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Martín Rappallini: “Primero hay que bajar el costo argentino y que sea el mercado el que decida qué sector industrial sobrevive, no el Gobierno”

2026-03-08 - 03:14

“Se plantea un debate liberal, pero desde el Gobierno se quiere decir este sector sí, este sector no”, cuestiona. “En el precio final de un producto en la Argentina, el 50 por ciento o más es el peso del Estado y otras distorsiones”, afirma. “No me parece justo que un país renuncie a no tener determinados sectores por culpa del peso del Estado”, señala. “Nosotros, los industriales, no somos responsables de las distorsiones; nosotros no creamos las SIRA”, destaca. “El mensaje de la UIA desde hace dos años es ‘liberame la cancha’”, resume. “Veníamos de una economía inflacionaria cerrada y todo el sector empresario se adaptó a ese funcionamiento. Ahora estamos en un proceso distinto: se baja la inflación, hay una apertura a la competencia y una integración mundial. En este camino, los empresarios estamos haciendo el esfuerzo y el Estado, también”, señala. “Esta es una transición y todos tenemos que ir acomodándonos a los precios y a las calidades internacionales. Es un camino que tenemos que transitar”, reconoce. “Veníamos de una economía inflacionaria cerrada y todo el sector empresario se adaptó a ese funcionamiento. Ahora estamos en un proceso distinto: se baja la inflación, hay una apertura a la competencia y una integración mundial. En este camino, los empresarios estamos haciendo el esfuerzo y el Estado, también” “Ahora, también tenemos que darle las condiciones a nuestras empresas para que puedan estar a la altura. Éste es el punto porque hoy seguimos conviviendo con las distorsiones del pasado”, insiste. “Nosotros estamos tomando ese guante y queremos ser parte de la solución, pero queremos igualdad de condiciones, lo que venimos planteando desde el año pasado”, dice. “La UIA no habla de no querer competir. En ningún momento hablamos de cerrar la economía. Sí recalcamos todo el tiempo que hay que darle la posibilidad al productor nacional de que pueda ofrecerle a la sociedad productos de calidad y precio”, aclara. “Es importante que exista el tejido empresario que tiene la Argentina para afrontar esta nueva etapa porque el Gobierno está planteando que el sector privado es el que tiene que ser el motor del futuro”, analiza. “La integración implica la exigencia de darle al productor local las condiciones necesarias. No es protección: hay que bajar los impuestos porque hay que integrarse al mundo”, razona. “Si para disciplinar los precios, se toma el camino de la apertura solamente, es un atajo”, advierte. “Las distorsiones van encareciendo las cadenas de valor que termina en precios que la sociedad no quiere, y que nosotros tampoco queremos”, afirma. “En la UIA, desde hace ya un año, estamos planteando que el gran desafío que tiene la industria es darle al consumidor final precios y calidad internacional”, agrega. “Creemos que es posible generar las cuatro cosas: productos de calidad, con precio y también, empleo e industria”, aclara. “La única manera de hacer política industrial, de lo que tanto se habla, es dándole competitividad a nuestras industrias, o sea, bajando el costo argentino”, subraya. “Hay que entender que las distorsiones que se generan van a precio. Ésta es la gran transición de una economía inflacionaria a una economía estable. Antes se cortaba una calle, se tomaba una planta y nadie conectaba que todo eso terminaba en los precios”, sostiene. “Esto también es un mensaje al Gobierno anterior. Se hablaba de generar una industria, pero es imposible tener una industria sin tener en cuenta las condiciones globales”, critica. “No hay país en el mundo que le cobre impuestos al que exporta, pero en 2013, la Argentina aumentó las retenciones a todos los bienes industriales y después se dice que queremos valor agregado: se graba la exportación industrial cuando, al contrario, todo el mundo trata de darle reintegros casi todos”, plantea y agrega: “Desde China para acá, todo el mundo le da reintegros a las exportaciones industriales. En cambio, acá las grabábamos”, compara. “La integración global implica darle al productor local las condiciones necesarias. No es protección: hay que bajar los