La otra guerra en Medio Oriente: cómo los últimos ataques de Israel evidencian las divisiones y desafíos que enfrenta Líbano
2026-03-17 - 04:53
Los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán han expuesto las tensiones y alianzas existentes en la región. Y en medio del intercambio de misiles y drones, hay un país que está siendo escenario secundario del conflicto y uno de los más golpeados: Líbano. Dos días después del primer ataque a Irán, Hezbollah, el grupo miliciano chiita en Líbano respaldado por la nación islámica, disparó misiles contra la ciudad israelí de Haifa. Israel respondió con un amplio ataque aéreo que no ha menguado con los días. Hezbollah dijo que estaba tomando represalias por el asesinato del líder supremo de Irán, el ayatollah Ali Khamenei, y los continuos ataques israelíes. Este lunes, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) anunciaron el inicio de “operaciones terrestres limitadas y selectivas contra bastiones clave de Hezbollah”, en el sur del Líbano, según un comunicado difundido por Telegram. En noviembre de 2024 Israel y el Líbano acordaron un alto el fuego con mediación estadounidense y francesa después de un nuevo inicio de hostilidades tras la incursión militar de Hamás en territorio israelí del 7 de octubre de 2023. Este no se ha mantenido. Israel ha continuado con ataques casi diarios en el Líbano, acusando a Hezbollah de intentar rearmarse y reconstruir su presencia en la región. Sin embargo, los ataques desde el 2 de marzo son de una intensidad mayor. En principio, los objetivos fueron una zona al sur de Beirut, Dahiye, donde Hezbollah tiene mucha presencia y un amplio apoyo. Pero también se extendió al sur del país. Y, hasta el momento, los ataques israelíes en el país vecino ha dejado más de 800 muertos y más de 1.500 personas heridas, según el Ministerio de Salud del Líbano. También ha desplazado a más de 800.000 personas, según la Organización Internacional para las Migraciones de la ONU. El presidente del Líbano, Joseph Aoun, pidió negociaciones directas con Israel como parte de una propuesta para poner fin al creciente conflicto con Hezbollah, al tiempo que criticó duramente al grupo respaldado por Irán por arrastrar al país a una guerra regional más amplia. Un portavoz de Aoun dijo a la BBC que el Líbano estaba listo para negociar, pero no mientras el país permaneciera bajo fuego israelí. Los funcionarios israelíes han mostrado pocas señales de respaldar las negociaciones y el gobierno de Benjamin Netanyahu no hizo comentarios de inmediato. Pero esto es solo la superficie de un nuevo episodio de la compleja historia del Líbano que no ha hecho sino resaltar las profundas divisiones que sufre el país. “Una situación muy peligrosa” Carine Torbey es corresponsal de la BBC en Beirut y desde allí explica a BBC Mundo que a la situación que se vive actualmente se suma un segundo nivel de conflicto: “Estamos viendo continuos intentos por parte de Israel de ampliar las áreas que ocupa en el Líbano, intentando tomar nuevas posiciones y extender las que ya tenía desde que terminó la última guerra, en noviembre de 2024”. Y si bien las últimas décadas para Líbano no han sido un camino sencillo, Torbey califica la situación actual de “muy peligrosa y muy difícil en el plano militar. Y, en el plano político, también muy densa”. Haizam Amirah Fernández, director ejecutivo del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC), explica que “por su composición, sus alianzas, la historia, los traumas internos y el vecindario, Líbano es un país con una alta complejidad a pesar de ser pequeño y con una población limitada”. El Líbano ha estado a menudo en el centro de los conflictos en la región del Medio Oriente, debido a su proximidad a Siria e Israel, así como a su compleja composición sectaria. Los musulmanes -chiitas y sunitas-, los cristianos y los drusos constituyen los bloques de población más grandes de un país que tradicionalmente ha sido, durante siglos, un refugio para las minorías perseguidas en toda la región. El “partido de Dios” A la mezcla se le suma Hezbollah -cuyo nombre significa partido de Dios-, un partido político islamista chiita y un grupo paramilitar respaldado por Irán que ejerce un gran poder en el país, tanto militar como político, y cuyos orígenes son difíciles de rastrear, pero que se remontan al tiempo después de que Israel invadiera una parte del sur del Líbano en 1982 como respuesta a una serie de ataques de militantes palestinos contra Israel. “Que sea un grupo armado, financiado por Irán, que no está bajo la autoridad del Estado y que en cualquier momento puede lanzar ataques y poner en riesgo la estabilidad del país —entre comillas, porque no podemos hablar realmente de estabilidad en el país desde hace mucho tiempo- hace que en el Líbano haya una división muy profunda respecto al papel de Hezbollah”, dice Carine Torbey. La corresponsal de la BBC añade que, en momentos de conflicto, esta polarización aflora aún más. Apunta que en este momento es más delicado porque en tras la última guerra, en noviembre de 2024, se pensó que Hezbollah había quedado completamente mermada, casi eliminada. “Eso se ha demostrado que es falso”, dice. Uno de los hechos que hizo pensar en el final del grupo fue el anuncio de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) en septiembre de 2024 de que habían eliminado a Hassan Nasrallah, quien había llevado la dirección de Hezbollah desde 1992. También contribuyó a esta idea la caída de Bashar Al-Assad en Siria, uno de sus grandes apoyos en la región, en diciembre de 2024. Pero, como dice Amirah Fernández, aunque Hezbollah está mucho más debilitado, sufrió severos golpes y ha visto la eliminación de sus altos mandos en la cúpula de poder, “hay que entender a Hezbollah como una milicia con capacidad de regeneración y con un historial de reemplazo de dirigentes eliminados por Israel; lo llevan haciendo décadas y eso no lo ha hecho desaparecer”. Y remarca: “Siguen porque, sobre todo, no han desaparecido los motivos que provocaron su aparición. Hezbollah es una reacción a la ocupación israelí del Líbano. Es una explicación, no una justificación. No es algo que ocurre en el vacío”. Torbey también indica que hay un cambio real en la dinámica política del país: un nuevo presidente y un nuevo primer ministro que, supuestamente, estaban en contra de que continuara el poder del grupo chiita y decidieron desarmar a Hezbollah y todos los grupos armados. “Dijeron que habían empezado y que incluso habían completado grandes partes de la fase uno, que era el área al sur del Líbano, justo en la frontera con Israel. El ejército lo hizo”, señala Torbey. De hecho, el presidente lanzó críticas inusualmente duras contra Hezbollah, acusando a la milicia musulmana chiita y al movimiento político de actuar contra los intereses nacionales del Líbano. Refiriéndose a Hezbollah como una “facción armada”, Aoun dijo que no le da “ningún peso a los intereses del Líbano ni a las vidas de su pueblo” y desea el “colapso del Estado libanés bajo la agresión y el caos”. El ataque del 2 de marzo Tras la muerte del ayatollah Khamenei a manos de Israel, Hezbollah decidió lanzar cohetes contra su tradicional enemigo. El grupo libanés lanzó un comunicado donde asumió la autoría de esos lanzamientos y dijo que era una respuesta no solo a esa muerte, sino a los ataques israelíes diarios por más de 14 meses desde el supuesto cese el fuego de noviembre de 2024. Ahora, los ataques de Israel son más intensos en el Líbano. “Esto ha hecho que mucha gente dijera que Hezbollah está abriendo un frente por intereses que no son los del país, y provocando una campaña israelí que va a destruir el Líbano otra vez. Y que eso es la causa del desastre humanitario actual, sin mencionar el número de muertos, heridos, mutilados, los niños muertos, todo lo que viene con la guerra”, explica Torbey. Pero, señala, del otro lado está la base de Hezbollah, “una parte muy grande de la población, no un grupo marginal”. Y esta parte de la sociedad libanesa considera que lo que hace el grupo es legítimo por varias razones: “Porque está respondiendo a lo que Israel hace cada día; porque la guerra nunca terminó e Israel nunca respetó el alto el fuego; porque Israel está invadiendo el Líbano, y Hezbollah está protegiendo el territorio; porque el ejército libanés no confronta a Israel y, al menos, alguien está resistiendo”. Son, como señala Torbey, dos narrativas completamente opuestas en el país y que se manifiesta en tensiones en todos lados. Y a la vez que aparece esta polarización, Amirah Fernández destaca que, por otro lado, muchos libaneses son conscientes de que Hezbollah es parte del tejido social del Líbano y que está ahí para quedarse. “En esa otra dinámica hay quienes tratan de buscar acomodo y garantías para atraerlos a otra dimensión, la de hacer política. No es algo nuevo, porque Hezbollah tiene muchas facetas y dimensiones, siendo la más visible la de las armas, pero también está la de atención social y la de la política”. El poder institucional y el ejército A todo se le añade una capa más de complejidad: el papel del ejército libanés. La gente que es anti-Hezbollah cree que el ejército debería enfrentarse con ellos, imponer por la fuerza el desarme y detener sus decisiones unilaterales de hacer la guerra. Los pro-Hezbollah responden que el ejército debería apoyar a quienes “están muriendo para proteger el territorio”, no obstaculizarlos. “El ejército queda atrapado en el medio”, explica Carine Torbey. Y la corresponsal dice que cualquier confrontación directa que tenga el ejército con Hezbollah “sería una receta para el caos y una guerra civil”. Esto se debe a que, tras la guerra civil de 15 años en el país, que terminó en 1990, el ejército se dividió por comunidades y “no puede verse como si estuviera luchando contra una comunidad del país. Para ellos, esa es una línea roja absoluta”. Mientras tanto, en esa pugna de poderes dentro y fuera de Líbano, es la gente de a pie la que sufre las consecuencias. Según informa la periodista de la BBC María José Al-Qazzi, la semana pasada los coches formaban una larga fila en la carretera costera entre Sidón y Beirut, después de que familias del sur del Líbano abandonaran sus hogares por la noche mientras los bombardeos israelíes se intensificaban y se emitían advertencias para evacuar varias aldeas. Y, dada la limitada capacidad de las instituciones estatales para responder con rapidez a la magnitud de la crisis, esto se agrava y es común ver a gente que ya no cabe en los refugios y duerme en las calles. “Cuando la situación se intensificó de nuevo hace dos semanas, me quedó en shock. No quería que pasáramos de por todo esto otra vez”, dijo a BBC Arabic Crystal Al-Hayek, una voluntaria que ayuda a personas desplazadas en la ciudad de Beirut. El conflicto actual no empezó en el Líbano, pero tampoco parece probable que, de finalizar los ataques en Irán, cese inmediatamente, debido al delicado equilibrio en el país y las divisiones profundas que alberga. A juicio de Haizam Amirah Fernández, “mientras no se resuelva el conflicto israelo-palestino y haya un caldo de cultivo para una competición regional por la hegemonía con el uso de la fuerza, Líbano seguirá siendo un tablero donde actores foráneos y nativos ajusten cuentas”.