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Liberando a los argentinos de su Triángulo de las Bermudas

2026-03-15 - 03:13

Cuenta la leyenda que durante siglos navegantes y pilotos evitaron una zona del Atlántico conocida como el Triángulo de las Bermudas. Desaparecían aviones, barcos, fallaban los instrumentos y quienes pasaban por ahí parecían perder su rumbo. Nadie sabía exactamente qué ocurría, pero todos sabían algo: quien entraba en ese triángulo corría el riesgo de no salir. Es una metáfora adecuada considerando que la Argentina vivió durante décadas atrapada en su propio Triángulo de las Bermudas. En nuestro caso no era un fenómeno natural, ni una fatalidad histórica, era el resultado de un sistema político y económico que había construido una arquitectura legal para obtener privilegios pagados por todos los argentinos. Y del que, cada vez que queríamos escapar, el sistema desplegaba todos sus recursos para asegurarse que quedáramos atrapados y seguir aprovechándose de nosotros. Ese sistema se sostuvo durante años apoyado sobre tres fuerzas que actuaban como verdaderos agentes bloqueadores del cambio: el peronismo (el gran gestor del statu quo), un sistema sindical organizado como monopolio de la representación de los trabajadores y un “capitalismo de amigos” que encontraba su rentabilidad en la captura de privilegios y regulaciones. Durante décadas esa tríada mantuvo a la Argentina atrapada en lo que parecía ser un statu quo infranqueable. Por eso, para entender lo que está ocurriendo hoy en nuestro país, no alcanza con mirar las variables macroeconómicas. El crecimiento, la caída de la inflación y el equilibrio fiscal son datos fundamentales y relevantes, pero no capturan del todo el cambio más profundo que está ocurriendo. Lo que estamos empezando a ver es algo distinto: por primera vez en mucho tiempo, los tres vértices de ese triángulo están siendo esmerilados, permitiendo avizorar por primera vez la posibilidad de que los argentinos escapemos de la trampa de la que somos prisioneros hace 50 años. El primer vértice del triángulo es el peronismo. Durante años, el sistema electoral argentino funcionó con mecanismos que permitían distorsiones difíciles de detectar pero estructuralmente muy eficaces. La aprobación en el Congreso de la boleta única de papel en 2024 representó, en ese sentido, una reforma institucional de enorme alcance. Siempre se sospechó que el sistema anterior permitía cierto margen de manipulación electoral. Se hablaba de uno o dos puntos porcentuales, quizás tres. Pero en octubre del año pasado descubrimos que el cambio resultó mayor de lo que muchos imaginaban. En distritos donde el peronismo parecía tener una ventaja estructural consolidada, los resultados empezaron a cambiar de manera visible. En la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, una elección que había sido ganada con comodidad apenas dos meses antes bajo el esquema anterior mostró un resultado completamente distinto cuando se utilizó la boleta única. Y si bien el resultado se debe seguramente a un conjunto de variables, negar que la boleta única jugó un rol fundamental sería negar la realidad. Para entender la relevancia de esto suelo utilizar una metáfora de la física. Durante años el peronismo funcionó como un cuerpo de gran masa política que ejercía una fuerte atracción gravitacional sobre un conjunto de aliados, estructuras y dirigentes que orbitaban a su alrededor. La boleta única redujo esa masa política disminuyendo su tracción gravitacional efectiva. Y cuando un cuerpo pierde gravedad, inevitablemente comienzan a modificarse las órbitas de quienes giraban en torno a él. Eso es lo que estamos empezando a observar. El vértice sindical El segundo vértice del triángulo es el sindical. La nueva ley de modernización (y Federalización) laboral tiene implicancias económicas evidentes. Pero su dimensión política es igualmente relevante. Durante décadas, el sistema de negociación colectiva argentino estuvo organizado alrededor de convenios nacionales centralizados, conducidos por estructuras sindicales que funcionaban como monopolios de representación. La reforma introduce muchos principios distintos, pero quiero