Nicolás Clerc, más allá del apellido: de sus inicios en el tenis al presente a puro pádel en Miami
2026-03-06 - 12:43
El buzo color terracota que tiene puesto hace juego con el polvo de ladrillo del que vamos a hablar durante gran parte de la entrevista, aunque ya desde hace un tiempo cambió ese polvo de ladrillo por césped sintético y paredes de vidrio. El buzo también hace juego con la gorra y lleva el logo de Ultra, el club de pádel en Miami donde trabaja full time y hace de todo: desde la gestión del equipo que trabaja ahí a la organización de clínicas, clases y torneos, así como también construir una comunidad y hasta fijarse si hay bebidas en stock. “Nunca sentí presión por el apellido, sino al contrario, me abrió muchas más puertas de lo que hubiese pensado”, revela Nicolás Clerc en una videollamada con LA NACION desde Miami, donde vive desde hace ya tres años. Ese no es su único trabajo. Nicolás, de 35 años, es también jugador de pádel en la liga estadounidense y en el pasado disputó la Pro Padel League (PPL) con dos equipo importantes: Flowrida Goats -de Daddy Yankee-, donde salió campeón en 2024, y Los Angeles Beat, donde hoy juegan el Tolito Aguirre y Aranzazu Osorio. Si uno se fija en el ranking de la USPA (United States Padel Association), él figura en el puesto 33. “Uh, hace un montón no veía eso, ¡no te lo puedo creer! Me quedo con el ranking 7 del 2024, ese no me lo saca nadie", discute cuando se le pregunta si está bien el número que figura en la página oficial. No le gusta perder a nada. Lleva la competitividad y el deporte en la sangre. Sus inicios en el tenis y la injerencia de Vilas Nicolás Clerc es el hijo de José Luis Batata Clerc, exnúmero 4 del mundo, quien ganó 25 títulos en su destacada carrera como tenista. Es el más chico del primer matrimonio, con Annelie. Juan Pablo y Dominique son sus hermanos más grandes, y varios años después llegó Sophie, que cumple 15 el mes próximo, y es fruto de la segunda relación del exdeportista con Gisela Medrano. Nicolás nació el 19 de octubre de 1990 en San Isidro. Por más que nunca vio jugar a su papá porque se retiró antes de que el naciera, creció entre canchas de tenis y pelotazos. “Mi viejo tenía su academia en La Horqueta e íbamos al club todo el día desde las 7 hasta las 22. No es un club que tenía todos los deportes, era solo tenis, y cuando volvíamos a casa también, era más tenis. Vivía el tenis las 24 horas. Y también por mi vieja. Mi vieja fue ranqueada muy buena en Juniors. Es más, así lo conoció a mi viejo, en el circuito. Estaba ranqueada Top 5 y viajaba y se veían y una vez dijeron ‘che a ver qué onda’“. Cuando Nicolás dice “mi vieja”, se refiere a Annelie Czerner. Y cuando habla de ella y de su faceta deportiva, acota: “Mi tío también se dedicó al tenis. Él fue entrenador de Gisela Dulko, Guillermo Billy Czerner. Son marplatenses e iban al náutico de donde salió Vilas, así que de todos lados mi familia era el tenis. Me tuve que, sí o sí, dedicar a eso". Nicolás da pie a charlar sobre Guillermo Vilas, el mejor tenista argentino de la historia, que vivió una historia de amor y odio con su papá. “La última vez que lo vi fue en su club, en lo que era el Vilas Racket, y siempre la mejor conmigo”, asegura. Y revela un dato único y desconocido: “Yo soy zurdo por él“. “Mi viejo siempre dijo ‘el único que siempre me causa problemas es Vilas porque es zurdo y me cuesta’. Entonces, vos sos zurdo y fijate qué podés hacer”, asegura Nico. Y se explaya sobre el tema: “Yo pateaba con la derecha y [Batata] me decía ‘no’, y me agarraba y sí o sí le tenía que pegar con la izquierda. Y me hizo zurdo a propósito”. Nicolás juega al pádel, al tenis y al fútbol con la izquierda, pero escribe con la derecha. Es solo zurdo para hacer