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Milei y el riesgo político de una economía de “influencers”

2026-03-24 - 03:10

En lo económico, los logros que tiene el Gobierno no llegan a dominar la percepción pública. En lo político, el affaire Adorni va tomando la forma del modelo Espert y el caso $LIBRA suma capas geológicas que arrinconan a la gestión libertaria en un silencio atípico para su modus operandi. La economía de influencers basada en la “monetización” de “la presencia” pone en evidencia problemas estructurales de la visión política mileísta y, por el momento, deja sin palabras al Gobierno: llevar esa lógica al sillón de Rivadavia es uno de los legados más opacos que se empiezan a consolidar en la administración libertaria. Sobre esa doble dificultad, la oposición más dura se ilusiona con encontrar una posibilidad de recuperación y regreso al ruedo. Como en 2025 después del triunfo de Kicillof en las elecciones legislativas de la provincia de Buenos Aires, la esfera kirchnerista y filokirchnerista recupera autoestima y pelea palmo a palmo la hegemonía de la verdad política: desde esa orilla, la certeza es que el balance del modelo Milei da negativo y que los argentinos están cada vez más lejos de la promesa libertaria. El desempleo y el conteo de empresas cerradas, por un lado, y el affaire Adorni y el caso $LIBRA, por el otro, dan letra a esa versión. La promesa mileísta, ¿en pie o no? Con ese horizonte, la cuestión clave es: ¿se agota ahí la percepción de la gente respecto de la gestión Milei? ¿O el mileísmo en el poder todavía conserva una productividad que las corrientes subterráneas de la opinión pública y de la vida material de las personas registran, a pesar de todo? ¿Qué tendencia se consolida? Desde el lado de la oposición, hay convencimiento de que la tendencia es negativa. ¿Es un efecto cámara de eco cada vez que el Gobierno entra en una mala racha? Es decir, ¿es una ilusión óptica opositora que ve un cambio profundo en la percepción de la gente? ¿O en realidad podría tratarse de un fenómeno coyuntural que el mileísmo será capaz de encarrilar? ¿Ese autoconvencimiento de la oposición está captando novedades en la preferencias de la gente, que estaría empezando a quitarle apoyo a Milei? Esa certeza se impuso en el camino a la elección nacional de octubre, el año pasado, hasta que el equipo económico mileísta dio el volantazo necesario, de la mano de Trump-Bessent, y repuso la hegemonía electoral libertaria, inclusive en la provincia de Buenos Aires. En noviembre, las expectativas de la oposición dura, desde el kirchnerismo a la izquierda, volvieron a recuperarse por otro triunfo, esta vez más lejano: el éxito electoral del demócrata socialista Zhoran Mamdani en Nueva York. El kirchnerismo y la izquierda vivieron esa victoria como propia: le devolvió algo de vitalidad a la ilusión opositora de que se puede volver atrás en el tiempo. “Que en el corazón del capitalismo un candidato que se reivindica socialista es muy alentador”, dijo por entonces Nicolás Del Caño. Las encuestas de las últimas semanas avalan la idea de un mileísmo algo machucado. El Índice de Confianza del Consumidor (ICC) que elabora la Universidad Di Tella mostró datos preocupantes para el Gobierno. En marzo, el ICC cayó 5,30% respecto de febrero, nada menos. Y en la comparación interanual, también hay malas noticias para el Gobierno: una caída del 4,73% respecto a marzo de 2024. Desde enero de 2025, el ICC acumula 11,29% de caída. “Por subíndices, todos los componentes del ICC mostraron variaciones mensuales negativas”, dice el informe de Di Tella. “Situación personal” tuvo la caída más empinada: un bajón de 8,23% respecto a febrero. En Casa Rosada miran el ICC con atención: es uno de los índices más confiables respecto de la percepción pública y la marcha de los gobiernos. Suele correlacionar prolijamente con los resultados electorales. ¿La caída interanual confirma la interpretación opositora, o hay espacio en el mundo privado de las personas para seguir confiando en el Gobierno? “Heterogeneidad”, la palabra del momento La gestión libertaria enfrenta hoy dos problemas estructurales: uno, el desafío macroeconómico; el otro, las sospechas de corrupción. El primero era esperable y la opinión pública viene haciendo esa concesión: el problema de la inflación es endémico en la Argentina y el legado kirchnerista justifica esa paciencia ante un gobierno que intenta salir de ese atolladero, aunque está costando, y en el camino nacen nuevas deudas. Pero el segundo problema, el de la corrupción, era impensado para una gestión libertaria y sus promesas purificadoras: en ese caso, hay sorpresa y condena. Paradójicamente, la macroeconomía, que históricamente condicionó el destino de los gobiernos, todavía da oportunidades a Milei. Eso es un datazo: a pesar de las dificultades, el gobierno mileísta parece está mejor dotado para enfrentar el laberinto de la macroeconomía, que siempre fue el obstáculo insuperable, que para encontrarle la