destacar uno en particular: la negociación a nivel de empresa puede prevalecer sobre el convenio nacional. En términos económicos esto permite que las reglas laborales reflejen mejor la realidad productiva de cada sector, cada región y cada empresa. Un concepto de federalismo inédito en nuestro país. Pero, en términos institucionales, también produce un efecto más profundo: comienza a erosionar el poder monopólico de estructuras sindicales que durante décadas actuaron como uno de los principales frenos al cambio y, por ende, de la actualización del sistema productivo. Este cambio no se va a ver de inmediato. Probablemente sus efectos se desplieguen gradualmente en los próximos años. Pero su dirección es clarísima: abre la posibilidad de modificar radicalmente el equilibrio de poder dentro del sistema político argentino. Otra reforma de enorme alcance. Requerirá que el resto de los actores recoja el guante y aproveche estas oportunidades. Capitalismo de amigos El tercer vértice del triángulo es lo que el presidente Javier Milei ha denominado capitalismo de amigos. No todo el empresariado argentino forma parte de ese sistema, pero durante años existió un conjunto de sectores cuya rentabilidad dependía menos de competir en el mercado que de capturar regulaciones, privilegios o barreras de entrada que limitaban la competencia. Cuando comenzamos a revisar el entramado regulatorio argentino encontramos algo revelador: muchas de las regulaciones que organizaban la economía no habían sido diseñadas para proteger a los consumidores, ni para mejorar el funcionamiento de los mercados. En muchos casos habían sido creadas para beneficiar a grupos específicos que utilizaban el poder del Estado para asegurar rentas extraordinarias y monopólicas. La agenda de desregulación está cambiando esa lógica. Lo mismo hace la apertura económica, que acota las rentas posibles cuando cazan en el zoológico. Al abrir la economía, eliminar regulaciones innecesarias y fomentar la competencia, reducimos el espacio para capturar privilegios regulatorios. Y cuando desaparece la renta regulatoria también se reduce el poder político de quienes la utilizaban para bloquear reformas. Por eso la agenda de desregulación y apertura tiene dos dimensiones. La primera es la que cualquier economista reconoce: más competencia, mayor eficiencia, menores costos y mayor productividad. Pero existe también una segunda dimensión, más profunda, vinculada con la economía política de las reformas. Al eliminar privilegios regulatorios, la desregulación debilita el poder de los agentes que históricamente bloquearon el cambio en la Argentina. La tercera reforma de enorme alcance. Boleta única. Modernización laboral. Apertura económica y desregulación. Tres reformas que actúan simultáneamente sobre los tres vértices del triángulo que mantuvo al país atrapado durante décadas. En los últimos seis meses hemos avanzado más que en las últimas décadas en debilitar esas estructuras, abriendo un mundo de posibilidades y libertad donde antes estaba el triángulo de las Bermudas. Nunca se puede bajar la guardia. Los sistemas de privilegios tienen una enorme capacidad de adaptación, resistencia y, sobre todo, de ataque. El status quo no sólo busca perpetuarse simplemente porque es sino que también lo hace porque quiere seguir siendo, siempre. Sin importarle el decrecimiento del país, la pérdida de oportunidades o las crisis que su lucha inescrupulosa pueda generar. Hoy esa arquitectura empieza a resquebrajarse. La historia económica de los países cambia cuando cambian sus instituciones, pero sobre todo cuando cambia el equilibrio de poder que las sostiene. Eso es lo que estamos empezando a ver. No es el final del camino. Es el momento en que el país, después de décadas de navegar en círculos, empieza finalmente a encontrar una salida del triángulo. Y cuando una sociedad recupera la libertad de producir, innovar y competir sin las cadenas del privilegio, el amedrentamiento y la captura, ocurre algo que la historia ha demostrado una y otra vez: la energía creativa de millones de personas empieza a desplegarse. Ahí comienza, de verdad, el futuro. VLLC!

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