Magui Bravi: venció los prejuicios, hoy es figura del cine de terror y disfruta de su maternidad y de su soltería tras 16 años en pareja
2026-03-26 - 17:30
Magui Bravi luce un nuevo look que adoptó luego de filmar una película. Y le gusta el cambio. Quizá porque hubo algunos cambios en los últimos años de su vida. Mamá de Galileo (2), la actriz y bailarina también se separó de su pareja después de 16 años. En una charla íntima con LA NACION, Magui habla de la maternidad y de esta nueva vida de soltera y además recuerda su trabajo como azafata, la oportunidad en el reality Soñando por bailar y el sueño cumplido de bailar en el Teatro Colón. Está entusiasmada con el próximo estreno de Instante, el 23 de abril”. “Filmamos con Alejandro Fiore, Manuela Viale y Pablo Yotich, y es uno de los pocos dramas que hice, porque lo mío es el terror y la comedia. Trata sobre un grupo de pacientes oncológicos que están en un grupo de autoayuda y dos de ellos se enamoran y transitan ese sentimiento durante su tratamiento. Es un poco triste, pero creo que toca unas fibras muy hermosas. Va a gustar. Primero se estrena en cines y después va a poder verse en Prime Video”, detalla. -¿Y tu nuevo look tiene que ver con esa película? -No, tiene que ver con otra película que se estrena a fin de año, se llama Lunática y es terror psicológico y ciencia ficción. Ahí comparto elenco con Mirta Wons, Ramiro Blas, Alan Madanes y Alexia Moyano. Y me toca ser una chica adicta a las drogas que deja las sustancias apenas se entera que está embarazada, y las consecuencias que trae esa abstinencia... Entra en una fase en la cual no sabemos si lo que vive es alucinación o realidad. Cree que está embarazada de extraterrestres. El director, Martín Basterretche, me pidió este look. Yo siempre lo usé largo, tipo Rapunzel (risas). Y la verdad es que este corte de pelo me gustó tanto que todavía lo conservo. Me divierte. -Estás filmando mucho en el último tiempo... -Sí. Hay mucha autogestión y me estoy dedicando también a producir. Entonces, quizás hago diseño de producción o de showrunner y organizo un poco el set. Y si no conecto gente. Es lo que se me da bien. Todos estos años de trabajo me dieron una agenda enorme y no puedo conmigo (risas). Me gusta conectar gente con gente. Y además es un momento para autogestionar. Hay que moverse, buscar los inversores. El caso de Lunática, por ejemplo, es muy particular, porque participaron tres provincias: Buenos Aires, Misiones y Córdoba, y a la vez hay inversores privados. Si no la película era imposible de hacer. Hay que buscar para que aparezca la manera de hacerla. Hacer cine es muy caro, entonces hay que mover un montón de aristas, todas las que sean posibles. Obviamente podés presentarte a concursos, y hay que hacerlo, pero es un camino más largo. -¿Qué se viene este año? -Acabo de terminar de filmar una comedia que se llama Perdiendo el juicio. Y hace poquito me llegó un guion sobre una película que aborda el mundo swinger, en donde están Luciano Cáceres, Juana Viale, Joaquín Berthold, Brenda Gandini y Juan Sorín. No podía parar de leerlo y ya dije que sí, porque además la dirección es de Eduardo Pinto y hace tiempo que quiero trabajar con él. -¿Por qué elegís hacer tanto cine y menos teatro? -Hace rato que no hago teatro. Me fascina mucho filmar y se dio una seguidilla de oportunidades. En el teatro no han aparecido, quizás, proyectos que me gusten tanto. Y si hay una peli, me tira un poco más la cámara. Amaría hacer Closer, y ahí caigo rendida (risas). Es un sueño pendiente. -¿Y tele? -Todavía está al aire Clave argentina, en elnueve. Son repeticiones porque hace rato que no grabo. Y para cine también estoy presentando proyectos internacionales. Ahora ganamos un pitch muy importante con un proyecto que se llama Monstrua y es una película de terror que me tiene súper contenta, porque entre 300 proyectos es uno de