Murciélagos infectados o fuga de laboratorio. Los puntos oscuros del origen del Covid-19 y las teorías conspirativas que reaparecen en el tablero mundial
2026-03-03 - 03:13
China acusa a Estados Unidos. Estados Unidos acusa a China. La ciencia, que aparece en el medio, casi tironeada, afirma que lo más probable es que se haya tratado de un episodio natural. O todo lo natural que puede ser la irrupción de un nuevo virus en el contexto de un mercado como el de Wuhan, en China: dado el trato que tienen allí los animales, es lógico que los virus muten y terminen adaptados para contagiar y enfermar a los seres humanos. Y que, vía globalización, en poco tiempo den la vuelta al mundo. Seis años después del primer caso de Covid-19 en la Argentina, originado por el virus que se bautizó SARS-CoV-2, la cuestión de su origen está todavía en discusión. Pese a la convicción de muchos investigadores de que se produjo un salto o mutación natural del virus, quedan algunos puntos oscuros, en particular sobre qué animal fue el que intermedió para que llegara del murciélago al ser humano: una civeta o un perro mapache, o incluso un roedor como la rata de bambú. ¿Y la hipótesis de una manipulación de laboratorio que se salió de curso de manera intencional o por accidente? Casi descartada por los científicos, no por los gobiernos. “Sabemos bastante bien cómo fue el origen del SARS-CoV-2”, dice a LA NACION Edward Holmes, experto de la Universidad de Sydney, Australia. “Hay consenso entre científicos respecto de que el virus surgió en el mercado de mariscos de Huanan en Wuhan o en el comercio de animales directamente vinculado a dicho mercado, y que fue resultado del tráfico de fauna silvestre hacia la ciudad”, señala. Lo que falta saber es cuál fue el ancestro directo del SARS-CoV-2 en un animal infectado, según explica. Más de la mitad de los casos que explotaron en aquel diciembre de 2019 correspondían a personas que trabajaban o estaban relacionadas con ese mercado. Las notificaciones de casos previos a ese mes, en Italia y en Brasil, nunca se confirmaron por laboratorios independientes. “Sabemos que la fauna silvestre estaba en el mercado cuando el virus estaba allí, pero no podemos demostrar que estuviera infectada. Y ha transcurrido tanto tiempo que la probabilidad de encontrar la fuente animal directa del SARS-CoV-2 es nula. Estoy seguro de que encontraremos virus de murciélago más cercanos al SARS-CoV-2 que los que tenemos actualmente, pero obtener el ancestro directo es ahora imposible. Ha pasado demasiado tiempo”, se lamenta Holmes. Misiones especiales para descifrar el enigma Impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la investigación sobre el origen se dio en varias oleadas, como forma de terciar en la pelea política, cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hablaba de “un virus chino”. Así, se formó un equipo internacional de expertos que se propuso viajar y ver in situ la cuestión. La primera misión de este grupo en 2021 tuvo dificultades y no contó con toda la ayuda local que hubiera merecido: el mercado de Wuhan fue cerrado e higienizado el 1° de enero de 2020, por lo que se perdieron posibles trazas. La última misión del Grupo Asesor Científico sobre los Orígenes de nuevos patógenos (SAGO por sus siglas en inglés), organizada por la misma OMS, generó un informe de 78 páginas divulgado a mediados del año pasado, donde se estableció que de las cuatro hipótesis analizadas, entre ellas el escape adrede o accidental de un laboratorio, la más sustentada es la que habla de un salto natural entre especies. Pero cómo y cuándo, con exactitud, es todavía un enigma. “En términos técnicos, el origen zoonótico es la mejor hipótesis a nivel molecular y epidemiológico a través de cientos de trabajos”, afirma a LA NACION Humberto Debat, experto del INTA que participó en la iniciativa consorcio PAIS, realizó vigilancia de las variantes que llegaron a la Argentina y desde una fecha tan temprana como