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La ciudad que consolida su oferta gourmet con buenos productos y propuestas innovadoras

2026-03-07 - 03:33

Montevideo goza de buena salud. Brotan propuestas distintas lideradas por cocineros de nueva estirpe; jóvenes, sí, pero con más millaje y reivindicaciones conscientes de los productos locales de estación. Gracias a esta actitud, el panorama gastronómico avanza con paso firme y da lugar a un círculo virtuoso difícil de eludir. Zonas caídas en desgracia por la pandemia –caso de la Ciudad Vieja– están en fase de revalorización; la magra oferta de Carrasco, beneficiada por la mudanza de oficinas durante ese período oscuro, tiende a ampliarse. Recursos no faltan: incluso la memoria emotiva reversiona recetas de madres y abuelas a través de técnicas de última generación. En síntesis: Montevideo entra ya en la categoría de “Ciudad gourmet”. Viti Bar de Vinos Vinos y buena cocina en la Ciudad Vieja “De chiquilín te miraba de afuera”, podríamos suponer que pensaba Facundo Connio cuando, como chef de Es Mercat, miraba el local vacío que estaba enfrente y soñaba con poner un bar de vinos. De hecho, el espacio era un bar de época. Lo que Facundo no sabía –pero no tardó en enterarse– es que había tres amigos que también estaban interesados en ese lugar: Santiago Degásperi, enólogo y propietario de la bodega Nakkal; Nicolás Monforte, también enólogo y titular de la bodega Colorado Chico, y Federico Urquiola, productor de vinos y sidra y responsable de la bodega San Jorge. Pero el dueño del codiciado local no cerraba con ninguno. Hasta que Santiago habló con Facundo y propuso una reunión entre los cuatro aliados en un mismo proyecto; además, a los tres les encantaba la cocina de Facundo –eran clientes de Es Mercat– y, por fin, el bar de vinos se hizo realidad. Viti Bar de Vinos es una de las joyas de la Ciudad Vieja. Con apenas un año de vida, ya es un clásico que atesora más de cien etiquetas de vino y ofrece 80 por copa –la mayoría nacionales–, algo que lo hace único en Montevideo. Quienes atienden prodigan toda la atención necesaria: primero escuchan y después aconsejan. Lo ideal es probar varias copas, aunque también se puede pedir vino por botella. Los hay “únicos” –hablamos, a veces, de una sola botella– y están en una sección aparte para que no se pierdan en la interminable carta. Hay vinos jóvenes, con poca o ninguna intervención; productos que son sólo de exportación y que de otro modo no se podrían probar. La curaduría es impecable y se eluden las etiquetas comerciales. Cada uno de los cuatro socios tiene una tarea definida, pero las decisiones se toman en conjunto. En cuanto a la gastronomía, la carta va variando. Es una oferta dinámica y versátil: se puede armar un tapeo –hay picadas y platitos– o pedir platos de fondo. Muy recomendables: la empanada de cordero, la falsa ensalada César con lechuga iceberg, el semiduro de cabra madurado con panko y salsa verde, y el flat iron (bife de vacío con puré de papas y manteca de cenizas). Viti Bar de Vinos es un lugar de buena gente y un valioso espacio donde el vino convoca con una dinámica propia. En síntesis: para volver siempre. Viti Bar de Vinos Colón 1543, Ciudad Vieja. T: (598) 97-660-878. Jueves a sábado, de 12 a medianoche; domingos, de 12 a 23; lunes, de 18 a 23. Charo Buena cocina y alta deco en Carrasco Con la excusa de que la reconocida casa de decoración Viasono cumplía 20 años, Noelia Copiz –directora de la firma– y su hermana Leticia –licenciada en Nutrición y profesional de la gastronomía– inauguraron, a pasos del Sofitel en Carrasco, Casa Viasono y Charo Cocina y Café. Charo, el nombre de la abuela, inspiró la identidad de este espacio elegantísimo y de muy buen gusto, que emula un invernadero típico de las casonas de la zona. Cocina a la vista, mobiliario de moda, lámparas –una más linda que la otra– y un jardín precioso para disfrutar incluso en días fríos, gracias a sus buenos calefactores. El menú del mediodía, breve pero variado, fue diseñado para quienes tienen poco tiempo y quieran comer muy bien en un horario acotado. La carta se divide en Abrebocas para las entradas, Fuego y tierra para los principales y Agua la boca para los postres. Para empezar, hay empanadas de ternera braseada con queso provolone, ceviche de pesca artesanal del día y croquetas de caciocavallo y chipirones con emulsión de miso blanco. Entre los principales se mantienen algunas ortodoxias, como el bife ancho al kamado, la pesca del día al horno de barro con salsa de palta y la milanesa de ternera Charo con kétchup casero. Hay más: risotti, ensaladas creativas –por ejemplo, la de alcauciles asados, hinojos glaseados con un cremoso de alcauciles y castañas–, fideuá de pesca local, langostinos de Rocha con alioli negro, pastas y carnes varias. La despedida dulce permite elegir entre peras en almíbar, pavlova de estación, bombones de dátiles sin azúcar y torta de queso vasca. El menú nocturno es más complejo y está pensado para apreciar relajadamente. La carta mantiene el mismo concepto que la del mediodía, pero es más amplia, con variedad de sushi y ceviches, carnes, pastas, ensaladas y risotti. Entre los “abrebocas” se destaca el aperitivo para dos con paté de Charo y los espárragos al horno de barro con salsa bearnesa y huevo escalfado. La cocina está a la vista: la extracción es perfecta –no hay ruidos ni olores– y el personal trabaja en una estudiada armonía. Leticia está atenta a todo, y tanto ella como los camareros se acercan a las mesas para asegurarse de que el servicio esté a la altura. Charo Rambla República de México 6363. T: (+598) 97-096-409. Martes y domingo, de 12 a 20; miércoles a sábado, de 12 a 23.30. Quinquela Como en La Boca, pero del otro lado del río “Este proyecto nace para contar una historia. No sólo de sabores, sino de herencias. Es una cocina de autor que se nutre de la tradición y de la emoción, un restaurante que transforma la memoria del puerto en arte gastronómico; un cruce entre lo ancestral y lo contemporáneo, lo emocional y lo técnico”. He aquí un punto estratégico frente a

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