Milei se refugia en su núcleo duro y contraataca
2026-03-27 - 00:50
La escena se repite. El Gobierno se abroquela y le habla a su núcleo duro a la espera de que entren dólares y cambie el clima. Otra vez, una administración en problemas construye enemigos, intenta ganar tiempo y apuesta a una cosecha récord. “Nos pusieron en el lugar del gato encerrado y ante cada ataque va a haber un contraataque. No esperen otra cosa. Los nuestros aguantan y no solo no les molesta, sino que le gusta que salgamos a pegar. El resto de los votantes agregados va a volver si nos va bien y mejora la economía, como estamos seguros que va a empezar a pasar a partir del segundo semestre “, dice un karinista leal. La esperanza puesta en los brotes verdes vuelve recargada. De esa forma explican y justifican en el oficialismo la agresividad en las respuestas de Manuel Adorni en la conferencia de prensa, así como la (muy poco espontánea) ola de apoyos de parte del Presidente, de todo el Gabinete y de segundas, terceras y cuartas líneas de todas (o casi todas) las tribus mileístas. Es la orden (indiscutible, como siempre) que bajó tácita y explícitamente desde el primer piso de la Casa Rosada. Lo que Adorni no contestó en su conferencia: el nuevo departamento, la casa en Indio Cua y un viaje que no le facturaron Debajo de esa cohesión aparente, sin embargo, asoma el agnosticismo de varios. Como señaló un mordaz oficialista de la primera hora, “más que un Adorni, lo que tenemos es un jarrón chino”. La ironía implica y explica la pregunta que en voz baja se hacen algunos en la Casa Rosada y en el Congreso respecto de qué es lo más conveniente hacer en estos momentos con el jefe de Gabinete. El dilema sobre el costo de sostenerlo o correrlo de la escena y del cargo, adquirió más densidad después de que activistas, consejeros influyentes y hasta comunicadores filogubernamentales se atrevieran a hacer públicos sus reclamos, consejos o sugerencias para que Adorni dé un paso al costado. Todo se aceleró luego de su cuestionada (y cuestionable) presentación ante los periodistas acreditados en la Casa Rosada, así como después de la aparición de nuevas inconsistencias en sus declaraciones patrimoniales y respecto del pago del viaje en avión privado a Punta del Este. La presentación ante la Justicia del piloto que facturó el viaje no pareció ayudarlo. La falta de respuestas precisas y documentadas a las preguntas periodísticas más elementales, el refugio en el “voy a responder ante la Justicia”, gastado comodín de cualquier acusado, y la altanería con la que el jefe de Gabinete destrató a los representantes de la prensa (“apenas” periodistas), provocaron un recrudecimiento de críticas externas y, también, internas. También esa presentación en la Casa Rosada fue un disparador de la orden superior de sostener al jefe de los ministros en problemas. Una señal de lo fallido que resultó el intento de salir del atolladero. El apoyo tuvo su máxima expresión en la descalificante publicación del propio Javier Milei inmediatamente después del show de la gambeta (torpe) del jefe de Gabinete. Sin mencionar expresamente a los periodistas, pero sin dudas aludiendo a ellos, el Presidente volvió a caer en la imputación a los cuestionadores de padecer deficiencias cognitivas. Un inquietante patrón de conducta. La posterior sucesión hiperkinética de reuniones, con selfies incluidas, de Adorni con al menos cuatro ministros completó “la operación rescate”, aunque las reacciones no parecieron haber logrado cambiar el eje de la conversación pública. Las medidas por tomar que leyó anteayer desde el atril y los temas tratados con esos funcionarios no movieron el rating ni lograron ser tendencia en los portales y redes sociales. La ausencia de anuncios de medidas económicas ayudó al deslave. “Perdimos un candidato, pero nos queda un gran pararrayos. Ahora, Manuel se lleva todas descargas”, rescata con no poco cinismo un funcionario del mileísmo puro. Tal vez no le falte razón, aunque muchos se preguntan, incluso dentro del oficialismo, si queda un jefe de Gabinete en condiciones de ejercer su función, no ya bajo estándares de alta eficiencia sino al menos como lo venía haciendo desde hace cuatro meses, cuando asumió en reemplazo de Guillermo Francos, al que no pocos opositores y oficialistas extrañan. De la parte medio llena del vaso, en el oficialismo celebran que el affaire de los viajes, los gastos suntuarios y los bienes del jefe de Gabinete haya desplazado del centro de la agenda la interminable sucesión de revelaciones del escándalo $LIBRA, que dejan en una posición cada vez complicada al Presidente y a su hermana, la secretaria General de la Presidencia. La mejor mala opción Las encuestas reafirman la preeminencia del affaire Adorni por sobre el caso de la fraudulenta criptomoneda. Aunque también se advierte que los actos del jefe de Gabinete empezaron a hacer mella en la imagen del Gobierno y en la del propio Presidente. En momentos de crisis muchas veces solo queda elegir la mejor mala opción. De todas maneras, los escándalos de Adorni no tienen efectos invisibilizantes para todo. Las malas señales de la economía, que desgarran expectativas de buena parte de la sociedad, siguen siendo motivo de atención primordial. Eso a pesar de los recientes esfuerzos narrativos del oficialismo por imponer indicadores positivos en un notable esfuerzo de contabilidad creativa y agresividad discursiva ejercido tanto por el Presidente como por varios de sus principales colaboradores. Es el caso del ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, que para cuestionar los datos sobre el cierre de empresas desde que asumió Milei optó por omitir una de las categorías, como se lo hicieron notar en las redes sociales varios especialistas en estadísticas y datos económicos. El “Coloso” lo admitió, pero lo relativizó. No sorprende, entonces, que el nombre del alto funcionario, siempre dispuesto a dar batallas radicales, sea uno de los que más suena para un eventual reemplazo de Adorni, lo que, por ahora, se resisten férreamente a hacer los hermanos Milei. Aunque ya se sabe que el aire de esta Casa Rosada oxida metales con mucha rapidez. Santiago Caputo y el extinto triángulo de hierro del poder pueden dar fe. El mayor problema para el Gobierno es, por estas horas, que la vivencia personal y cotidiana de los ciudadanos suele ser, además de intransferible, inmodificable e inmune a los relatos y los fuegos de artificio. El creciente predominio en todos los sondeos de los temas económicos como principales problemas personales y nacionales lo confirma. El escenario podría agravarse si, como prevén varias consultoras de primera línea, la inflación de este mes supera el umbral del 3%. El mayor capital político del Gobierno se ha sustentado hasta ahora más en las expectativas de futuro que en las realizaciones, a excepción, precisamente, de la inflación. La esperanza es uno de los sentimientos en baja en este bimestre. “Cuando lo perceptivo genera alarmas ponemos en duda el marco discursivo. Y ya no creemos, ni nos hace reír o nos divierte lo que antes podía hacerlo”, señala el experto en comunicación de crisis Luciano Elizalde. Por eso, el profesor de la Universidad Austral sostiene que cuando la voz de una organización está cuestionada lo que se aconseja es correrla de ese lugar, sobre todo cuando sus actos representan “una disonancia con lo que se propone”. Cualquier parecido con la realidad que atraviesan Adorni y el Gobierno no es mera coincidencia. “Cuando eso no se hace denota una dinámica muy compleja de la organización, por conflictos internos y errores que se salen de control”, entiende Elizalde. La explicación conceptual de la no remoción podría ser, a su juicio, porque el Gobierno “considera que no tiene en lo inmediato un compromiso que pueda afectarlo efectivamente (no hay elecciones a la vista) y que, por el contrario, le conviene mostrar que es víctima de maniobras para perjudicarlo. Además, el costo de retenerlo o desprenderse del funcionario cuestionado no lo sabe nadie”. El manual de la política clásica puesto en acción por los excéntricos. El jarrón chino suele ser un objeto dilemático. En el mileísmo, sin embargo, no todos coinciden en que el costo (marginal y no tanto) de sostenerlo a Adorni sea cero. En varios planos. Sin banco de suplentes “Que Javier diga que estará presente cuando vaya a dar su informe al Senado el 29 de abril es una muestra de la debilidad del jefe de Gabinete tanto como un debilitamiento de la figura presidencial. Si los ministros no están para ser fusibles del Gobierno y del propio Presidente toda la instalación se pone en riesgo cuando uno de ellos entra en corto”, dice una de las personas que más conoce a Milei. Se trata de una figura que podría representar a La Libertad Avanza (LLA) en las elecciones del año próximo, dados los buenos números de imagen que muestran encuestas en manos del oficialismo. La decisión de sostener a Adorni excedería, además, a su vínculo personal con el Presidente y a que es una creación de Karina Milei, en la que el Gobierno ha invertido una buena dosis de su capital, por lo que desprenderse le resultaría costoso. También influiría fuertemente la dificultad para encontrar un reemplazante entre los propios, en condiciones de ejercer la función. Además, claro, de su condición de pararrayos en medio de la estación de tormentas eléctricas. Si es que consigue parar los rayos y no los potencia. En ese contexto, el nombre de la ministra de Capital Humano, Sandra Petovello, fiel indiscutida del Presidente, fue uno de los que circuló con insistencia en estos días en el oficialismo para ocupar la jefatura de Gabinete. Sin embargo, al menos dos personas de su estrecha confianza que dicen haber hablado con ella en las últimas horas afirman que no está dispuesta a asumir esa función o, al menos, que resistirá una eventual mudanza todo lo que pueda: “Sandra no se va del Ministerio ni loca”. Mientras tanto, el Gobierno se refugia en su núcleo duro y se aferra a la ausencia de alternativas políticas a su proyecto capaces de disputarle el favor del electorado. No obstante, el tiempo corre, el humor social muta y los actores se mueven. La demanda del exgobernador sanjuanino Sergio Uñac para que el Partido Justicialista llame a elecciones internas para definir candidaturas de cara a la presidencial del año próximo es la primera expresión de un intento de renovación, en el que no está solo él y que intenta remedar lo que iniciaron hace 41años Antonio Cafiero y Carlos Menem. Por ahora, poco más que una quimera. Pero por algo se empieza. El intento de anticipar postulaciones implica, además, una admisión de la debilidad del peronismo actual y anticipa la ilusión de construir un frente más amplio con otras fuerzas que dirima su representación definitiva en unas primarias. Falta mucho aún y es apenas el comienzo de un camino incierto. El Gobierno, en tanto, se ilusiona con su recuperación, sin tener que hacer cambios en el equipo titular. Y se encomienda a una cosecha récord. Como otros que lo precedieron. Aunque sea y se vea distinto.