Las personas que nacieron en los 60 desarrollaron una resiliencia particular, según explicó una psicóloga
2026-03-24 - 21:11
Durante la década de 1960, un modelo de crianza caracterizado por la baja supervisión adulta y la resolución autónoma de conflictos sentó las bases de una estructura psicológica robusta en los niños de la época. Según estudios recientes en psicología del desarrollo y economía conductual, este entorno, aunque carente de validación emocional constante, permitió el desarrollo de una “tolerancia a la angustia” y un “locus de control interno” que protegió a esa generación contra diversas patologías mentales en su vida adulta. El origen de la autonomía obligatoria En 1966, la psicóloga Diana Baumrind, de la Universidad de California, Berkeley, identificó tres estilos de crianza: autoritario, autoritativo y permisivo. Sin embargo, más allá de estas categorías, la realidad cotidiana de los años sesenta para la mayoría de los niños implicaba una independencia casi total. Con padres sobrecargados de trabajo y una cultura que no priorizaba el bienestar emocional, los menores se veían obligados a gestionar sus propios trayectos escolares, resolver disputas con pares sin intervención de terceros y tolerar la espera sin gratificación instantánea. Esta dinámica es descrita por especialistas como el psicólogo Peter Gray, del Boston College, como un ejercicio de “juego libre” esencial. Gray sostiene que la capacidad de dirigir las propias actividades y negociar con otros niños sin la mirada del adulto es lo que permite desarrollar habilidades de supervivencia emocional. El declive de la resiliencia y el cambio de control El análisis de datos históricos muestra una transformación drástica en la percepción del control personal. La psicóloga Jean Twenge analizó el concepto de “locus de control” (la creencia de si uno domina su vida o es dominado por factores externos) y encontró que entre 1960 y 2002, las puntuaciones de los jóvenes se desplazaron hacia el extremo externo. Para el año 2002, un joven promedio se sentía más controlado por fuerzas ajenas que el 80% de los jóvenes de la década de 1960. Este cambio coincide temporalmente con el aumento de los índices de ansiedad, depresión y suicidio. La investigación sugiere que la generación de los sesenta creía firmemente en su capacidad de decisión, un factor protector crítico para la salud mental. La tolerancia a la angustia como herramienta Un concepto clave en este fenómeno es la “tolerancia a la angustia”: la capacidad de convivir con la incomodidad sin que sea necesario eliminarla de inmediato. En los años sesenta, esta se practicaba por necesidad. La ausencia de pantallas, la necesidad de ahorrar para compras pequeñas y la falta de intervención adulta ante el aburrimiento o el acoso escolar leve funcionaron como un entrenamiento emocional accidental. No obstante, los expertos advierten que este modelo no estuvo exento de costos. La represión emocional y el estigma hacia la salud mental también fueron normas de la época que causaron daños significativos. El impacto de la sobreprotección actual En contraste con la libertad de hace seis décadas, la supervisión constante actual podría estar enviando un mensaje implícito de incapacidad a las nuevas generaciones. Al proteger a los niños de cada obstáculo, se reduce el margen para desarrollar mecanismos de afrontamiento antes de la edad adulta. La evidencia indica que, mientras que antes las crisis emocionales se gestionaban a edades tempranas en el patio de juegos, hoy estas se postergan hasta la mayoría de edad, cuando el individuo carece de las herramientas acumuladas para enfrentarlas. Por Jaider Felipe Vargas Morales