vuelta al callejón sin salida donde se agolpan las sospechas de corrupción. La dificultad para domar la macro es más comprensible que la comisión de actos de corrupción. “Heterogeneidad” es la palabra del momento: sintetiza los logros que puede mostrar el Gobierno y al mismo tiempo, los cuestionamientos y nuevas deudas que puede subrayar la oposición. A la hora de debatir sobre la macro, el Gobierno deja el silencio de lado: se multiplican los voceros. Hay datos positivos que el Gobierno puede esgrimir, y lo hace. De hecho, la semana pasada, Luis Caputo hizo gestión de buenas noticias: suba del 4,4% interanual del PBI, aumento de la inversión privada en 16,4%; 7,9% del consumo privado y 7,6% de aumento de exportaciones. Caputo destacó el crecimiento de la actividad respecto de 2024 en dos sectores, sobre todo: hoteles y restaurantes, un aumento del 7,4%, y construcción, un aumento del 4,3%. No es casual ese subrayado: la vida nocturna, con un alerta sobre restaurantes vacíos, suele ser argumento fuerte en voces opositoras. También el sector de la construcción, que es clave en el movimiento de la economía. Pero la “heterogeneidad” de la marcha económica también mostró su cara más negativa. Una encuesta de Trespuntozero expone que el 43% de los argentinos está preocupado por la caída del salario real, ya no de la inflación. Por otro lado, el desempleo de 7,5% en 2025, le dio la razón a la oposición dura, y también a los observadores independientes, que alertan sobre un parate de la economía en algunos sectores, a pesar de datos estadísticos generales positivos. Es interesante el efecto de ese dato, que el Indec publicó el martes de la semana pasada. Antes de que se conociera, la percepción jugaba a favor del Gobierno que pudo hacer un balance positivo del tema empleo mientras no estuvo el dato actualizado: podía argumentar que caía el empleo formal privado pero aumentaba el trabajo informal, y el desempleo se mantenía constante en torno a 6 puntos por esa opción informal. El nuevo dato pulverizó ese argumento. En 2023, el sociólogo Pablo Semán percibió con claridad la llegada del fenómeno Milei y su capacidad de permear en sectores pobres, tradicionalmente peronistas. Ahora ve otra cosa: “En los segmentos de la clase media baja empieza a advertirse la misma falta de futuro que en la parte más pobre de los sectores populares”, sostuvo en Panamá Revista. El endeudamiento de las familias, que preocupa al Gobierno, también está en el eje de su análisis: “Al tiempo acelerado y consumido por las múltiples, y cada vez menos rendidoras ocupaciones, se le suma el flashback maldito del horizonte de tiempo invertido: deudas a pagar mañana para salvar deudas de ayer para pagar consumos de antes de ayer”. El pragmatismo del equipo económico empieza a atender la demanda de reactivación de la economía. A pesar de los desafíos que representa la macro argentina, el mayor problema del mileísmo está en el frente de los intangibles. La economía de “influencers” La sombra más difícil de disipar está en los casos Adorni y $LIBRA. Por un lado, un modelo de patrimonialismo de Estado y de arribismo y movilidad social ascendente veloz y sospechosa encarnado por una figura central del modelo mileísta. Por el otro, la economía de influencers en su versión más prosaica: la monetización de “la presencia” con la matriz del “rebusque” y sin registro alguno del conflicto de intereses entre lo público y lo privado. El caso Adorni todavía está abierto. Con el correr de los días se verá si cumple, finalmente, con todos los pasos del caso Espert: primero, la etapa de negación, minimización y apoyo incondicional. Segundo, la aparición gradual de nuevos datos que convierten a las explicaciones del protagonista en faltas a la verdad. Tercero, las dudas crecientes en el Gobierno sobre la viabilidad de su continuidad. Cuarto, la salida del Gobierno. Fin. El caso $LIBRA y el silencio estratégico del oficialismo es toda una señal de las implicancias complejas que esa investigación judicial tiene para el Gobierno. Está claro que no alcanza con posteos iracundos para desmantelar esa versión. Ese caso es más bien la punta de un iceberg: una concepción demasiado simplista de la potencia del capital privado y de su derecho a producir riqueza con libertad. La contracara es una falta de comprensión de los límites de la esfera privada y de ese derecho cuando sus protagonistas saltan a la esfera pública. La monetización de la figura presidencial no cae en la lógica de un acuerdo entre privados. El intangible presidencial no es una mercancía a ser usufructuada por personas de carne y hueso aunque una de ellas coincida con la figura que lleva la banda presidencial. Ése es un riesgo del mileísmo en el poder: la confusión entre las posiciones del Estado con oportunidades para negocios privados, todo revestido de una filosofía demasiado ligera sobre la lógica de la propiedad privada y la libertad económica de los particulares.

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