deporte y por injerencia ciento por ciento de su papá. Nicolás vivió hasta 1999 en Buenos Aires. Hincha de River por herencia familiar, tuvo el privilegio de jugar picados de fútbol y de tenis con Marcelo Gallardo. El Muñeco era amigo de Batata y durante la década del noventa, en sus inicios como jugador de River, fue varias veces a jugar a la cancha que tenía en su casa en La Horqueta. ¿Su compañero de dobles? Un tal Enzo Francescoli. Antes de la llegada del nuevo milenio, la familia se mudó a Miami porque Batata abrió una academia allá. En 2002 inauguró la segunda en Acapulco. Y, en 2005, regresaron una vez más todos a Buenos Aires porque entre un viaje y otro José Luis no estaba casi nunca en Miami y ya no valía la pena quedarse lejos de casa. El consejo de Batata que inclinó su balanza para el lado del tenis Entre los 13 y los 15 años, Nicolás le dedicó tiempo al básquet y al fútbol, ya que le parecían deportes más divertidos y sociables que el tenis, donde debía viajar solo los fines de semana y no podía compartir tiempo con sus amigos. “Desde muy chiquito jugué al tenis, participaba en torneos en la Florida y estuve número 16 dentro de ese estado, desde los 10 hasta los 12 años, pero ninguno de mis amigos jugaba y dije ‘che qué aburrido esto”. “Cuando volví a la Argentina estaba fanático del básquet y me metí a entrenar en el Club Banco Provincia. Venía de jugar en los camps del Miami Heat y pensé que era bueno, pero me di cuenta que era una larva. El primer día de entrenamiento me pusieron contra los de mi edad que medían dos metros, tenían músculos como Arnold Schwarzenegger y yo era una larvita. Ahí dije ‘esto no es para mí, me van a matar’”. Duró dos meses y se pasó a otro deporte: el fútbol, en Platense. “Jugué en la séptima de Platense y me pasó lo mismo”, recuerda. “Duré máximo tres meses. Era arquero y me salían hematomas en todo el cuerpo. No había pasto, nos tirábamos en el barro, con piedras por todos lados, y dije ‘che esto tampoco es para mí’”. Fue ahí que le llegó el consejo de Batata. “Me agarró mi viejo y me dijo: ‘Nico, mirá, venimos hablando de que querés ir a la facultad en Estados Unidos y necesitás una beca’ (son muy caras las facultades allá). Yo le dije, ‘bueno’, y siguió: ‘Tenés talento para hacer cualquier deporte, pero para ser destacado y tener una buena beca, yo te recomiendo el tenis porque es lo que mejor sabes hacer y más apoyo te puedo dar’”. Tras unos meses en el colegio Lincoln y luego de esa charla con Batata, dejó el doble turno escolar para dedicarle muchas más horas al entrenamiento en el Open Tennis San Isidro. Su objetivo era claro y nunca tuvo nada que ver con seguir el legado de su papá dentro del tenis profesional: “Jamás pensé en dedicarme al tenis, sino que siempre fue mi herramienta para estudiar en una universidad en Estados Unidos”. Entrenó tardes enteras como lo hizo alguna vez su padre en la década del ochenta, y logró su propio campeonato: entrar a la facultad en Oklahoma. Viajó el primer año a esa ciudad pero el frío lo obligó a mudarse a Miami. Estudió Gestión Deportiva en el Florida Institute of Technology y se recibió. Al preguntarle por qué esa carrera, no duda: “Todo es relacionado al deporte, es una pasión que tengo, no solamente del tenis o el pádel, sino de cualquier otro, soy adicto al deporte, estoy todo el día con la televisión prendida y deportes de fondo”. Nicolás recuerda esos cuatro años en la universidad como los mejores de su vida. Se recibió en 2014 a los 22 años y se fue a trabajar como entrenador de tenis en un club en Nueva York. En el 2016 volvió a vivir a Buenos Aires, pero solo por tres años. “En este entonces ya estaba viviendo con mi novia, que hoy en día es mi mujer. Justo cumplimos 17 años, cuatro de