La historia oficial: cómo fue la noche del primer Oscar para el cine argentino en una fecha de altísimo poder simbólico
2026-03-23 - 09:10
El destino quiso que el 24 de marzo de 1986, diez años exactos después del día en que se produjo el último golpe militar en la Argentina, el Oscar coronara con un triunfo memorable a la película que hizo más que ninguna otra en nuestro país para revelar al mundo la realidad que se vivió en nuestro país durante aquella dictadura. Ese día, del que se cumplen 40 años, La historia oficial dejó su marca en la gran memoria del cine argentino. Fue el primer largometraje de producción nacional que obtuvo la consagración en la máxima fiesta de la industria del cine. Millones de personas vieron desde Hollywood en todo el mundo cómo la película dirigida por Luis Puenzo alcanzaba la gloria y ampliaba los horizontes de reconocimiento que se habían iniciado unos meses antes, cuando Norma Aleandro –la extraordinaria protagonista del film- ganó el premio a la mejor actriz en otra cumbre del calendario cinematográfico anual, el Festival de Cannes. En aquella inolvidable y dorada noche de Hollywood, las palabras en inglés pronunciadas por Aleandro en el escenario del Dorothy Chandler Pavillion todavía resuenan en la memoria y conmueven a todo aquel que vuelve a verlas gracias a las imágenes guardadas en la página oficial de la Academia de Hollywood en YouTube: “And the winner is...too much. ¡God Bless You!, The Official Story! (Y el ganador es...esto es demasiado. ¡Dios la bendiga, La historia oficial!”). Aleandro jamás imaginó que La historia oficial iba a ganar aquella noche el Oscar internacional, categoría que por entonces se conocía como “mejor largometraje no hablado en inglés”. Todavía se usaba para proclamar a cada ganador la fórmula antigua de “And the winner is...” (Y el ganador es...), reemplazada en 1989 por la actual, “And the Oscar goes to...” (Y el Oscar es para...), pensada para mitigar el eventual impacto entre los perdedores de un anuncio que anteriormente ponía un deliberado énfasis en el nombre del ganador. Nada de esto seguramente afectó a la modesta delegación argentina llegada a Los Ángeles cuatro décadas atrás para participar de la ceremonia. No había ni espacio ni tiempo para el optimismo en ese momento entre nuestros compatriotas, más cercanos a una sensación que viajaba todo el tiempo de la extrañeza al distanciamiento. “El día de la entrega todos los elencos llegaban en limusina hasta la puerta de la gran sala. Era como algo imprescindible para aparecer de manera llamativa, despampanante. Cuestión que nosotros decidimos cruzar caminando, no teníamos limusina. Cada vez que arribaba un elenco con celebridades sonaban clarines, se encendían luces, los fotógrafos disparaban sus flashes. Cuando nosotros comenzamos a subir las escalinatas no sonaron clarines, no se encendieron las luces, los fotógrafos no dispararon sus flashes. No nos conocía nadie”, recordó a LA NACION Norma Aleandro en marzo de 2021, en una conversación con Pablo Mascareño. Aleandro tenía razones de sobra para sentirse en ese momento como una completa desconocida en medio de ese mundo lleno de brillos y glamour. Jamás imaginó que los organizadores iban a pedirle que subiera al escenario para anunciar al ganador de la misma categoría en la que participaba como protagonista de una de las nominadas al premio, una práctica que el Oscar no volvió a repetir en sus ceremonias televisadas. “Estaba entre bastidores esperando para subir al escenario porque me habían pedido que anunciara ese rubro –apuntó Aleandro en la charla con LA NACION de marzo de 2021-. Yo pensé que no íbamos a ganar, me parecía raro que quien anuncie también gane. De todos modos, mientras esperaba para salir, muchos de los que me rodeaban habían visto la película y me alentaban, creía que había chances. Nuestra propuesta tenía muy buena prensa y críticas. Cuando abrí el sobre, la sorpresa y la emoción fueron muy grandes”. Eran las 20.20 de la noche del domingo 24 de marzo de 1986 en Los Ángeles (en la Argentina ya era lunes: la 1.20 de la madrugada) cuando llegó el momento de revelar al ganador del Oscar a la mejor película extranjera de ese año. Le tocó a Robin Williams, uno de los tres conductores de la ceremonia número 58 de la historia del premio otorgado por la Academia de Hollywood (los otros fueron Jane Fonda y Alan Alda) invitar al escenario a los encargados del anuncio. En