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Marcelo Araujo, el hombre que reinventó el relato en el fútbol argentino y volvió a todos “crazy” con sus ocurrencias

2026-03-16 - 14:23

Su voz se expande por cada rincón del fútbol argentino. Fue adorado, criticado, señalado, minimizado, eternizado... Nunca inadvertido. Una chispa indeleble, un hombre que cambió la forma de entender el relato en el fútbol argentino. Puedo advertir que debía dar un vuelco a su estilo y construyó uno tan personal que revolucionó el universo de la pelota doméstica y dejó grabado a fuego una infinidad de latiguillos y modismos que son parte del diccionario futbolero local. Marcelo Araujo falleció a los 78 años, pero su rúbrica será interminable porque siempre fue frontal en sus formas y sus definiciones nunca resultaron tibias. “Estilo, el estilo... Yo emboqué una, lo sé, porque tenés que tener suerte también. Empecé a usar el idioma de la tribuna. Al principio me decían ‘cómo decís eso, mal educado’. Y yo les respondía: ‘Cuando vos vas a la cancha, y el 9 de tu equipo erra un gol, ¿lo aplaudís y decís ay pobrecito, no va a dormir esta noche?’. No, lo mandás a la concha de su hermana’. Y yo no podía putear, pero metía mis boludeces. Mirá que había buenos relatores, pero a mí me aburrían. Si el partido era malo, y además el relator no lo levantaba un poquito... Entonces yo pensaba que algo había que hacer”, contó Marcelo Araujo en una charla con LA NACION, el 15 de junio de 2023. Su historia fue muy particular, porque en la TV había una forma de relatar, pero él rompió con todos los moldes. Calificó a cada jugador a su antojo, instaló llamarlos por sus nombres completos, multiplicó los apodos, hizo lo que se le ocurrió. Y todo casi sin darse cuenta, porque era tan pasional, que algunas frases que le brotaron de manera repentina terminaron por configurar su marca: “En Mar del Plata, torneo de verano, jugaba River contra no sé quién. Y Ramón Díaz se pierde un gol hecho y a mí me salió “qué boludo”, o algo así. ¡Se armó un quilombo! Me cita el ‘Negro’ Avila a su oficina. Entro. ‘Sentate me dice’. Intenté empezar a hablar para abrir el paraguas, para calmarlo. Y me frena. ‘Nooo, no, me digas nada, no le des bola a nadie y seguí así’. Y ahí me solté. El ‘Negro’ siempre me respaldó. Creo que vio que ahí podía haber una veta de entretenimiento, para eso era muy rápido. Entonces me fui soltando, de a poco, hasta que... Macaya se quería morir, pobre, primero sufrió y después se fue acostumbrando. Adrián [Paenza] también. No sé qué salvajada dije una vez y se fue de la cabina de la vergüenza“. No sabía de medias tintas, por eso en la entrevista, cuando fue consultado acerca del ex presidente de la AFA, Julio Grondona, se produjo el siguiente intercambio. –¿Y Julio Grondona quién fue? –El mejor dirigente del fútbol argentino. –Polémico, provocador diría... –Es un problema de la gente que quiere polemizar o no entiende. –Por el FIFAgate, quizás, estaría detenido. –Quizás, no lo sé..., ¿y qué, lo iban a fusilar en una plaza pública? –¿Y quién es ‘Chiqui’ Tapia? –No es Grondona. –¿Por qué? –¿Sabés por qué Grondona no fue presidente de la FIFA? Porque apenas hablaba castellano. Eso me lo dijo un día él mismo. Cada una de sus frases dejan una huella y él construyó un legado en el universo del periodismo deportivo, entonces, sus palabras acerca de cómo veía a los medios de comunicación tienen más que nunca un peso específico: “Los diarios están en el celular, y yo consumo mucho. La televisación del fútbol está muy atrasada acá. No a nivel imagen, no a nivel tecnología, sino a nivel periodístico. Pero no por los periodistas, sino por la propuesta. Durante mi internación tan larga, te podrás imaginar, miré de todo por TV y empecé a darle bola a las transmisiones de automovilismo. Descrubrí un gancho que el fútbol no tiene: el diálogo entre los corredores y su equipo de trabajo en los boxes. Escuchar ese diálogo me pareció fascinante. Y enriquecedor para el televidente. Ponerle un micrófono al técnico y elegir a tres o cuatro jugadores de campo. ¿No van a querer? Puede ser, quizás, pero probemos. Sería entretenido y hasta tendría un fin didáctico. Hace años que lo veo y lo escucho en los tiempos muertos del básquet, por ejemplo. ¿Qué estoy loco, que no me van a dar bola? Me gustaría que por lo menos lo piensen". –¿Qué es lo que menos te gusta? –Me parece que hay un libertinaje en los medios, fundamentalmente en la televisión. ¿Por qué digo esto? Vos para tener un programa de televisión tenés que tener un mínimo de conocimiento. Uno dice sí, otro dice no, uno dice me parece, el otro no sabe el reglamento. No son didácticos. El componente diversión está muy presente en los programas. ¿Sabés qué pasa? Que el boludeo reemplazó al conocimiento. Disimula. Hagamos pensar un poquito a los hinchas. Discutile al técnico, por ejemplo, incomodalo con argumentos, no todas boludeces. Hoy los pibes no forman opinión, al contrario, cuentan chimentos y están en las pelotudeces. Me gustaría otra cosa, aunque se equivoquen. Pero hay mucha holgazanería también. Y por otro lado, hoy los clubes y los futbolistas están más blindados, es mucho más difícil llegar a ellos, pero vos te las tenés que arreglar, te las tenés que ingeniar. Creo que hay más susceptibilidad en los protagonistas también, están más asustados y desconfiados. Detrás del nombre que se convirtió en marca registrada estaba Lázaro Jaime Zilberman. Con el seudónimo de Marcelo Araujo construyó una carrera que lo llevó a ocupar un lugar central en la historia de la televisión deportiva argentina. Un legado, una forma de entender el relato, una locura tras otra con el micrófono en la mano. Una voz eterna.

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