impuestos porque hay que integrarse al mundo”, precisa. “En el mundo, las empresas que tienen mayor integración mundial son las medianas y grandes, pero las chiquitas también forman parte de esa cadena de valor que es todo el proceso industrial”, explica. “La inflación de los últimos dos años, todo lo que es el Índice de Productos Industriales, el IPIN, aumentó un 100 por ciento cuando la inflación fue de 270, y los servicios subieron un 300 por ciento”, subraya y sigue: “La industria hizo el gran esfuerzo, fue el gran ancla de precios. En esta etapa que viene, esta rebaja tiene que ser para el sector transable, que está sometido a la competencia internacional”, dice. “El sector industrial es un sector transable: competimos con el mundo. Tenemos que adaptarnos a las condiciones globales. Si no, estás dejando de producir algo porque hay un Estado que cobra impuestos altos o hay una tasa de interés más alta”, concluye. El presidente de la Unión Industrial Argentina, Martín Rappallini, estuvo en La Repregunta. Rappallini es abogado y empresario industrial: es dueño del Grupo Alberdi, con inversiones en cerámicos y revestimientos, y también en minería. Es socio del Proyecto San Jorge que explotará cobre en Mendoza, en el marco del RIGI. Milei y la industria argentina. “Vieja industria” vs. industria pesada: ¿la nueva matriz productiva? Política industrial mileísta, ¿más dirigista que libertaria? Shock de apertura o proteccionismo, ¿atajos innecesarios? Costo argentino vs. condiciones de competitividad global: ¿qué espera la industria argentina? La mejor política industrial, ¿la que primero nivela la cancha? La industria argentina, ¿puede ser competitiva? Rappallini hizo su análisis. Aquí, la entrevista completa. Industria argentina. ¿Cuánto pesa en el PBI? ¿Cuánto distorsiona el costo argentino? -La semana pasada, tanto la Unión Industrial Argentina (UIA) como la Asociación de Empresarios Argentinos (AEA) lanzaron sendos comunicados para establecer una posición en el debate en torno a la industria argentina. Hablaron del respeto que debe darse en este debate y también de otras cuestiones. ¿Cuál cuestión pesa más? ¿La del respeto en el diálogo o las otras cuestiones que señalaron en el comunicado? -Lo más importante es el valor estratégico de la industria. Por eso el título del comunicado: no hay industria sin nación... -Sin industria no hay nación. -Y esto es fundamental. -Es una cita de Carlos Pellegrini. -Sí, exactamente, es una cita de Carlos Pellegrini. Somos parte de la solución. La industria, representa el 19 por ciento del PBI de la Argentina y también el 27 por ciento de la recaudación. Quiere decir que nosotros, la industria, aportamos más de lo que participamos en la economía en general. Y por otro lado, somos el 20 por ciento del empleo: aproximadamente 1.200.000 trabajadores. Además, hay que sumar todo el empleo indirecto que genera la industria, que está en torno a 2 millones y medio más de empleo. Es decir, entre 3.000.600 y 4 millones de trabajadores dependen de la industria directa o indirectamente. -Esa descripción destaca los valores positivos de la industria argentina y de su peso en la matriz económica argentina. ¿Cómo se conjuga con los precios de los bienes en la Argentina? ¿Cuánta responsabilidad tiene el sector industrial argentino sobre los precios que los consumidores sienten excesivos comparados con otros países? -Es un punto muy interesante. Lo que hay que analizar es que en el precio final de un producto, en la Argentina, el 50 por ciento o más es el peso del Estado y de otras distorsiones. Cuando un producto llega al consumidor, pasó por muchas etapas. En esas etapas, pesan todas las distorsiones, el costo financiero, el costo logístico, el costo laboral, el costo impositivo. Esas distorsiones van encareciendo las cadenas de valor que termina en precios que la sociedad no quiere, y que nosotros tampoco queremos. Por eso en la UIA, desde hace ya un año, estamos planteando que el gran desafío que tiene la industria es darle al consumidor final precios y calidad internacional. Ése es el gran desafío y es la única manera de tener una industria sustentable. Hay otro tema: en el debate, se plantea una especie de dicotomía o de contradicción: si queremos precios y calidad no podemos tener ni