esa introducción, Williams presentó a las apuradas a Aleandro, alterando el sentido de su apellido. En el precipitado inglés del comediante, Aleandro se convirtió en “Alejandro”, con la “j” pronunciada como lo haría un andaluz o un hispanoparlante del Caribe. No hubo otra mención hacia la actriz argentina, ni siquiera el dato de que había sido la última ganadora de Cannes como mejor actriz. La gigantesca sala permaneció un instante en silencio y después saludó el nombre de Aleandro con un aplauso tibio, casi de compromiso. Inmediatamente después, de manera más previsible, Williams sumó el nombre del otro presentador del premio, Jack Valenti, en ese momento presidente de la poderosa Motion Picture Association of America, la entidad que agrupa a los principales estudios de Hollywood. Con el oficio y la seguridad de quien se siente de verdad dueño de casa en ese lugar, Valenti cedió a una nerviosa Aleandro el sobre con el nombre del ganador para que ella hiciera el anuncio. Lo primero que hizo Aleandro, según recordaría años después en su crónica para Infobae Alberto Amato, uno de los periodistas argentinos enviados hace cuatro décadas a Los Ángeles para cubrir el histórico acontecimiento, fue tratar de romper el sobre lacrado: “La solapa se partió a la altura del lacre y el sobre quedó abierto solo hasta la mitad. Murmuró, con una nerviosa sonrisa: ‘Too Much’ (Demasiado) y con un manotazo veloz y ante la sonrisa de Valenti rasgó el resto del sobre, que quedó hecho trizas. Extrajo el papel, descubrió que no llevaba sus lentes, vio el título en inglés e hizo una pausa que pareció eterna. Valenti ya había leído para sí el nombre de la película y le susurró en inglés a Aleandro: ‘¡Norma, léelo! ¡Es La historia oficial! ¡Léelo! Enarboló una amplia sonrisa y alzó sus brazos”. Fue en ese momento de emoción intransferible cuando Aleandro, que lucía un vestido de encaje negro diseñado por Elsa Serrano, recurrió al “God Bless You” para declarar como ganadora del Oscar a la película argentina. “Aquella frase fue improvisada y hasta me arrepentí un poco de haberla dicho, pero todo el mundo me decía que había quedado bien”, recordó la actriz ante LA NACION muchos años después. Con el tiempo ese triunfo logró todavía más reconocimiento y valor por la estatura de las otras películas nominadas ese año al Oscar internacional: Amarga cosecha, de la polaca Agnieszka Holland; Papá salió en viaje de negocios, de Emir Kusturica (que por entonces representó a la hoy extinta Yugoslavia); Tres hombres y un biberón, de la francesa Coline Serreau, y Coronel Redl, del húngaro István Szabó, considerada en buena parte de los pronósticos como favorita. Más allá de estos pálpitos, a Puenzo no le faltaban argumentos objetivos para creer en el triunfo. Su película había llegado a la fiesta del Oscar después de una larga temporada de premios con el Globo de Oro al mejor film extranjero bajo el brazo y los premios de varias asociaciones de críticos estadounidenses (Los Ángeles, Kansas y la National Board of Review). Pero el director argentino se instaló en su butaca con pocas expectativas y creyó haber perdido cuando vio desde lejos las vacilaciones que acompañaron el anuncio desde el escenario. “Estaba tan nervioso que cuando Norma dijo ‘God Bless You’ yo entendí Coronel Redl. Creí que había ganado la película húngara”, confesaría Puenzo horas después durante el festejo en la casa que alquiló junto a su familia para su estada en Los Ángeles. Aleandro también describió las horas posteriores al histórico triunfo. Así se lo contó a LA NACION en 2021: “Esa noche, después de obtener el Oscar, todo el mundo quería tomar algo con nosotros, compartir el brindis. Fuimos invitados a diversos hogares, todos frecuentados por actores muy conocidos por nosotros, pero ellos nos veían por primera vez. Fue una noche amable, distendida, alegre, como si la película hubiera sido una comedia cómica”. Por supuesto, no era así. Otro tipo de sentimientos envolvía al equipo de la película cuando se anunció el Oscar en el cierre de una jornada de poderoso significado simbólico. “Al mismo tiempo que estoy aquí sobre este escenario y aceptando este honor –dijo Puenzo al recibir y agradecer la estatuilla- no puedo dejar de recordar que otro 24 de marzo, hace hoy diez años, sufrimos el último golpe militar en nuestro país. Nunca olvidaremos esa pesadilla, pero ahora estamos empezando a tener nuevos sueños. Gracias”.