los que se eligió para representar a la Argentina. Es un guion que escribí con Florencia Solís. Se ve que ha llamado la atención y ahora tenemos que pitchearlo delante de un montón de empresas muy importantes de Latinoamérica y de Iberoamérica. -¿Cómo hacés ahora, con la maternidad? -Ahora, con Galileo, los tiempos son otros y negocio con el papá solamente las películas. Le digo: “Tengo tres semanas acá, dos semanas más allá. -¿Cómo está Galileo? -Hermoso. Yo estoy enamorada. Está grande. Siento que ya no tengo más un bebito (risas). Tengo un nene. Y me pasó una contradicción enorme, que es que yo quería que creciera porque me costaron mucho los primeros meses. Pasé por una depresión posparto bastante grande. Y ahora no quiero que crezca más. Quiero a mi bebé (risas). Habla perfecto y hasta discute en momentos de berrinche. Va al jardín maternal y vuelve con más palabras cada día. Es increíble. Y por ahí no usa correctamente las palabras o los tiempos de verbos y es muy gracioso. Y dice todo muy serio. Me mató de risa. Conectamos mucho más. Hace poco fuimos al Colón por primera a ver El lago de los cisnes para chicos, se bancó 45 minutos y nos fuimos porque en el medio de la función empezó a decir “dónde están los patos”. Fue muy gracioso. Toda la platea se murió de risa, pero mamá murió de vergüenza (risas). Jugamos mucho y en casa la música suena todo el tiempo. Ahora me siento más cómoda con la maternidad, pero no fue fácil. Porque además de la depresión posparto estuve mucho tiempo sin dormir. El nene no dormía nada. Por suerte nivelamos el sueño y hoy duerme bárbaro. Por mucho tiempo estuve en un estado de alerta constante y con mucho cansancio. Y nunca paré, porque seguí gestionando. Ahora lo estoy disfrutando mucho. -¿Y el papá? -Ya no estamos juntos. Nos separamos hace un tiempito, pero nos llevamos súper bien. Estuvimos juntos 16 años y la relación ya no funcionaba, pero somos un equipo. De otra manera, yo no podría trabajar. Es un papá súper presente. Nos llevamos bárbaro. Lo intentamos mucho antes de separarnos. Pero bueno, ya está. View this post on Instagram -¿Y cómo estás vos? -Estoy bien. Es una vida nueva. Lo más difícil fue la mudanza y entender cómo iba a ser la nueva dinámica. Porque ahora tenemos un hijo. Me mudé, porque vivía en su casa, y volví a decorar mi espacio yo sola. Para mí fue un montón. De cierta manera fue volver a la Magui de hace muchos años, pero con juguetes (risas); volver a elegir todo sola. Fue rarísimo. Ya estamos acomodados. -¿Cómo es esta nueva vida? Volver a salir con amigas, a hacer planes sola... -Nunca dejé de salir con mis amigas, excepto el primer y el segundo año de la maternidad porque mi tiempo libre lo usaba para trabajar. Es muy loco volver a estar soltera después de tanto tiempo. Elegir los muebles para una casa nueva sin consultarle a nadie, más que a mi propia alma. De repente me encontré armando mi biblioteca solo con mis libros, que siempre digo que son mi identidad. Cuando voy a una casa, lo primero que miro son los libros para ver qué lee o qué música escucha. Los dos son muy reveladores. Armar la biblioteca fue todo un ritual. Y tengo un placard muy chiquito. De hecho, regalé casi toda mi ropa, porque venía de una casa muy grande en donde tenía un montón de ropa, hasta vestuario para películas. Es como toda una identidad que se vuelve a formar. -¿Y volviste a conectar con el amor de pareja? -Le tengo un poco de miedo porque después de tantos años de estar en pareja, no sé cómo funcionar en el chongueo (risas). Todavía no sé cómo es la dinámica. Porque el que está en pareja está acostumbrado a recibir un mensaje enseguida. Y por mis amigas sé que ahora la cosa no es así. -¿Usás apps de citas? -Nada, no. No sé usar esas aplicaciones. A mis parejas me las presentaron amigos en común. He vivido toda la vida de novia. Con mi primer novio estuve seis años y con