empleo ni industria. Nosotros, en cambio, creemos que es posible generar las cuatro cosas: productos de calidad, con precio y también, empleo e industria. Pero hay que remover las distorsiones que se fueron construyendo a través del tiempo, que recién señalaba: impositivos, costo del dinero, cuestiones laborales. Todo este año, hemos sido partícipes de todas las medidas y todos los cambios estructurales que quiere el Gobierno. En relación a la reforma laboral, fuimos activos participantes en el Concejo de Mayo, inclusive hasta último momento, con los últimos cambios. Y eso porque creemos que la única manera de hacer política industrial, de lo que tanto se habla, es dándole competitividad a nuestras industrias, o sea, bajando el costo argentino. Ecosistema industrial. ¿Trabado por los cambios políticos? -Hay muchas cosas para plantear. Me interesa este primer panorama que usted da desde la UIA y desde su perspectiva de empresario industrial que, además, es dirigente en la UIA. Ahora, hay un dato interesante que obliga a trazar distinciones en ese panorama industrial entre grandes empresas y pequeñas y medianas empresas, y las nano empresas. El dato es éste: el 90 por ciento de las empresas exportadoras son Pymes, pero sólo concentran el 18 por ciento del valor total de exportaciones de bienes. La cuestión es: en esa heterogeneidad del sector industrial, ¿hay sectores de la industria que en realidad tienen problemas de competitividad, que deberían plantearse con honestidad basada en los números, los costos y los beneficios si es posible seguir adelante en un nuevo panorama económico global y nacional? ¿Hay sectores que pueden sobrevivir y otros no? ¿Cuál es el análisis? -Los ecosistemas industriales funcionan igual en todos los países del mundo, en Italia, Alemania, Brasil, México, todos los países. Hay un 2 o 3 por ciento de empresas grandes, un 10 o 15 por ciento de empresas medianas y después, todas Pymes que forman parte de la cadena de valor. Es el funcionamiento empresario normal en cualquier país del mundo. Hay que tratar de que cada segmento y cada nivel de empresa sea competitivo en la exigencia que enfrentan. Muchas empresas chicas dan servicios a las grandes, proveen productos, embalajes, todo tipo de insumos para la empresa mediana y grande, que es la que exporta, como decías. En general, en el mundo, las empresas que tienen mayor integración mundial son las medianas y grandes, pero las chiquitas también forman parte de esa cadena de valor que es todo el proceso industrial. “Las distorsiones van encareciendo las cadenas de valor que termina en precios que la sociedad no quiere, y que nosotros tampoco queremos” -Ahora, uno de los debates que se dio en los últimos tiempos en relación a la industria argentina tuvo que ver con un consorcio privado que necesitaba adquirir caños sin costura y en lugar de contratar a un proveedor local de la envergadura del Grupo Techint, con una trayectoria industrial interesantísima, decidió darle esa licitación al grupo indio Welspun porque el precio era más beneficioso, y seguramente de calidad similar. Entonces, la pregunta aquí es: todos esos proveedores locales del mercado argentino, esas Pymes y nano empresas que son proveedoras de las grandes empresas argentinas, ¿tienen capacidad de reconvertirse, mejorando su calidad y sus niveles de precio? ¿O se necesita la apertura y la competencia de otros proveedores de otros países para que ese incentivo exista? -Hay que poner este tema en un contexto de transición. Veníamos de una economía inflacionaria cerrada y todo el sector empresario se adaptó a ese funcionamiento de la economía. Ahora estamos en un proceso distinto, donde se baja la inflación, donde hay una apertura a la competencia y una integración mundial. En este camino, los empresarios estamos haciendo el esfuerzo y el Estado, también. Es un proceso en conjunto porque lo importante es tratar de que la mayor cantidad de empresas sea parte de esta nueva etapa. Este es el desafío, porque lo más importante que tiene un país es su empresa, su tejido social, tanto de empresario como de trabajadores. Eso es lo que va a ser el motor del futuro. Esta es una transición y todos tenemos que ir acomodándonos a los precios y a las calidades internacionales. Es un camino que tenemos