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Michelle Pfeiffer: de “un hogar impredecible” a “bomba sexy”, contratos millonarios y el reconocimiento de Hollywood

2026-03-16 - 21:03

Imaginen a una adolescente rubia nacida en la soleada California que trabaja de cajera en un supermercado y decide convertirse en actriz, aunque no conoce absolutamente a nadie del mundo del espectáculo, así que se anota en un concurso de belleza para captar la atención de los representantes. Y gana. Al año, ya aparece en la tele en comerciales de jabón y le ofrecen papeles de bomba sexy. Después llegan las películas, buenas y no tan buenas. Y llegan los contratos millonarios, las tapas de revista y las nominaciones a diversos premios. Cada tanto, se aleja del ambiente un par de años para cuidar a sus hijos. Pasa una década, después otra. Ahora ya es abuela, pero sigue siendo amada y deseada por su público, y puede elegir con cuidado los papeles que le ofrecen, que siguen siendo ricos y profundos. Ya se puede relajar, tranquila y segura de su éxito y su talento. Pero no, porque hablamos de Michelle Pfeiffer, que a los 67 años está más activa que nunca, una reina de la pantalla grande que acaba de reinventarse una vez más, ahora como estrella de la pantalla chica, y que sigue teniendo una relación ambigua con su trabajo y con su carrera. Pfeiffer casi no ha participado en series de televisión desde la década de 1970, pero este año tiene dos: The Madison, un lacrimógeno drama de Taylor Sheridan que se estrenó el sábado en Paramount+, y Margo’s Got Money Troubles, una tierna y disparatada comedia dramática que se estrena el 15 de abril en Apple TV. En ambas puede verse a una actriz con un dominio absoluto de sus habilidades artísticas. Y ambas le provocan la misma ansiedad de siempre. “Cada vez que abordo un papel siento una especie de inquietud porque nunca sé del todo cómo lo voy a encarar”, dice Pfieffer con un dejo de culpa. “Me encantaría poder superar ese tipo de sensaciones”. Porque para Pfieffer, “sobrevolar” los roles que le ofrecen no es una opción. “Por eso es la actriz que es”, apunta Christina Alexandra Voros, directora de todos los episodios de The Madison. “No adoptó una actitud cómoda en ningún papel que haya interpretado en su carrera”. Tras casi cinco décadas en la profesión, Pfeiffer intenta, vacilante, incorporar hábitos diferentes: soltarse un poco más, sumergirse menos en sus papeles, resistir la tendencia a obsesionarse con los personajes que interpreta. “Eso no es sano”, dice. Sin embargo, es la única forma que conoce, y parece sincera cuando dice que quiere dejar atrás su perfeccionismo y que al mismo tiempo se siente insegura de lo que podría pasarle como persona y como actriz. Ansiedad Me encontré con Pfieffer para esta entrevista en un modesto restaurante de Santa Mónica, California, y como estaba casi vacío, la actriz pudo disfrutar del relativo anonimato que tanto le gusta. Mis ojos tardaron un poco en acostumbrarse a la penumbra y más en acostumbrarse a Pfeiffer, cuya belleza aturde y enceguece, como mirar al sol de frente. Pfeiffer nunca se sintió cómoda explotando su belleza. Tampoco se siente cómoda con la prensa. Tolera las entrevistas mejor que antes, sobre todo las que tienen que ver con Henry Rose, su marca de perfumes. De todos modos, hablar de su trabajo con un desconocido es casi un tormento. “Es un tema emocional”, dice. “Empiezo a sentir ansiedad por la exposición pública”. Responde a las preguntas con una sinceridad que parece genuina, y también es palpable su timidez. Inspira ganas de protegerla, aunque una estrella como ella, que ha interpretado a Gatúbela, claramente no necesita protección. Nunca me había sentado frente a alguien que combinara tanta fuerza y ​​tanta fragilidad a la vez. Si la belleza explica parte de la fascinación que ejerce en la pantalla, aún más cautivadora es la tensión emotiva que transmite a muchos de sus personajes, a los que siente profundamente por más que intente ocultar y reprimir esos sentimientos. Pfieffer empezó a actuar desde muy joven. De niña, en lo que ella misma describe como “un hogar impredecible”, actuaba su propia personalidad, comportándose de maneras que creía que la mantendrían a salvo. En muchas de sus mejores actuaciones —en Relaciones peligrosas (1988) o Los fabulosos Baker Boys (1989), por ejemplo— se esconde el estado de alerta infantil y el miedo a ser herido. La maternidad y la felicidad Su actitud hacia el trabajo siempre ha sido una danza de acercamiento y escape. Después de esos explosivos primeros años, era muy cuidadosa con los papeles que interpretaba. (Un agente la apodaba “Dra. No”.) Para la década del 2000, ya casada con el prolífico escritor y productor David E. Kelley y madre de dos niños pequeños, se volvió aún más cautelosa, rechazando ofertas que interfirieran con la vida familiar. Amaba la maternidad y agradecía que mitigara su tendencia a obsesionarse con su trabajo. “La maternidad te obliga a dejar de lado el narcisismo”, dice. “Cuando fui madre empecé a ser mucho más feliz”. Cuando sus dos hijos ingresaron a la universidad, ella volvió de lleno a la actuación. Ya antes había recibido ofertas, la mayoría poco atractivas: “madrastra malvada o papeles que simplemente resultaban muy degradantes para la mujer”, recuerda. Pero ahora había algunas que le gustaban más. En 2017, consiguió su primer papel importante en televisión en varias décadas, como Ruth Madoff, la esposa del estafador financiero convicto Bernie Madoff, en la película de HBO El mago de las mentiras. Rápidamente le llovieron las ofertas. ¿Por qué volver cuando tenía sentimientos tan encontrados sobre la industria y la forma en que trata a las mujeres, especialmente a las mayores? Porque si bien la maternidad ha sido un respiro del trabajo, el trabajo también lo ha sido de las preocupaciones de una mente hiperactiva. “El trabajo ha sido un gran regalo y me ha ayudado a superar muchas cosas”, dice. “Es muy simple: cuando estoy ocupada me siento mejor”. Y ahora está muy ocupada, sobre todo en The Madison, que Sheridan escribió específicamente para ella. “Necesitaba una mujer con verdadera fuerza interior, así como con una profunda fuente de energía emocional”, dice Sheridan, consultado para esta nota. Y Pfeiffer lo tenía. Allí Pfeiffer interpreta a Stacy Clyburn, la matriarca de un adinerado clan de Manhattan que se muda a Montana tras una tragedia personal. Tanto la actriz como su personaje se describen a sí mismas como ratones de ciudad, y ambas disfrutan de un largo y amoroso matrimonio. Pero Pfeiffer tuvo dificultades con el papel. Por lo general, ella empieza a construir sus personajes buscando un hilo conductor que los conecte con su propia vida. Pero con la mimada Stacy, que aprende a ser autosuficiente en pijama de seda, le costó mucho encontrar ese hilo. ¿Le costaba de verdad o el que hablaba era su obsesivo perfeccionismo? Lo cierto es que algunos de sus coprotagonistas la notaron mucho más suelta. Una mirada “que desarma” Beau Garrett y Elle Chapman, que interpretan a las hijas de Stacy, se maravillaron de la naturalidad y seguridad de Pfeiffer en el set. “Tiene gravedad propia”, apunta Garrett. “La gente simplemente se tranquiliza cuando ella está presente”, y agrega que fue un privilegio que Pfeiffer le gritara en las tensas escenas familiares. Chapman dice algo parecido. “Tiene una mirada que te desarma”, dice Chapman con admiración. Pero la naturalidad no surge de forma natural, o al menos no del todo. Kurt