casados y casi 17 de salir. Nos conocimos en el último año del Lincoln, ella es argentina y después hizo la facultad también en Estados Unidos”. Entre 2016 y 2019, su novia arrancó una empresa de marketing digital y él cambió el short de tenis por un pantalón de vestir, y el raquetero por una computadora: “Trabajé esos años en Ernst&Young (EY) en Consultoría yendo en colectivo hasta microcentro todos los días”. Luego de su paso por la universidad, decidió que quería hacer algo relacionado al deporte pero también a las finanzas y a los números y que ese era el momento indicado: “Fueron los mejores años de aprendizaje personal”. Viajó por todos lados hasta que “empezó a extrañar la pelotita” y “le picó el bichito” de hacer una academia de tenis y seguir los pasos de su papá, pero a su manera y en los Estados Unidos. Otra vez una mudanza a los Estados Unidos “Arranqué el 2019 en Ernst&Young pero ya pensando en que me gustaría volver a Estados Unidos, no solo a Miami sino a otro lugares, y arrancar una academia de tenis propia”. En septiembre de ese año, la agarró un día a su novia y le dijo que tenía una idea, que no se la podía sacar de la cabeza y le propuso que lo acompañara en esa locura. Ella dijo que sí. A las tres semanas de ese “sí”, agarraron todo, dejaron su departamento en Buenos Aires y se fueron para Connecticut. Estefi siguió con el marketing digital a la distancia y él consiguió trabajo en Greenwich Country Club, “siempre mirando oportunidades para abrir mi propia academia...”, hasta que llegó la pandemia del coronavirus en 2020 y frenó todo. Sin embargo, durante esa pausa, apareció en el horizonte otro deporte, parecido pero diferente: el pádel. Esa aparición no fue mágica ni sorpresiva, sino que fue consecuencia de un momento muy puntual durante las Fiestas en 2019: “En diciembre mi hermano me invitó a jugar con unos amigos de él. Y ellos eran muy de gastar y provocar y me ganaron y me dijeron: ‘Yo sabía que vos eras muerto’”. A Nicolás, que no le gusta perder en nada, no solo le quedó dando vueltas la frase en la cabeza, sino que le retumbó, y le retumbó y le retumbó, hasta que hizo algo al respecto. “Abrió el primer club en Nueva York en 2020 [el pádel hace seis años no era el boom que es ahora], y dije vamos a probar. Y me encantó. Jugué tres horas seguidas y durante ese año entero fui tres o cuatro veces por semana desde Connecticut hasta Nueva York, que es como una hora y media en auto, a jugar. Me gastaba todo lo que ganaba porque era carísimo”. En 2021, tuvo otra charla trascendental con su novia. “La agarré y le dije: ‘quiero hacer esto del pádel, pero en serio, está creciendo muchísimo en Miami, ¿me bancás?’. Y nos fuimos". La vida en Miami a puro pádel “El pádel apareció en mi vida como si fuera un auto nuevo que le querés meter todos los kilómetros posibles y andar rápido, y ahora ya es una pasión. Siento que volví a sentir esa pasión que tiene uno de niño y me encantó”, explica y revela que dejó al 100% el tenis, tanto que no tiene ni una raqueta. Las donó todas en el instante en que dejó Connecticut para instalarse en Miami y dedicarse de lleno al pádel. De 2021 a 2024 participó de la Pro Padel League, la liga estadounidense que intenta hacerse cada vez más fuerte y competir con Premier Padel, el circuito profesional que tiene como protagonista al argentino Agustín Tapia. En 2021 fue su primera temporada. “Como estaba entre los mejores de Estados Unidos me seleccionaron para Los Angeles Beat. De entrenador teníamos a Seba Nerone, número uno del mundo, crack, genio. Y hoy en día en ese equipo está el Tolito (Aguirre) asi que... creo que hicieron un upgrade de Nico Clerc a Tolito”, dice con una sonrisa. “Empecé a tener ranking jugando torneos, acumulando puntos, viajaba por todo Estados Unidos y entrenaba muchísimo”. A su vez, le jugaba a favor ser zurdo. (Punto para Batata). “La mayoría juega del lado izquierdo por eso era una ventaja. Y siempre está buena la combinación de diestro-zurdo... como el equipo que hoy es número uno del mundo, Tapia y Coello”, asegura. Entre 2021 y 2022 jugó en Los Angeles Beats y en 2023 pasó a los Flowrida Goats, el equipo de Daddy Yankee, donde logró el campeonato en 2024. Ante la pregunta de si tuvo diálogo o algún tipo de vínculo con el rey del reguetón, Nico asegura que sí: “Cené con con él una noche en Miami. Tipazo, súper amable y con muy buena onda. Se nota que quiere lo mejor para todos”. Ese mismo año, en medio de su explosión dentro del pádel, no solo se incorporó full time al club Ultra, sino que se convirtió en papá por duplicado: primero de Sebas en noviembre de 2023 y después de Alexander, en diciembre del año siguiente. Sus prioridades y tiempos se reacomodaron a medidas que sucedía lo mismo con la Pro Padel League, que no paraba de crecer y de tener cada vez más jugadores ranqueados en el Top 50 del mundo. “Los últimos dos años y medio siempre jugué con la misma pareja. Pero en un momento pensé en dejar porque me estaba costando mucho el tema del trabajo y la familia y entrenar y poder competir a alto rendimiento porque encima llegaba a punto que los Top 10 me ganaban 6/2 y 6/2 y detesto perder. Necesitaba meterle horas y horas y no pude. En noviembre del 2025 pensé que había colgado la pala en relación a la competencia... pero volví de las vacaciones en Buenos Aires y me picó el bichito de vuelta y me dieron ganas de probar con otro compañero”. El gen deportivo fue más fuerte y Nico debutó este año alcanzando los cuartos de final del primer torneo en West Palm Beach con su nuevo compañero, el chileno Claudio Santibañez. ¿Vive 100% del pádel? Nicolás combina tres ingresos para poder vivir en Miami con su familia. Por un lado tiene un sueldo fijo al trabajar full time en el club Ultra y por el otro realiza todavía algunas Consultorías, un trabajo que le quedó desde su paso por EY. A su vez, explica cuánto cobra por los torneos que disputa. Por más que ya no está en la Pro Padel League, sí participa de la liga estadounidense que cada vez aumenta más el premio monetario. “Para cobrar tenés que dejar el alma y llegar a la final y ganarla para recibir un premio económico. Los premios están cada año mejor. En 2024 hice la final del US Open y gané 1700 dólares, y el año pasado perdí en cuartos, el nivel fue altísimo, y el premio fue de 15000 dólares. Cada vez el prize money se está incrementando y eso lo ven también los jugadores de afuera, y vienen a competir y se pone áspero la cosa”. Nico Clerc, hijo de Batata, se dedica al pádel en Miami Entre risas y por lo bajo, como si fuera a pasar de largo, acota: “De los torneos hoy en día no gano tanto porque no llego a finales”. Su vida familiar y cómo es Batata como abuelo Nicolás vive con Estefi y sus dos hijos en Miami. Sebas tiene dos años, y Alexander, uno y dos meses. “Mi día arranca a la medianoche con la primera mamadera de los niños. Después se despiertan entre las 6 y las 7 de la mañana. El más grande empezó el colegio hace un mes así que cuando puedo lo llevo y después me voy directo al club”. Cuando habla del club se refiere a Ultra y revela el impactante proyecto que tienen para abril: “Nos estamos expandiendo al sur a un lugar que se llama Midtown y ahí tenemos socios, un developer argentino que se llama Carlos Rosso, donde él va a construir tres torres residenciales y comerciales y nosotros vamos a poner 12 pistas de pádel”. Ultra Padel se expande a Midtown Los únicos que logran sacarle el pádel de la cabeza, son justamente Alexander y