que transitar. Ahora, también tenemos que darle las condiciones a nuestras empresas para que puedan estar a la altura. Éste es el punto porque hoy seguimos conviviendo con las distorsiones del pasado. -¿La carga impositiva, por ejemplo? -Hasta hace cuatro meses, la tasa de interés era del 75 por ciento; la presión fiscal sigue altísima. Ahora se aprobó la reforma laboral, pero hasta hace unos días seguíamos con los problemas, con los juicios millonarios, con la industria del juicio. Esperemos que este año cambie. El costo argentino era un problema, y algo que también decimos en este comunicado de la semana pasada: nosotros no fuimos los que generamos las distorsiones. Nosotros fuimos víctimas de esa distorsión y nos adaptamos. Y yo digo otra cosa: es importante que exista este tejido empresario que tiene la Argentina para afrontar esta nueva etapa porque el Gobierno está planteando que el sector privado es el que tiene que ser el motor del futuro. Nosotros estamos tomando ese guante y queremos serlo. Queremos ser parte de la solución, pero queremos igualdad de condiciones, que es lo que venimos planteando desde el año pasado. Proteccionismo “prebendario”. ¿El gran problema argentino? -Me interesa la palabra “transición”. Es una palabra clave en este debate. Hay un análisis que plantean muchos empresarios del sector industrial: no hay una resistencia a una economía integrada y de apertura sino que el problema es cómo se parte de una situación presente y cómo se camina hasta ese punto de llegada. En relación a cuál es la situación hoy, parte de los sectores industriales habla de una apertura salvaje. Sin embargo, si uno ve el sector textil, por ejemplo, hoy tiene, todavía, un 20 por ciento de protección arancelaria. Es cierto que antes tenía 35 por ciento, pero hoy mantiene un 20 por ciento, que es altísimo comparado con países de la región. ¿Tiene algo de razón el Gobierno al plantear que hay una actitud corporativa de ciertos sectores de la industria que se abroquelan en la defensa de privilegios del pasado que los beneficiaron, pero que no beneficiaron a los consumidores? -Nosotros sí venimos planteando que haya una importación y una competencia leal porque puede ser que haya subfacturación y contrabando. Pero en ningún momento la UIA habla de no querer competir. En ningún momento hablamos de cerrar la economía. Sí recalcamos todo el tiempo que hay que darle la posibilidad al productor nacional de que pueda ofrecerle a la sociedad productos de calidad y precio. Éste es el gran planteo que está haciendo la UIA. Hoy la realidad es que la situación económica es muy heterogénea: hay sectores que se han recuperado y que quizás tienen un problema de competitividad y hay sectores que tienen el doble problema, con caída de ventas y también, con precios más bajos. -¿Cuáles son esos sectores que se han recuperado y cuales son los que tienen problemas? -Los que todavía siguen rezagados son sectores como materiales de construcción, textil y calzado, sectores metalmecánicos, proveedores de autopartes. Industria textil y gobierno libertario. ¿Desprotegida o todavía demasiado protegida? -Quiero detenerme en el sector textil porque ha estado siempre sobre la mesa, muy cuestionado por los consumidores, muy protegido por varias gestiones de gobiernos de signo kirchnerista. Como le planteaba, el sector textil sigue teniendo un 20 por ciento de protección aún hoy, en el gobierno de Javier Milei, libertario y aperturista. ¿Eso no es una muestra de consideración en relación a la transición necesaria hacia la apertura? Me refiero al hecho de que el Gobierno no lo dejó con cero protección. -Yo pongo el foco en que la industria tenga posibilidad de competir. No puede ser que hoy haya mercados informales con precios como los internacionales. El problema de la industria es muy complejo. Tiene muchas etapas. Las distorsiones de impuestos laborales hacen inviable un negocio cuando hay casi diez etapas, desde el algodón, el hilado, la tela, la confección, el diseño, la tintura, el armado. Cuando a todas esas etapas le ponés el peso del Estado, el costo financiero es lo que hace inviable un sector. -¿Esos costos argentinos no quedan compensados por una protección del 35 en su momento y ahora con un 20 por ciento? -Lo que digo es que hoy en la