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Las redes al banquillo

2026-03-17 - 03:14

El quinto hombre más rico del mundo enfrenta a la Corte Suprema de Los Ángeles. Kaley, una joven de 20 años, acusa a las plataformas de haberle generado adicción y depresión, luego de una década de uso, y reclama se le paguen daños y perjuicios. Mark Zuckerberg, fundador y CEO de Meta, la compañía madre de Facebook, Instagram y Whatsapp, debió declarar así en un proceso civil que se extendería hasta finales de marzo. La mecha de una serie de más de 1500 causas –encabezadas por particulares y colegios- que podrían sucederle a esta se enciende, detrás de que los gigantes tecnológicos se hagan responsables financiera y legalmente. Zuckerberg no tendría responsabilidad judicial directa, pero sí podrían tenerla sus empresas, a las que defiende calurosamente, argumentando también que no es su intención hacer más dinero y que dona casi todo a investigación y obras benéficas. Una docena de padres cuyos hijos fallecieron víctimas de problemas derivados de la adicción a redes se manifestó frente al juzgado. En su defensa, responsables de las plataformas esgrimen que no hay evidencias de que generen adicción en términos médicos. En medio de una reacción en cadena que propone en distintos lugares del mundo impedir el acceso de menores a redes, Zuckerberg aseguró que Instagram nunca estuvo habilitada para menores de 13 años, no sin agregar que habría personas “que mienten sobre su edad para usar nuestros servicios” y reconocer que tardaron demasiado en identificar a los menores. Ese fue el caso de Kaley, quien, como tantos otros, a sus cortos nueve años, habría violado la edad mínima de ingreso. Como muchos otros niños hoy en día, Kaley usaba YouTube desde los 6 años. Sus problemas de ansiedad y depresión, además de dismorfia corporal, la llevaron a pasar 16 horas en un día en Instagram. La ley que en su momento estableció que las plataformas no son responsables de lo que publican los usuarios, las ha protegido ilimitadamente. Una cosa son los contenidos que sube el usuario y otra muy distinta son las decisiones de diseño de la plataforma que suman el “scroll“ infinito, el “autoplay”, los algoritmos de recomendaciones y las notificaciones compulsivas con la intención de generar adicción, según muchos expertos. ¿Pueden las redes sociales o sus funciones considerarse “productos defectuosos”? Una respuesta afirmativa las asimilaría al tabaco o los opioides, y sentaría una novedosa teoría jurídica. Las evidencias sobre el daño que provoca el uso problemático de redes son cada vez más incontrastables.

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