La evolución de un gesto apasionado, desde “Casablanca” y “Los puentes de Madison” hasta “Spider-Man” y “La guerra de las galaxias”
2026-02-06 - 10:06
What’s in a kiss? Have you ever wondered just what it is?, canturreaba con la falsa curiosidad el cantautor irlandés Gilbert O’Sullivan en su hit melódico de 1980. Décadas después, la microbiología vino a despejar el misterio: unos 80 millones de bacterias se intercambian en un beso profundo de diez segundos. Dato no apto para hipocondríacos con el que, obviamente, no contaban ni May Irwin ni John C. Rice en 1896 cuando, a poco de inventado el séptimo arte, protagonizaron un cortometraje de medio minuto, sin argumento: apenas la dama regordeta y el caballero bigotudo enfrascados en un duelo de seducción que culmina con unos castos piquitos. Los primeros jamás filmados, patrocinados por Thomas Edison que, además de inventor de la lamparita, fue el fundador de Black Maria, el primer estudio de cine de los Estados Unidos. Sobra aclarar que impresionables gazmoños vieron en la escena una muestra de afecto indecente y trataron de censurar The Kiss, tal el título de esta pieza dirigida por William Heise. Con escaso éxito, a juzgar por los variados ósculos fílmicos posteriores. El beso, para desazón de gente remilgada, había llegado para quedarse. Comenzaba una carrera vertiginosa para este recurso incitante que, merced a realizadores creativos, seguiría ejerciendo creciente fascinación en adelante. Pocos cineastas más ingeniosos y zarpados que Alfred Hitchcock en Notorious (1946), cuando estaba en pleno curso el estricto Código Hays, aquel fatídico manual que de los años 30 a los 60 dictaminó los límites los moralmente aceptable en la pantalla... Enterado de que los labios de una pareja no debían permanecer unidos por más de tres segundos, el maestro del suspenso burló la norma haciendo que Cary Grant e Ingrid Bergman incurrieran en una sucesión de besos breves, interrumpidos por susurros y caricias, estirando la escena hasta que los censores, mareados de tanto cronometrar, terminaron por rendirse. En total, dura más de dos minutos este memorable osculum interruptus, tenido por mucho tiempo como el más largo de la historia del cine. “Un encantador truco diseñado por la naturaleza para detener la parla cuando las palabras se vuelven superfluas”, dijo antaño Bergman sobre besarse. Y ya que esta estrella alude al discurso amoroso, una pequeña licencia complementaria: “El lenguaje es una piel: froto mi lengua contra la otra. Es como si tuviera palabras en lugar de dedos, o dedos al final de mis palabras. Mi lenguaje tiembla de deseo” (Roland Barthes dixit). Manual no escrito del beso clásico Durante los primeros tiempos del cine, el chape era un pase casi de magia; por lo general, el galán tomaba a la dama, le estampaba un beso veloz y se apartaba de un salto, como si hubiera recibido una descarga eléctrica. Con excepciones, por supuesto: hay que ver la dulzura amorosa de Buster Keaton en films como El cameraman. Sin embargo, acorde a un referenciado artículo de los años 40 de un histórico del New York Times, el periodista Bosley Crowther, “tras