Argentina lo que se vende caro, o sea, las remeras que valen 50 mil pesos, son todas importadas. Cuando ves los precios del textil hoy en la Argentina, casi todo lo más caro es importado. Todo lo que se produce en la Argentina tiene otros precios. Tenemos que converger a precio y calidad internacional. Hay que entender que las distorsiones que se generan van a precio. Ésta es la gran transición de una economía inflacionaria a una economía estable. Antes se cortaba una calle, se tomaba una planta y nadie conectaba que todo eso terminaba en los precios. -Distorsiones quiere decir el peso de los impuestos, por ejemplo, pero también aranceles. -Sí, claro. También la inflación. Y sí, el arancel es una parte del costo. -Pero es una distorsión, también. -Es una distorsión, pero también es una protección para una industria local porque en todos los países del mundo hay aranceles. -Pero no el 35 por ciento. -Era un arancel que estaba en el Mercosur. -Pero en Chile, en el sector textil, la protección es mucho menor. -Chile no está en el Mercosur, en el Mercosur. -¿Brasil tiene un 35 por ciento de protección?. -Sí, Brasil también, pero más en torno al 20. El punto no es el arancel. El punto es cómo le damos la posibilidad de competir al productor local. Industriales argentinos. ¿Cómo es la política industrial que esperan? -Por un lado, el arancel ha producido distorsiones de precios, altísimos en la Argentina, baja calidad, con consumidores sin opción u obligados a comprar afuera, al menos aquellos que pueden viajar. Además, la carga impositiva o los costos laborales también son una distorsión. Entonces, ¿qué está pidiendo la UIA para mejorar la etapa de transición? -Primero, estamos diciendo que el sector industrial es un sector transable: competimos con el mundo. Hay que entender eso. Yo que hago cerámica, otro que hace textil, tenemos que empezar a ver cómo nos adaptamos a las condiciones globales. Si no, estás dejando de producir algo porque hay un Estado que cobra impuestos por encima de lo que tiene que cobrar o da una tasa de interés más alta. No me parece justo que un país renuncie a tener determinados sectores por culpa del peso del Estado. Te voy a poner un ejemplo que es terrible, la industria audiovisual. La Argentina tiene los mejores directores, escritores, actores, sonidistas. Ahora, Uruguay y Colombia ofrecen condiciones de devolución de impuestos. Tienen un régimen para ese tipo de industria. La Argentina tiene todas las capacidades, pero al no adaptarse a esas condiciones, queda afuera. Tienen que ir a grabar a Uruguay o a Colombia. Hay que poner eso en debate que cuando se habla de industrias transables; no se trata de un tema de privilegios. Se trata de adaptarte a las condiciones globales porque los precios del acero, del aluminio, de los textiles se fijan a nivel global. La pregunta que hay que hacer es: si en la Argentina se define que la presión fiscal va a ser de 50 puntos, la tasa de interés de 70 puntos y un cierto régimen laboral, ¿cómo competir? Esto también es un mensaje al Gobierno anterior. Hablábamos de industria y queríamos generar una industria que estaba fuera del mundo. Es imposible tener una industria sin tener en cuenta las condiciones globales. “La UIA no habla de no querer competir. En ningún momento hablamos de cerrar la economía. Sí recalcamos todo el tiempo que hay que darle la posibilidad al productor nacional de que pueda ofrecerle a la sociedad productos de calidad y precio” -Retomo su posición para encontrar una síntesis y seguir analizando esta cuestión. En definitiva, no hay soluciones fáciles. -Sí, exacto. -El atajo de la apertura absoluta sin corregir antes todas las distorsiones no conduce a nada bueno, pero tampoco conduce a nada bueno una protección desmedida sin haber planteado incentivos para la competencia. -Lo resumiste perfecto. -Dos épocas de la situación de la industria argentina. -La integración implica la exigencia de darle al productor local las condiciones necesarias. No es protección: para preservar ese capital social de tener empresa, gente que sabe hacer textil, calzado, hay que bajar los impuestos porque hay que integrarse al mundo. Pero si para disciplinar los precios, se toma el camino de la apertura solamente es un atajo. Hay que integrarse al mundo, pero