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Opinión: el alquiler, la variable que define el negocio agrícola

2026-03-17 - 16:30

En la Argentina, una gran parte de la producción agrícola se realiza sobre campos alquilados. Se estima que entre el 60% y el 70% de la superficie cultivada se trabaja bajo esta modalidad. Ese dato, que muchas veces pasa desapercibido, explica por qué el alquiler de la tierra se convirtió en la variable que más condiciona —y muchas veces define— el negocio agrícola. “Hay mucha gente queriendo meterse”: subieron un 10% los precios en el triángulo de oro del mercado de campos Este modelo genera tres efectos estructurales: mayor riesgo para el productor, mayor sensibilidad del negocio al precio del alquiler y mayores rindes de indiferencia. Además de gestionar los cultivos, el productor invierte capital propio y se apalanca en financiamiento de bancos y proveedores. Compra insumos y contrata labores y otros servicios mientras enfrenta la incertidumbre del clima, de los costos y de los precios de los granos. Pero antes de que todo eso ocurra, ya hay una variable que define el marco del negocio: el alquiler de la tierra. Cambio abrupto: se modificó la forma de compra de insumos agrícolas El alquiler determina, en gran medida, el rinde a partir del cual el negocio empieza a ser rentable y es una variable clave cada vez que se analizan los márgenes brutos. Alquileres altos elevan el rinde de indiferencia. Y eso aumenta significativamente el riesgo. Este modelo de producción, más acentuado en la Argentina que en otros países del mundo, tiene una característica particular. Si bien el productor asume con creces la mayor parte del riesgo, mientras que el dueño de la tierra recibe una renta relativamente estable, para el propietario tampoco resulta un negocio extraordinario. La alta presión impositiva que existe también afecta su renta. Y en muchos casos, lo que le queda después de impuestos tampoco es un resultado muy atractivo para semejante capital. En relación a esto, hay una lógica económica que rara vez se cumple: sería de esperar que los alquileres bajen cuando los márgenes agrícolas son ajustados. Sin embargo, la experiencia muestra que el valor de los arrendamientos no suele depender directamente del margen del productor, sino de otra variable mucho más determinante: la demanda por la tierra. Mientras haya más productores interesados en sembrar que campos disponibles, el precio del alquiler tenderá a sostenerse en niveles altos. Incluso en contextos de márgenes ajustados. Sobre todo cuando los rindes de la campaña anterior fueron, al menos, promedio para la zona. En este contexto, algunos de los grandes productores del país vienen anticipando que podrían reducir superficie en la próxima campaña, dejando aquellos campos donde los márgenes no les cierren. Pero eso no implica necesariamente que en esos campos bajen los alquileres. Creo que esos campos serán tomados por productores locales o por otros que buscarán crecer y están dispuestos a asumir el riesgo. Cada vez que se analizan los números del negocio, aparece el debate sobre las retenciones. Y la mayoría de los productores sostiene —con razón— que eliminar o reducir estos derechos de exportación mejoraría el negocio. En mi opinión, una eventual quita de retenciones no tendría un efecto tan lineal: aumentaría la rentabilidad potencial del sistema y, con ello, la demanda por tierra. Eso podría trasladarse a mayores alquileres y también a incrementos en otros costos del sistema productivo, como insumos, labores y otros servicios. El productor que alquila seguiría enfrentando rindes de indiferencia elevados y un nivel de riesgo importante. Aunque, si el resultado productivo acompaña, tendría la oportunidad de capturar mayores ingresos cuando sobrepase dichos rindes. No menos importante es que el mayor flujo económico por una baja de retenciones quedaría en gran medida dentro de las economías regionales. En lugar de concentrarse en el sistema fiscal centralizado, una mayor parte del valor generado por la producción agrícola circularía en los pueblos donde se produce. Con márgenes ajustados y menos distorsiones financieras o cambiarias que en otros años, la campaña 26-27 plantea un desafío particular para quienes producen sobre todo en campos alquilados. Hoy, más que nunca, la gestión fina del negocio se vuelve determinante. Comprar bien los insumos, vender bien la producción, analizar los números con precisión y tomar decisiones basadas en información confiable puede marcar la diferencia entre un resultado positivo y uno negativo. En muchos casos, entre continuar en el negocio y desaparecer. En la agricultura argentina, el negocio suele empezar en el alquiler y cada vez más se define en la gestión. El autor es ingeniero agrónomo y CEO & fundador de AgroPro.

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