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La tragedia del hijo de Eric Clapton que sumergió al músico en sus horas más oscuras: “¿Cómo puede estar muerto?"

2026-03-18 - 19:40

“¿Sabrías mi nombre si te viera en el cielo?", se pregunta Eric Clapton en los primeros acordes de su famosa canción “Tears in heaven”. Esa duda que plantea no es solo producto de un recurso poético, sino que está basada en una vivencia y tiene como protagonista a su hijo, Conor. Y es que con este himno de la historia del rock, expuso a flor de piel cómo vivió el duelo por la pérdida del pequeño de cuatro años que cayó del piso 53 de un rascacielos en Nueva York y dejó en él marcada a fuego la huella más profunda de su vida. A 35 años de aquel fatídico día, la cronología del hecho que marcó un antes y un después para el artista. Ya había transcurrido gran parte de marzo de 1991 y Nueva York se despedía del invierno para darle la bienvenida a la primavera. En esos días, Eric Clapton estaba en la ciudad y había pautado con su expareja, Lory Del Santo, que se encontrarían allí para que él pasara tiempo con el hijo que tenían en común, Conor, de cuatro años y medio. El músico y la modelo italiana se conocieron en 1985 cuando él aún estaba casado con Pattie Boyd. Aunque tuvieron muchas idas y vueltas, la relación no prosperó. Sin embargo, se veían en algunas ocasiones y esta visita a la Gran Manzana fue una de ellas, aunque los dos tenían claro que no era por un motivo amoroso, sino que querían que el músico se vinculara más con el pequeño y estuviera más presente en su vida. Lory le contó a Conor los planes. Ansioso porque llegue el momento del reencuentro, el niño, que recién comenzaba a garabatear algunas letras, le dijo a su madre que quería escribirle algo a su papá. Ella le dio un papel y un lápiz y lo ayudó a plasmar un breve mensaje. Lejos de dejarlo allí, ella tuvo un gesto improvisado: decidió enviárselo por correo a la casa del músico en Londres con la idea de que en algún momento, entre toda su correspondencia, la reciba de sorpresa y le saque una sonrisa. En Nueva York, madre e hijo se instalaron en el piso 53 de un complejo de departamentos situado en el 117 de la calle 57 Este de Manhattan, un lujoso condominio con una ubicación privilegiada cerca de Central Park. Lory tenía planeado pasar allí varios días para compartir las fiestas de Pascua con el músico. Conor estaba muy emocionado por el reencuentro. Fue así como el martes 19 de marzo por la tarde, Clapton llegó para pasar a buscar a su hijo y sorprenderlo con el lugar al que eligió llevarlo: un circo en Long Island. “Era la primera vez que lo sacaba solo y estaba nervioso y emocionado a la vez. Fue una noche estupenda. Conor no paró de hablar y estaba especialmente emocionado al ver a los elefantes. Me hizo darme cuenta por primera vez de lo que significaba tener un hijo y ser padre”, escribió el músico en su autobiografía (Eric Clapton–The Autobiography, publicada en 2007). Feliz por la gran velada y el tiempo que habían compartido, llevó al niño de regreso con su madre. Arreglaron que al día siguiente pasaría a buscarlos, esta vez, para ir los tres al zoológico de Central Park. Mientras Conor no dejaba de mostrar su entusiasmo por los payasos y los elefantes, Eric se sinceró frente a Lory y le dijo que, a partir de ese momento, tenía la intención de ser un padre ejemplar. Se despidió de ellos, caminó las diez cuadras que lo separaban del hotel Mayfair Regent donde se hospedaba, y se fue a descansar. Cuando despertó, se alistó para cumplir con la promesa que le había hecho a su hijo apenas horas antes de llevarlo a ver más animales, pero una llamada lo cambió todo y, los pocos segundos que duró, desató un tsunami que lo marcó para siempre. Y no solo ese día, sino todos los que siguieron en su vida. Un descuido fatal y una tragedia irreparable “Sonó el teléfono y era Lory gritando que Conor había muerto. Pensé para mis adentros: ‘Esto es ridículo’. ¿Cómo puede estar muerto?’. Me dijo que se había caído por la ventana”. En los segundos que siguieron al colgar el teléfono, el músico salió a la calle y durante el trayecto hacia el departamento intentó convencerse de que había un error, que no podía ser real y que su idea de visitar el zoológico con su hijo seguía en pie porque nada malo había pasado. Pero, cuando llegó y vio a la Policía y a las ambulancias en

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