también trabajarlo en los costos internos. Lo resumiste perfecto. -El atajo de la apertura puede destruir empresas y empleos que podrían ser sustentables si la transición fuera más gradual. Pero el atajo de la protección prebendaria lo que ha producido son empresas poco competitivas y consumidores que pagan caro. Las dos soluciones extremas no han funcionado. -Sí, exacto. Por eso en el comunicado de la UIA decimos que nosotros no somos responsables de las distorsiones; nosotros no creamos las SIRA. Dirigencia industrial. ¿Co responsable del costo argentino? -Quiero ir a ese tema. En el último discurso de Davos, sobre todo, y también en el Congreso, Milei planteó la idea de la política como moral de Estado, de una política que converja con una especie de deber moral de proteger la propiedad privada, con que la competencia aliente la economía,. También habla de la “función empresaria” como clave en esa idea de una sociedad funcionando de acuerdo con la moral. Distingue “empresaurios” de “héroes empresariales”. El comunicado de la UIA subraya que no son responsables de las distorsiones pasadas. Pero vuelvo a un ejemplo, el textil, un caso siempre crítico en la Argentina, siempre en el ojo de la tormenta por los precios distorsivos. Ese sector tuvo un rol en el Estado: en el gobierno de Alberto Fernández, el entonces director ejecutivo de la Fundación Pro Tejer, Ariel Schale, una fundación que representa gran parte de los intereses de ese sector, fue secretario de Industria. ¿Por qué cuando un sector con poder de lobby integra un gobierno no cambia esa lógica? El discurso de la apertura indiscriminada que se instala hoy desde el Gobierno también responde es consecuencia de que durante muchas gestiones de gobierno no se movió nunca ese amperímetro, aún teniendo poder de influencia para eso. ¿No hay una responsabilidad de ciertos sectores de la industria en lo que sucedió antes? -El mensaje de la UIA desde hace dos años es “liberame la cancha”. -¿Por qué no lo plantearon hace veinte años? -Bueno, los responsables de otra época tendrían que responder. -Yo me refiero a la dirigencia industrial con espaldas para dar esos debates. -Hoy el planteo de la UIA para la política industrial es darle competitividad al sector industrial. Es la única manera de tener una industria sustentable en el tiempo, que en la Argentina hagamos productos a nivel internacional y con precios internacionales. Desde que empecé en la UIA ha sido casi un mensaje permanente para el Gobierno: esperamos que nos acompañen en esta tarea. Y también internamente para que el empresario industrial haga el esfuerzo para lograr ese objetivo. Es lo único que nos va a dar sustentabilidad en el tiempo, el tener inversión tecnológica, por ejemplo. “Esto también es un mensaje al Gobierno anterior. Se hablaba de generar una industria, pero es imposible tener una industria sin tener en cuenta las condiciones globales” -Estamos de acuerdo en ese punto, ¿pero hay alguna autocrítica del sector industrial a la hora de plantear su rol y su corresponsabilidad, aunque por supuesto sea menor comparado con la responsabilidad de la política pública, en ese sostenimiento de las protecciones excesivas en la Argentina? -Sí, quizás deberíamos haber tenido una influencia mayor para marcar las distorsiones cuando se generaban. Cuando subían impuestos a la exportación, por ejemplo, lo que es terrible. Éramos el único país en el mundo que cobra impuestos a la exportación. Por ahí acá nosotros no nos damos cuenta, -Pero además de las retenciones, también cuando subían los aranceles. El caso del régimen de Tierra del Fuego, por ejemplo. -Cuando suben los impuestos a las exportaciones... No hay país en el mundo que le cobre impuestos al que exporta. En 2013, la Argentina aumentó las retenciones a todos los bienes industriales y después se dice que queremos valor agregado: se graba la exportación industrial cuando, al contrario, todo el mundo trata de darle reintegros casi todos. Desde China para acá, todo el mundo le da reintegros a las exportaciones industriales. En cambio, acá las grabábamos. Entonces sí, tendríamos que haber dicho: no se puede cargar de impuestos al sector productivo. Había un contrasentido. Tierra del Fuego. ¿Un síntoma del problema de la política y de la dirigencia