TheArgentinaTime

La lucha por los dos boxeadores monumentales que Rogelio Yrurtia esculpió a principios del siglo pasado

2026-02-01 - 10:06

Cuando el escritor Manuel Mujica Lainez se cruzó con Combate de box, la impactante escultura monumental creada por Rogelio Yrurtia, quedó fascinado. Su conmoción fue tal que no solo la definió como “un tesoro”, sino que expresó su deseo de que la obra saliera de la casa-museo ubicada en el barrio de Belgrano para ser expuesta en un espacio público y concurrido donde todos pudieran verla. “Lo aconsejable sería que la municipalidad hiciera reproducir la escultura, exactamente -sin olvidar la incomparable pátina- para ubicarla en la vastedad lógica de algún parque ciudadano, donde se alzaría como el doble símbolo del hondo culto argentino al deporte y del esencial conocimiento platónico de nosotros mismos, sin el cual nada realmente constructivo es posible”, editorializó el escritor en LA NACION durante la década del sesenta. Hombre de humo. Ciencia, arte e historia se trenzan de forma inesperada en el trabajo de un argentino en Nápoles Combate de box refleja a dos hombres a punto de enfrentarse en un ring, pero, cuando se los mira de cerca, las diferencias entre ambos se desvanecen para convertirse en una misma persona que pelea contra sí misma. Esta idea, sostiene Andrea Elías, directora del Museo Casa Yrurtia (O’ Higgins 2390), está estrechamente vinculada a la idiosincrasia del artista. “La historia de Rogelio Yrurtia tiene mucho que ver con la historia de nuestro país ya que fue hijo de inmigrantes. Él provenía de una familia de vascos que se dedicaban al comercio”, cuenta Elías. Si bien los padres del artista deseaban que se dedicara a la contabilidad para continuar con el negocio familiar, tempranamente aceptaron que su hijo tenía inquietud por las artes y, desde muy chico, lo apoyaron. Sus primeros pasos no fueron en el campo de la escultura sino en el de la pintura, que requería una menor cantidad de recursos materiales. “La anécdota cuenta que Yrurtia confeccionaba sus propios pinceles con pelo de sus hermanas”, explica la directora. Tiempo después, el artista ingresó al taller de un santero, donde utilizó el cincel por primera vez. Luego, se profesionalizó al comenzar a tomar clases con Lucio Correa Morales, escultor pionero de su época quien, décadas después, se transformaría en su suegro. El punto de inflexión en la carrera de Yrurtia se produjo cuando gana una beca para formarse en Europa y, tras una breve estadía en Italia, se instala en París. “En ese momento, los primeros artistas argentinos estaban avalados por una beca que daba el gobierno. La idea era que estudiaran en Europa y que después volvieran al país para iniciar aquí una escuela donde formaran a los artistas locales”. Gracias a esta posibilidad, Yrurtia inauguró, junto con Lola Mora, su principal competidora en los concursos públicos, una generación de escultores monumentales nacidos en la Argentina. Años antes del Centenario, este tipo de obras aún eran encargadas a artistas europeos. En 1903, el escultor exhibe en el Salón de la Sociedad de Artistas Franceses su obra Las Pecadoras, que logró llamar la atención de la prensa y le abrió la puerta a nuevos encargos. Lamentablemente, solo quedan registros fotográficos de esta obra ya que, al no poder fundirla en bronce, Yrurtia la destruyó. “Las Pecadoras es una obra fundamental porque inaugura la carrera del artista. Él la confeccionó en yeso y, luego de exhibirla en París, la lleva a una exposición en Estados Unidos. Esos viajes se hacían en barco y, debido a los traslados, la pieza se fue deteriorando. Él bregaba por pasarla a bronce pero, al no poder lograrlo, terminó por destruirla”, detalla Elías. Tras ganar notoriedad en nuestro país, Yrurtia comienza a recibir encargos monumentales y, hasta el día de hoy, es uno de los pocos escultores argentinos que tiene varios monumentos públicos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, como Canto al trabajo, el mausoleo de Bernardino Rivadavia y el monumento a Manuel Dorrego. Durante su estadía en París, Yrurtia entra en contacto con la obra de Auguste Rodin, quien lo marcó a fuego no solo por sus modernas esculturas, sino por la decisión de donar su residencia para que se transformara en una casa-museo. En Francia, el artista también conoció a la crítica de arte Geertruida Radersma, su primera esposa. En 1920, la pareja se instaló en la Argentina y adquirió la propiedad en la que hoy funciona el museo. “Yrurtia participó activamente en la remodelación de la casa y supervisó toda la obra. En 1923, la fachada neocolonial (que aún hoy puede verse en

Share this post: