TheArgentinaTime

Las historias que cuentan los mercados

2026-03-08 - 03:14

Hace dos lunes, el S&P 500, el índice bursátil que funciona como termómetro de la economía global, cayó un uno por ciento. Entre los factores que los analistas citaron estaba un reporte de una consultora poco conocida que describía una crisis económica global impulsada por la inteligencia artificial. El reporte estaba fechado en junio de 2028, como si ya hubiera ocurrido. Era ficción, pero la baja fue real. El texto se titula La crisis de inteligencia global de 2028 y lo publicó Citrini Research. En pocas horas fue visto millones de veces. Su argumento central es una especie de bucle económico: la IA mejora, las empresas despiden empleados de cuello blanco, ahorran en sueldos y reinvierten en más IA, lo que les permite despedir más gente. Los desplazados ganan menos, consumen menos, las empresas sienten más presión sobre sus márgenes e invierten más en IA para reducir costos. La IA mejora. El ciclo se repite sin freno natural porque, a diferencia de las recesiones anteriores, la causa no se autocorrige: ninguna caída en la demanda va a hacer que la tecnología retroceda. Las empresas, que durante décadas construyeron negocios rentables sobre la base de la inercia del consumidor —la pereza de comparar precios, el hábito de renovar automáticamente, la lealtad a una marca— descubren que esa fricción que explotaban está desapareciendo La descripción tiene un cúmulo de detalles vívidos. Los autores acuñan el término “PBI fantasma” para describir un crecimiento que aparece en las estadísticas, impulsado por el aumento de la productividad, pero no circula por los hogares (¿seremos los argentinos pioneros en esto también?). O describen el colapso de todo el andamiaje de marketing que conocemos: los agentes de IA empiezan a tomar decisiones de compra por sus usuarios, comparan precios en tiempo real entre decenas de plataformas, negocian renovaciones de seguros, reservan viajes. Las empresas, que durante décadas construyeron negocios rentables sobre la base de la inercia del consumidor —la pereza de comparar precios, el hábito de renovar automáticamente, la lealtad a una marca— descubren que esa fricción que explotaban está desapareciendo. Las máquinas no tienen marca favorita. El reporte no pretende ser una predicción sino un ejercicio especulativo. Aun así, The Economist lo refutó esta semana y el gobernador de la Fed lo descartó sin terminarlo de leer. Que el establishment económico se tome el trabajo de responder es, en sí mismo, una medida del impacto. ¿Por qué un texto de ficción financiera sacudió los mercados? El economista y premio Nobel Robert Shiller lleva años argumentando que las narrativas populares tienen efectos causales reales sobre la economía, independientemente de si son verdaderas o no. En su libro Narrative Economics las compara con epidemias: se contagian, mutan y se apagan. Y señala que la narrativa de “las máquinas reemplazando el trabajo humano” es una de las más recurrentes y poderosas de los últimos siglos, precisamente porque toca algo profundo en nuestra identidad. Tiene sentido: finalmente los mercados financieros son en sí mismos ficciones colectivas que funcionan porque todos acordamos creer en ellas. Que una narrativa ficticia los mueva no es una anomalía sino una consecuencia lógica. El sociólogo Robert Merton describió un mecanismo complementario en 1948: una creencia falsa, al inducir comportamiento, puede volverse verdadera. Su ejemplo clásico era una corrida bancaria: el rumor de que un banco va a quebrar hace que la gente retire sus depósitos, y el banco quiebre (otra vez, una secuencia conocida para los argentinos). El reporte de Citrini no desencadenó nada parecido. La baja fue modesta y se revirtió al día siguiente. Pero por unas horas mostró algo más interesante: que en los mercados, como en casi todo lo humano, la frontera entre la ficción y la realidad es más porosa de lo que nos gusta creer, más aún en la era de la IA. La autora es directora de Sociopúblico

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