industrial? -Eso está clarísimo: es un problema cargar de impuestos al sector productivo. Ahora, ¿qué pasa con el régimen de Tierra del Fuego, que implica mil millones de dólares por año? Economistas expertos en ese tema plantean que es plata tirada. El Gobierno actual también sostiene todavía. -El tema del régimen de Tierra del Fuego tiene muchísimos años; tenía una historia geopolítica para generar empleo. -Pasaron muchos años desde la década del ́70. -Sí. Pero hay una organización jurídica, una ley. -Pero renovó por otros treinta años en 2023. -Es un tema para analizar. -¿Debería terminarse ese régimen? -Pero no es el corazón del problema de la industria argentina. -Pero es un síntoma de distorsiones que benefician al sector industrial que la gente rechaza porque le pegan en el bolsillo. -Sí, por supuesto. Pero en la industria en general es el 20 por ciento del PBI en la Argentina. Son unos 130 o 140 mil millones de dólares. O sea, la problemática industrial es mucho más profunda. “Vieja industria” vs. industria pesada. ¿Hay ganadores y perdedores en la matriz productiva de Milei? -Usted es un empresario bifronte: está en el mundo del cerámico, con clientes en el hogar y las grandes empresas, pero también está invirtiendo en un sector estratégico, el cobre. La Argentina vuelve a explotar y exportar cobre, uno de los sectores que integran la visión de futuro del Gobierno. En el discurso de la Asamblea Legislativa, Milei habló de la “vieja industria”, que según sus consideraciones es una industria prebendaria o protegida, y la nueva industria pesada en torno a la cual se debería reconstruir la matriz productiva de la Argentina en base a la energía y a la minería. Usted que está en los dos lados del mostrador, con los cerámicos por un lado y con el Proyecto San Jorge por el otro, aprobado en el RIGI, ¿cómo ve el horizonte que plantea Milei? -La industria tradicional tiene muchísimo futuro. Todo lo que es la producción de cerámicos, sobre todo porque bajó el costo de la energía en la Argentina, tiene mucho futuro de crecimiento por supuesto, con inversión de última tecnología. Nosotros hacemos productos de altísima calidad internacional. -Con “tradicional” se refiere a la “vieja” industria a la que se refiere Milei? -Hay infinidad de industrias que están altamente tecnificadas, con estándares internacionales. Lo que hay que tratar de hacer es ayudar a los que quedaron retrasados para que puedan modernizarse y llegar a la apertura, porque no es tan fácil tener empresarios. El gran problema de la Argentina es que tenemos pocos empresarios. Tenemos 60 mil industrias cuando España tiene 200 mil. O sea, países parecidos a nosotros en términos poblacionales tienen tres veces más de empresarios y de empresas industriales. Hay que tratar de que el empresario que existe hoy se reconvierta o que pueda invertir para formar parte de esta nueva etapa. Estoy convencido de que no hay que generar antinomias. La Argentina va a crecer con minería, con energía, con industria tradicional, con el campo. No podemos descartar un sector que es tan importante en términos de PBI y de empleo. Cuando uno recorre la Argentina, también es importante la participación que tiene la industria en cada ciudad. Cuando vas a Jujuy o al sur o a distintas provincias, alrededor de las fábricas se genera todo un ecosistema. Nosotros creemos que en la Argentina se sale con todos, con la minería, la energía y también la industria. Y la industria va a ser un gran protagonista si se le da las condiciones para poder desarrollarse. RIGI v RIMI. ¿Grandes inversiones privilegiadas vs. el resto de la industria? -El presidente habló también del RIMI (Régimen de Incentivos a la Mediana Inversión), no sólo del RIGI. ¿Le parece un dato positivo dentro de este proceso de transición que se está debatiendo? -Es muy positivo, muy importante, por supuesto. De hecho, nosotros participamos en diálogos que fuimos teniendo con el Ministerio de Economía, para que se incorporara el REMI dentro de lo que era la legislación, lo mismo que el FAL. Participamos en todos estos diálogos. Lo que pasa es que todas estas propuestas que se van conversando no son públicas, pero la UIA ha participado en todo lo que es bajar el costo argentino. Entendemos que nuestro gran problema es el costo