el papá de mi hijo, dieciséis. Si bien estuvimos separados un tiempo y ahí conocí otra gente, nunca fui para aplicaciones. Instagram, pero no más que eso. View this post on Instagram -Con tanto cine, ¿qué pasó con la bailarina? -Es una gran pregunta (risas). Bailé solo para dos películas; en una hice clásico y para otra hice baile de caño. Se llama Hot Line y se estrena en mayo. Trata sobre una bailarina de cabaret en los 80, que además tiene una línea erótica y la llama un asesino para decirle que es la próxima víctima. La recibieron muy bien en todos los festivales en los que participó y en el de Estocolmo me dieron un premio a mejor actriz. No lo podía creer. Para mí fue enorme. -Bailás solo cuando te lo pide un guion, entonces... -Sí. Ya ni tiempo de entrenar tengo. Apenas un día por semana, cuando antes lo hacía todos los días. Me encantaría, pero no lo logro. Estoy más pendiente de mi hijo que de un entrenamiento, y armo planes para ir a la plaza, para leerle cuentos. -Cuando entraste al Soñando por bailar eras azafata, ¿qué recuerdos tenés de ese momento? -Fue mi primer trabajo, en LAN Argentina. Y volé durante tres años. En realidad, mi primer trabajo fue como bailarina, a los 13 años para el Teatro Argentino de La Plata y trabajé como bailarina profesional y bailé en el Colón. Pero mi primer trabajo que no tiene que ver con el arte fue el vuelo. Nos formó la empresa porque recién llegaba al país. Pero mi vocación no era volar. Yo nunca había dejado de bailar y sí estudiaba teatro. Por eso no dudé en renunciar cuando entré al reality Soñando por bailar, en 2011. También dejé la facultad: estaba en tercer año de Filosofía. -A partir de ahí se te abrieron puertas... -Fueron decisiones. La puerta de la actuación no fue tan fácil porque la bailarina estaba re instalada. Primero hice teatro gracias a las comedias de verano que venían enganchadas con el Bailando. Después hice obras más under hasta que apareció el cine en 2016 y me enamoró. -¿Y por qué decís que costó tanto entrar al mundo de la actuación? -Porque había una etiqueta puesta. Y pude sacármela gracias a castings e insistencia. Ni siquiera fue con un manager, porque en ese momento hasta mi manager me dijo: “No, imposible, cine. No, no, no hay chance. Yo que vos me quedo acá estamos bárbaro. Hacemos un Bailando por año, una obra por año y estamos re bien”. -Y a vos no te cerraba... -No, yo quería otra cosa. Empecé con papeles muy chiquitos para que me conocieran... Papeles que ni siquiera tenían texto. Y se fue dando orgánicamente. Me veían una película entonces me llamaban para otra. O el mismo director me volvía a llamar y me daba un poco de texto. Tuve una ventaja muy grande en el cine de terror porque apareció un papel en inglés que era un protagónico gigante y como estudio inglés desde muy chiquita, tomé un poquito de ventaja. Gracias a ese papel se me abrieron mucho las puertas en el terror. Hice muchas películas para afuera y directamente ya me llamaban grandes directores que no me conocían. Y fue muy importante El juego de las cien velas en la que trabajó Amy Smart, la actriz de El efecto mariposa. -¿Qué pensás del recorrido que hiciste? -Me hubiese gustado disfrutar más algunas cosas, incluso bailando. Soy demasiado exigente. Vengo del ballet, que tiene que ser perfecto. Entonces, con los años aprendí que está bueno también poder disfrutarlo, aunque no sea perfecto. Hay que disfrutar el proceso más que el resultado final. Eso me diría a mí misma, y me lo digo cada vez que me llega un guión. -Contabas que bailaste en el Colón, ¿cómo fue? -Bailé en el Colón gracias a al ballet de Iñaki Urlezaga. Hice el examen para entrar al Colón y no entré, y ese mismo año me contrató Iñaki. Hicimos seis funciones en el Colón y para mí fue un sueño cumplido. Recuerdo que hicimos Giselle y no podía contener las lágrimas... Era como lo había solado desde mis 5 años.