el 10 de enero de 2020, estudiaba la secuencia genómica del coronavirus. “Además de lo genético, vemos el contexto evolutivo y es un virus que se parece a otros 200 coronavirus que conviven con los murciélagos y tiene la secuencia típica de estos”, indica. Esto mismo fue lo que advirtieron en tiempo real cuando observaban las modificaciones que hacían que variantes del virus original de Wuhan, como Delta u Ómicron, fueran más o menos contagiosas o letales por la simple circulación. “Todo lo que sucedió con el virus puede suceder y ha sucedido sin intervención humana deliberada”, concluye Debat, a seis años de aquella catástrofe sanitaria que provocó la muerte de más de 20 millones de personas en el mundo y de alrededor de 130.000 solo en la Argentina. La pulseada política En abril de 2025, en un reporte titulado “Prevención, control y rastreo del origen del Covid-19: acciones y postura de China”, el gobierno de ese país señaló que el virus ya circulaba en Estados Unidos antes de la explosión de casos en Wuhan, y pasó la pelota a su contrincante mundial: “Hay pruebas sustanciales que sugieren que el Covid-19 podría haber surgido en Estados Unidos antes de lo que se afirma oficialmente y antes del brote en China”. Es más, consignó que la acusación contra China era parte de un operativo de distracción. Días antes del informe, el gobierno norteamericano había presentado una nueva versión del sitio web de la Casa Blanca sobre el Covid-19, donde aseguraba que el virus se había filtrado de un laboratorio chino y apuntaba al médico Anthony Fauci, asesor del expresidente Joe Biden, y a la OMS como corresponsables del desastre. Pero ninguna de las partes aportó pruebas. Sin embargo, lo que genera espacio para que los amantes de las teorías conspirativas puedan argumentar es que el SAGO pidió datos a las agencias secretas de Estados Unidos, China y Alemania, que también investigaron y afirmaron tener información sobre el origen del virus, pero nunca respondieron. Biden mandó una misión de agentes que volvieron con las manos vacías. Más tarde, ya con Trump nuevamente como presidente, la CIA afirmó que lo más probable era que el virus hubiera salido de un laboratorio. “No creo que las agencias de inteligencia tengan nada útil que añadir; si lo tuvieran, ya sería de dominio público. No tienen pruebas irrefutables”, plantea Holmes. Y agrega que lo que buscaron esas misiones de inteligencia fue intentar demostrar una fuga de laboratorio en lugar de profundizar en la teoría del origen zoonótico natural. “Después de todos estos años de investigación, no tienen nada que apunte de forma concluyente a un origen de laboratorio para el virus, porque no hay nada”, subraya. La próxima pandemia El hecho de que los gobiernos no se hagan cargo de la evidencia científica y prefieran las acusaciones cruzadas, no hace más que oscurecer el panorama para cuando llegue la próxima pandemia, que los especialistas lamentan vaticinar. Ese es el punto de vista de Holmes que, junto con otros expertos de todo el mundo, explicitó en un artículo para The Conversation: las teorías conspirativas dañan las posibilidades de una buena reacción mundial a futuro. Las hipótesis sostenidas oficialmente por la Casa Blanca son “totalmente alocadas” y las afirmaciones de China no tienen evidencia, consideran. Y eso, dicen, tiene consecuencias porque los accidentes de laboratorio como fuente de pandemias es mucho menos probable que otros, como el comercio de fauna silvestre o la interacción con la naturaleza. “La triste realidad es que la situación política actual es tan grave que, a pesar de los avances en tecnología científica, estamos en una situación peor que antes del Covid. No estoy seguro de dónde surgirá la próxima pandemia, pero un nuevo coronavirus procedente de algún lugar de Asia debe ser una posibilidad, aunque no podemos descartar otros lugares”, finaliza Holmes. Y no parece haber conciencia del hecho en los responsables de las potencias.