argentino, que hay que bajar. -En la sociedad, hay una coincidencia en relación a ese punto. Última cuestión. Pienso en la historia de países como Japón, que hicieron una política industrial basada en la selección de sectores estratégicos y un Estado apoyando a esos sectores. ¿Es viable pensar que todos los sectores de la industria argentina van a poder sobrevivir en un mundo tan cambiante sin que haya una decisión estratégica del tipo de matriz productiva? El Gobierno está tomando una decisión estratégica, la de apoyar la industria pesada, una decisión discutible y opinable que debería ser interesante detallar porque también es cierto que es una decisión estratégica chueca porque al mismo tiempo subsidia a otros sectores. Pero lo que le pregunto es: ¿la utopía de que todos los sectores van a sobrevivir no distorsiona también la conversación? ¿No es poco realista? -Lo que yo digo es: primero generemos las condiciones y que sea el mercado el que defina qué sectores van a sobrevivir. Porque se plantea un debate liberal, pero desde el Gobierno se quiere decir este sector sí, este sector no. Lo que nosotros decimos es: generame las condiciones. A veces, las condiciones de los transables no se fijan en los países; se fijan a nivel global. Como el ejemplo de la industria audiovisual: en el mundo, el régimen para tener esta industria es éste. -Los países exportan su Estado también. -Sí, exacto. O me adapto al régimen global. Yo digo: dame las condiciones globales y que el mercado sea el que defina. Qué pasa si tenemos veinte multinacionales, generamos las condiciones y tenemos veinte diseñadores y marcas que pueden ser multinacionales a nivel global. ¿Quién lo define? Con ese criterio, no existiría Italia. Si nosotros definiéramos todo solamente por los beneficios estáticos, no existiría Italia, no existiría Corea, no existiría nadie porque no tenía ningún beneficio, pero lo crearon. Y ése es el corazón del capitalismo: el corazón del capitalismo es la generación de valor. La libertad y los derechos son el camino, el medio para lograr el desarrollo humano, el valor agregado que da el ser humano. No es que el fin es la libertad. La libertad y los derechos son el vehículo que dieron la posibilidad para que la capacidad humana se desarrollara. Generemos condiciones internacionales. -De alguna manera lo dijo el Presidente: que las condiciones que tiene la gran inversión con el RIGI se expandan a toda la economía, que todos los sectores converjan con bajas de impuestos. Entonces la cuestión es: ¿el Gobierno le da a un sector como el minero y el de energía beneficios que a la vieja industria no le está dando? -Lo que nosotros estamos diciendo es que el sector transable tiene que tener esos beneficios en esta primera etapa. Porque hay otro tema: cuando se analiza la inflación de los últimos dos años, todo lo que es el Índice de Productos Industriales, el IPIN, aumentó un 100 por ciento cuando la inflación fue de 270, y los servicios subieron un 300 por ciento. ¿Qué quiere decir? Que la industria hizo el gran esfuerzo, fue el gran ancla de precios. Nosotros decimos: en esta etapa que viene, esta rebaja que va a ser para todos, tiene que ser para el sector transable, que es el que está sometido a la competencia internacional. De bienes a servicios, ¿el futuro? ¿O todo lo contrario? -Y ahora sí la última cuestión: ¿no será que la matriz productiva de los países va a tener que virar de un foco en el sector transable a un foco en el sector de servicios que no son transables? Bueno... lo digo y pienso: tampoco porque la Inteligencia Artificial está reemplazando a esos sectores. -Escuchemos a Marco Rubio en Múnich. Hizo una revalorización de la industria. Occidente está poniendo en valor el intangible social que generan los procesos industriales de los países. China es el claro ejemplo de desacople: al que produce y compite con el mundo, China prácticamente no le cobra impuestos. No digo eso, pero muchos países, como Irlanda, están desacoplando. ¿Qué quiere decir esto? Entienden el beneficio en generación de valor y de empleo de los sectores que compiten con el mundo, entienden que el beneficio en generación de valor y de empleo y adaptan sus industrias a las condiciones globales.

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