Russell, quien interpreta al esposo de Stacy, ya había trabajado con Pfeiffer en Traición al amanecer, un dudoso thriller de 1988. “Lo que hace parece fácil, pero no lo es en absoluto”, dijo Russell en una entrevista. Sheridan también ve el precio que paga la actriz. “Sinceramente, no sé cómo hace Michelle para acceder a ese nivel de emoción toma tras toma, día tras día”, señala. “Una actriz de su talento y habilidad podría haber sacado cualquier truco de la galera, pero no lo hizo. Ni una sola vez. Se obligó a sí misma a aceptar el sufrimiento del personaje”. De The Madison se rodaron dos temporadas de seis episodios cada una, con un año de diferencia. En ese entretiempo, Pfeiffer rodó la primera temporada de Margo’s Got Money Troubles, basada en la célebre novela de Rufi Thorpe. La serie trata sobre una joven, Margo (Elle Fanning), que queda embarazada inesperadamente y empieza a ganarse la vida como “cam girl”, esas jóvenes que hacen presentaciones eróticas frente a una cámara web para clientes por internet. Pfeiffer interpreta a Shyanne, la madre de Margo, una excamarera de Hooters ahora comprometida con un pastor. Regreso a la TV Volvió a la televisión por decisión propia. Cuando se casó con Kelley, en 1993, aparecer en una serie habría sido una vergüenza profesional: la televisión era el dominio de su marido. Además, dice Pfeiffer: “Cuando llego a casa del trabajo después de un mal día, quiero que él esté de mi lado, quiero que crea mi versión de lo que pasó”. Y eso prevalecía sobre las ganas de trabajar juntos. Pero la televisión ya no es el declive de antes. Y cuando Kelley leyó la novela, supo que para Shyanne necesitaba una actriz que pudiera ser a la vez despreciable y adorable, que fuese creíble cuando dijera frases como “Soy pésima en todo menos en ser linda”, y que pudiera inspirar compasión incluso cuando causa disgusto. “La verdad que no me imaginaba a ninguna otra actriz interpretando a Shyanne”, dice Kelley. En el libro, Shyanne aparece solo brevemente, así que Pfeiffer aceptó sin saber que el papel se ampliaría para incluir escenas de humillación en un shopping y travesuras en despedidas de soltera. Si bien la elegancia de Stacy en The Madison le costó mucho, el cuero sintético y la determinación de Shyanne estaban más cerca de su personalidad. Pfeiffer, quien creció en el condado de Orange, no lejos de donde vive Shyanne, conoció a mucha gente como ella, mujeres a las que en la vida les tocaron malas cartas y las aprovecharon lo mejor que pudieron. “No me costó mucho ponerme en su lugar”, dice Pfeiffer. Fanning, quien trabajó por primera vez con Pfeiffer en el dramón de 2001 Yo soy Sam, quedó maravillada “con el asombroso equilibrio entre fuerza y vulnerabilidad” que Pfeiffer le aportó al papel, además de su don para la espontaneidad. “Cuando ves a Michelle, nunca sabés cómo va a actuar”, dijo Fanning para esta nota. Pfeiffer está satisfecha con estas últimas series, o al menos tan satisfecha como permite sentirse. (Y Kelley confirma que, hasta ahora, su matrimonio ha sobrevivido). Antes, Pfieffer se hundía en sus papeles hasta desaparecer. Pero esta vez, como tenía que ir y venir entre dos proyectos y tomarse tiempo para visitar a su esposo, su hija y su nieta, no pudo hacer su habitual acto de desaparición. Pero no cree que su trabajo se haya resentido por eso. “Para sobrevivir en esta profesión tenés que encontrar la manera de trabajar y disfrutar de la vida sin desaparecer”, dice y parece estar segura. Pero eso fue hacia el final de la entrevista, y ya se había expuesto bastante. Pocos minutos después, Michelle Pfeiffer se escabulló de la sombra del restaurante y salió a la luz del sol. (Traducción de Jaime Arrambide)

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