La vuelta a los mercados que no fue: la decisión de Caputo detrás de la salida de su secretario de Finanzas
2026-03-05 - 19:43
La renuncia del ahora exsecretario de Finanzas, Alejandro Lew, tuvo como motivo central la decisión del ministro de Economía, Luis Caputo, de postergar la vuelta de la Argentina a los mercados internacionales de deuda a la espera de mejores condiciones de financiamiento que permitan al país acceder a tasas más bajas y explorar otras alternativas. Lew había asumido hacía menos de cuatro meses con la misión —y también con un objetivo personal— de reabrir una puerta que permanece cerrada para la Argentina desde hace ocho años. La decisión política de no avanzar precipitó su salida, un proceso que comenzó a definirse a principios de febrero, según pudo reconstruir LA NACION. La semana pasada, Caputo había posteado en X que la renuncia de su secretario de Finanzas se daba tras una “transición ordenada” y que respondía a “razones personales”, sin brindar mayores detalles. En su reemplazo fue designado el hasta ahora director del Banco Central y miembro del equipo económico, Federico Furiase. “Alejandro continuará colaborando con el equipo económico en tareas vinculadas a su experiencia y trayectoria, aportando su conocimiento y profesionalismo”, escribió Caputo. Este medio pudo confirmar que no hubo tensión entre ambos, sino una diferencia de criterios en un punto central de la estrategia financiera. Lew había reemplazado a Pablo Quirno cuando este último fue designado canciller por el presidente Javier Milei. El economista venía de más de una década en JP Morgan, pero también había sido vicepresidente segundo del Banco Central durante esta gestión, bajo el mando de Santiago Bausili. Entre 2020 y 2023 fue CFO de YPF, donde renegoció un calendario exigente de vencimientos de deuda, y también ocupó cargos en compañías energéticas como 360° Energy y Genneia. Desde noviembre, Lew trabajó junto a su equipo —con Abel Semhan, ex secretario de Finanzas de la Ciudad, como segundo— en el diseño de una eventual emisión de deuda en Nueva York. La estrategia se apoyaba en la fuerte baja del riesgo país, que había pasado de más de 1000 puntos básicos a la zona de 600 a comienzos de diciembre. Sin embargo, como el indicador no alcanzó los niveles que esperaba el equipo económico, Caputo dejó entrever a fines de diciembre un cambio de enfoque: “Trataremos de que no haya emisión y eliminar la dependencia de Wall Street”, dijo entonces. Para principios de enero el riesgo país había caído a la zona de los 500 puntos básicos y existía un trabajo avanzado con bancos internacionales —entre ellos Santander, Citigroup, JP Morgan y Bank of America— para realizar una colocación a diez años por unos US$5000 millones, con una tasa estimada cercana al 9,5% anual. Finalmente, prevaleció la decisión política de no avanzar con la operación, tal como había anticipado este medio. Desde el Palacio de Hacienda explicaron que la decisión respondió a tres factores: la voluntad de reducir la dependencia soberana de Wall Street y dejar espacio para que empresas argentinas se financien en esa plaza; la percepción de que las tasas exigidas por el mercado no reflejan los fundamentos actuales del país y resultan demasiado elevadas; y la evaluación de alternativas de refinanciamiento más baratas. Para afrontar el pago de US$4200 millones del 9 de enero, el Tesoro recurrió a una combinación de herramientas. Por un lado, utilizó unos US$2000 millones provenientes de un repo estructurado por el BCRA, con títulos en dólares como colateral y una tasa del 7,4% anual. Por otro, empleó US$2300 millones de dólares propios, entre ellos US$530 millones comprados a concesionarias de las represas del Comahue. Mientras la Argentina optaba por ese camino, Ecuador —un país emergente con características comparables— concretó a finales de enero su regreso a los mercados internacionales con su primera emisión desde la reestructuración de 2020. El país avanzó con un esquema de liability management que combinó una nueva emisión con una oferta de recompra (tender offer) sobre bonos existentes. La operación incluyó dos bonos en dólares con vencimientos en 2034 y 2039. Ecuador colocó US$2200 millones del bono a ocho años con un cupón de 8,75% y US$1800 millones del título a 13 años con cupón de 9,25%, totalizando cerca de US$4000 millones. La demanda alcanzó los US$18.000 millones. La postura de Caputo fue respaldada por el presidente Javier Milei a fines de enero. En una entrevista con Bloomberg en Davos —cuando el riesgo país rondaba los 550 puntos básicos— el mandatario sostuvo que el Gobierno no veía una necesidad inmediata de financiamiento externo más allá del refinanciamiento. Días después explicó que buscaba generar una “escasez de bonos” en el mercado para mejorar los precios y lograr una mayor compresión del riesgo país. Lew comenzó a definir su salida en esas semanas. Su vocación personal era lograr que la Argentina volviera a emitir deuda en el exterior, pero no hubo conflictos en la decisión y el ahora exfuncionario se comprometió a seguir colaborando desde afuera de la gestión. Finalmente, la renuncia fue comunicada el viernes pasado. “No cambia que Argentina haga una emisión internacional que una local. Tenemos que mejorar la posición técnica. Nuestra política va a ser repagar esos bonos globales vendiendo activos y con financiamiento alternativo”, dijo Caputo este jueves. Entre bancos internacionales y también dentro del Fondo Monetario Internacional (FMI) existe, sin embargo, una visión diferente. Si bien reconocen la acumulación reciente de reservas, consideran que el regreso a los mercados es clave para que esas compras no se diluyan en los pagos de deuda de los próximos años.