La familia que toma agua de una laguna contaminada para sobrevivir: “Tiene un gusto bien fiero”
2026-03-21 - 03:10
Toman agua de una laguna contaminada para sobrevivir Por Micaela Urdinez / Enviada especial 21 de marzo de 2026 “Todo es difícil aquí. Nosotros no tenemos en qué sacar el agua y lo hacemos a mano" Diego Mercado CHACO.- La familia Mercado se refugia del calor debajo de la galería de su casa en el Paraje Grasiela, en el Impenetrable chaqueño. Hacen cincuenta grados y es el único lugar con sombra en el que entran todos sentados en sillas y el un tronco largo que usan como banco. Los padres, Diego Mercado y Margarita Lescano están uno al lado del otro; sus hijos Milagros (18), Nicole (16), Tiago (14), Riduan (13), Dylan (8) y Morena (3), van rotando de lugares y por momentos se levantan para jugar con algo. Alrededor de las cuatro de la tarde, Diego le dice a su hijo Riduan que lo acompañe a buscar agua al pozo que tienen a cincuenta metros de la casa. Deja caer el balde hasta el fondo, se escucha el “plap” contra el agua y Riduan empieza a tirar de la cuerda en sentido contrario para hacer contrapeso. –Tire, tire, tire -dice Diego y el balde sube hasta la superficie. Lo agarra y mira su interior. “Esta agua no sirve porque está muy blanca, muy verde y tiene mal olor. Por eso no la estamos usando”, dice y la descarta. “Vamos a tener que ir a la represa hijo”, agrega. Riduan va hasta la casa para tomar un balde blanco de 5 litros y un vaso plateado como de Fernet, y encara para el monte. Lo acompañan Diego, Margarita y Tiago. Hervir el agua Siguen un camino entre los arbustos que ya está pisado de tanto andarlo y llegan a una pequeña laguna en la que hay un chancho refrescándose. La bordean y analiza los árboles que están caídos porque son los que puede utilizar de base para hacer equilibrio y sacar el agua. Riduan llega hasta un punto en el que ve que el agua no está tan barrosa, pero le parece que no está lo suficientemente estable. Vuelve sobre sus pasos, camina sobre un tronco que termina en la mitad de una laguna llena de plantas acuáticas, se agacha y empieza a cargar el balde con el vaso. El agua es marrón. Cuando termina, lo carga en la mano derecha hasta su casa y lo apoya en la mesa. “La hacemos hervir para que se componga más el agua”, dice Diego, vestido con jean, remera azul y gorra de Argentina. A pesar de eso, muchos de sus hijos se han enfermado con diarrea porque hace dos meses que toman agua en mal estado. Cuando llueve, consiguen almacenar agua segura en tachos. Y agrega. “Todo es difícil aquí en el Impenetrable. Nosotros tenemos un problema grande de agua. El agua del pozo se me ha echado a perder y hemos ido a buscar a la represa para tomarla. Nosotros no tenemos en qué sacar el agua y lo hacemos a mano”, dice este padre que mantiene a su familia haciendo changas y sacando postes de quebracho del monte. –¿Qué es lo que más necesitan? –Necesitaríamos una bomba sumergible, un grupo electrónico y cañerías que serían 14 metros de caño para llegar a la represa. Eso sería una cosa esencial. Una travesía monte adentro Todos los días, algún integrante de la familia tiene que ir hasta la represa con baldes para cargar agua que sale turbia por la tierra, por las plantas y por los animales que viven en ella; con un vaso como de Fernet, Riduan hace equilibrio sobre un tronco para llenar de a poco el tacho y volver a la casa Varios días sin comer Margarita nació en el Paraje Santa Agueda y se quiebra en cuanto quiere hablar de lo difícil que es la vida para ellos. “Está fiera el agua. Hoy día nos hemos puesto a sacar y no sirve para tomar, está como que se ha abombado. Tiene un gusto bien fiero. Y hemos ido a buscar agua a una represa que tenemos atrás. Llenamos esos tachos, así tirando, tiramos en la vasija y así baldeamos. Cuando hace calor, peor. Así es la vida acá”, cuenta con su hija Morena (3) a upa. La familia maneja una economía de subsistencia. A principio de mes, compran en el pueblo algo de mercadería para tirar todo lo que pueden. Ayer ambos padres salieron a cazar para poder darle de comer a sus hijos. “Hay días que comemos y hay días que no. Somos muchos. Por ahí me siento mal porque no puedo darle lo que ellos necesitan. De mercadería compro harina, fideos, arroz y azúcar, eso es lo que más uno necesita por los chicos porque ellos son los que más usan el pan y la tortilla”, dice Margarita que también sufre porque sus hijos más grandes no tienen una moto para ir a la escuela secundaria de Ojos de Agua, que queda a 40 kilómetros. “Ellos quieren ir en bici pero es lejos. Los otros que van acá cerca se van solos y uno no sabe si llegan porque no tenemos señal acá. A veces hace calor y les falta agua. O se les pincha la bici y tienen que volver de a pie. Es muy triste”, agrega. Una economía de subsistencia Arriba, Diego saca el balde del pozo con el agua con feo olor y constata que siguen sin poder usarlo; abajo, Tiago posa con un hacha en la mano que es con la que sale al monte a cazar conejos para que la familia tengo algo para comer Sueños que no se cumplen Diego hizo hasta 5to grado de primaria en la escuela de Brasil, que queda a 9 kilómetros, en la que ahora estudian sus hijos más pequeños. Él iba en zorra, un carro tirado por un burro o caballo y después tuvo que empezar a trabajar desde muy chico. “Todos los padres queremos que nuestros hijos estudien para que el día de mañana les sirva y no tengan que pasar lo que nosotros estamos pasando ahora. Yo trabajo de jornalero en el campo, hago postes o manejo a los animales. Se puede vivir apenas con eso. No nos alcanza”, aclara. –¿Hoy que almorzaron? –Unas milanesas. No sé si usted habrá escuchado del conejo. Somos muchos los que usamos el animalito ese. Con eso nos vamos arreglando. No solo de eso vivimos. También por ahí carnear los vecinos y nos invitan a que vayamos a ayudarlos y nos convidan carne. La familia tiene unos pocos animales que cuidan mucho porque “son alimento”. La casa tiene un solo foco de luz que funciona porque las pantallas solares están sin baterías. “Hay veces que uno hace el sacrificio, pero no alcanza. Yo quiero arreglar una cosa y viene otro tema que hace que tengas que gastar la plata en eso. Ya que los sueños de nosotros no se cumplen, que nos ayuden con el agua y con la moto sería una cosa muy buena”, concluye Diego. Cómo ayudar: ● Las personas que quieran ayudar la familia Mercado pueden comunicarse con Orlando de La Chata Solidaria al +54 (911) 5331-7472 o donar directamente en este link Conforme a los criterios de Conocé más Créditos Diseño Andrea Platón Copyright 2026 - SA LA NACION | Todos los derechos reservados