de la Tierra. “Que de tanto mal salga algo bueno” pronuncia Tommy como mantra de su transgresión. Pero la verdadera épica de Peaky Blinders: El hombre inmortal no está en su imprevisto nacionalismo sino en la convicción de que sus fantasmas lo están esperando en aquel lugar donde solo un acto de sacrificio final puede depositarlo. Y será menos la disputa con ese hijo despreciado durante tantos años y reencontrado al final del camino lo que importe, que el hallazgo de sí mismo, el hombre que ese mundo incomprensible había confinado a la reclusión. Luego de seis temporadas de éxito, Peaky Blinders necesitaba más que una buena historia para contar. Necesitaba mística y expectativa, un elenco con los viejos conocidos y algunos nombres que puedan vestirla de distinción. La historia no es original pero sí consistente, y más allá de los nombres estelares que acumula -Barry Keoghan, Rebecca Ferguson, el regreso de Stephen Graham-, el que queda signado por el contrapunto que consigue en su disputa con Shelby es el traidor John Beckett encarnado por Tim Roth. En la escena de su primer enfrentamiento en una caballeriza, Beckett intenta convencer a su oponente de la validez de sus argumentos. “Hitler al menos tiene un plan. Soluciones. Toda esta escoria que crece entre nosotros, que nos infecta, hay que cortarla de raíz. Y que crezcan cosas buenas”, recita con cierta vacilación, casi como si buscara la afirmación de su propia elección. Allí se cifra el verdadero conflicto, más allá de que queden en la memoria escenas de tiroteos, explosiones, luchas en el barro, la mítica cabalgata de Tommy por las calles de Birmingham. ¿Qué hombre será Tommy Shelby en el recuerdo? Esas memorias hablan tanto de aquel hombre que convirtió sus heridas de guerra en la urgencia de prevalecer y gobernar en un mundo injusto, como del imprevisto anhelo de cambiarlo, aunque sea en la gesta de venganza del pueblo romaní. Despedida de una larga serie, de una historia compartida, de una vida a la que la Historia parece haberle quedado demasiado pequeña.