Sebas. “Me abrieron muchísimos los ojos. Antes me estresaba por una miga en la computadora o por una derrota, y ahora llego a casa y simplemente una sonrisa y un beso de los chicos es todo lo que necesito al final del día”. Nico muestra su lado más sensible como padre y a la vez abre una pequeña ventana para conocer la versión de abuelo de Batata Clerc. Batata vio por primera vez a Alexander en diciembre cuando vinieron para las Fiestas a Buenos Aires. “El viejo siempre tiene una sonrisa y se pone la 10... eso sí, me asusté un poquito cuando le regaló un autito a Sebas y se tiró en el piso, pensé que la iba a quedar por la cadera, pero no, jugó, y pudo levantarse solo”. La insólita anécdota sobre por qué no le pide consejos a Batata acerca del pádel “Mi viejo siempre cuenta una historia graciosa con Alejandro Lasaigues, número uno del mundo 15 años consecutivos y gran amigo de él, y dice que en los años ochenta, él estaba en un club en la Argentina y uno de sus amigos con lo que jugaba al pádel le cancela a último momento y mi viejo lo invita a Ale Lasaigues y le dice: ‘che querés venir que me faltó un cuarto’, y le dijo que sí. Ale jugaba muy bien al tenis también y se conocían de ahí“. La anécdota comienza así y es la parte de la entrevista con LA NACION en que Nico se pone más serio. “Por lo que me dice mi viejo, y Ale también, a los pocos minutos de jugar, mi viejo lo agarró a Ale, lo echó de la cancha y le dijo: ‘sos muy malo jugando este deporte’”. ¿Qué pasó después? “Ahí supuestamente Ale se calentó y dijo ‘¿ah sí? ¿yo soy malo? Y un año y medio más tarde se metió número uno del mundo del pádel y siguió por 15 años más", relata Nico y reafirma: “Así que consejos de mi viejo del pádel no los voy a agarrar, pero está contento con que yo esté contento”. Alejandro Lasaigues es hoy en día un exjugador profesional de pádel, considerado por muchos como uno de los mejores de la historia de este deporte. Formó junto a Roby Gattiker una dupla invencible. Hace un año, en su paso por el programa de El Gráfico, Lasaigues relató su lado de la historia en esta insólita anécdota con Batata Clerc, y fue más lejos: “Fue al único tipo que echó de una cancha de pádel en Buenos Aires de lo malo que era”. "Me invitó a jugar y a los diez minutos me echó" Por lo pronto, Nico no le pide consejos de pádel a su padre. Aunque quién te dice, si le sale como Alejandro Lasaigues, podría ser el lanzamiento al número uno del mundo. Sin embargo, y aunque no tome sus recomendaciones, sí juega cada tanto algún partido con él. “La última vez que jugamos fue al tenis en el club L’Aviron, hay una cancha a su nombre en Tigre, y le gané, así que debo decir que el último partido fue mío”. Ni para el final de la entrevista deja de lado el gen ganador. Por último, revela por qué, por más que intentó renunciar al pádel varias veces, aún juega, disfruta y vive las 24 horas alrededor de ese deporte. “¿Alguna vez jugaste al golf? Cuando vos le pegás muy bien al golf, lo sentís por todo tu cuerpo. Entonces, en el golf vos le pegás, y después tenés que caminar, caminar, caminar. Imaginate tener esa misma sensación que en el golf pero en el pádel, que le pegás cada segundo o cada dos segundos... te crea algo por dentro que te saca todo y es muy lindo”. “Es un deporte en el que transpiras mucho, hacés cardio y la adrenalina esa de pegarle en el sweet spot es increíble“, concluye. Cuando dice sweet spot se refiere al “punto justo”. Impactarla de lleno. Darle de manera perfecta. Y sentirlo. Gozarlo. Festejarlo. Batata encontró su sweet spot en el tenis, y su hijo Nico lo hace hoy en el pádel. Con la misma pelota verde, pero sin polvo de ladrillo. Solo sintético y unas paredes de vidrio que lo abrazan y contienen cada vez que pueden.