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Judith Gabbani: por qué nunca pudo ser vedette, cuál fue su villana favorita y la decisión de vida que generó insólitas críticas

2026-03-27 - 19:30

Con más de 40 años de trayectoria, esta es la primera vez que Judith Gabbani se sube al escenario del Teatro Cervantes. Y lo hace con Doradas, una obra de José María Muscari escrita en colaboración con inteligencia artificial y que puede verse de jueves a domingos a las 18. Dio sus primeros pasos como modelo, y gracias a la sugerencia de un novio de entonces, entró a la televisión. Trabajó con actores prestigiosos y capocómicos, hizo comedias y programas picarescos, pero nunca fue vedette. Personificó a las villanas de muchas telenovelas y, desde hace años, con la falta de ficciones, se volcó al teatro. De todo eso habla con LA NACION, y también de amor y de los desagradables comentarios que recibió luego de contar que nunca tuvo deseos de ser mamá. View this post on Instagram -¿Por qué Doradas? -Porque somos todas doradas y estamos en el salón dorado (la sala Luisa Vehil) del teatro. Somos oro (risas). Somos cinco actrices -Cristina Alberó, Marta Albertini, Carolina Papaleo, Ginette Reynal y yo- con una larga trayectoria. Hace 46, 48 años que trabajo y nunca había estado en el Cervantes. Doradas combina parte de la historia personal de cada una con ficción y además habla del Cervantes. Tampoco había trabajado con Muscari, y es una experiencia hermosa. Además, con Marta Albertini hicimos una novela hace muchísimos años que se llamó Cara a cara, con Verónica Castro, Pablo Alarcón y Daniel Guerrero. Y con Cristina Alberó hicimos una comedia muy linda en Mar del Plata. Y con Carolina Papaleo compartimos Amor en custodia. -Muscari escribió la obra con ayuda de inteligencia artificial. ¿Qué pensaste cuando te llegó el libro? -Al principio me quedé sorprendida porque no imaginaba cómo íbamos a encararlo. No es una comedia de texto... Por momento somos nosotras, las actrices populares, pero en otros momentos no. Sin embargo, conversando con Muscari, todo se acomodó y el proceso fue realmente hermoso. Una experiencia inolvidable para mí. -A pesar de que hace rato que no estás en televisión, nunca dejaste de actuar, ¿no? -Sí. Lo que pasa es que si no hacés televisión parece que no existís. Pero actualmente ningún actor actúa en televisión... Quizá puede conducir o estar en un panel. Desde el 2005 que no paro de hacer teatro. Creo que lo último que hice en tele fue Los secretos de papá y Amor en custodia, hace 20 años. Y una participación en Campanas en la noche. -¿Seguís con tu empresa de cosméticos? -Sí, la tenemos con una amiga hace más de 20 años. Siempre lo hice en forma paralela a la actuación. Con la crisis del 2001 no encontraba cremas y productos que compraba antes afuera. Tengo una piel muy sensible y no uso base de maquillaje. Hablando con una amiga que también tiene el mismo tema, surgió la posibilidad de desarrollar una fórmula con un bioquímico. Son productos que venden los profesionales, no es venta al público. También nos ocupamos de los envases, el packaging, además de las materias primas. -Debutaste en televisión de casualidad, ¿cómo fue? -Empecé desfilando, aunque no me fascinaba. Esos trabajitos como modelo estaban buenos porque me pagaban, y el físico me ayudaba. Siempre quise actuar, pero no conocía a nadie. Tuve un novio que iba a hacer una película y convocó a algunas actrices a través de un representante y un día, en chiste, le dijo que me representara. Y aceptó. Nunca había estudiado teatro y me puse roja de vergüenza. A la semana me llamó para un programa de Canal 13 que se llamaba Con cierta sonrisa. Era un music hall con Marty Cosens y Raúl Lavié, y dirigía producía Jorge Palaz, a quien adoré porque fue como un padre para mí. Y hasta el 2005 no paré. Al principio apenas tenía unos bocadillos, pero un día faltó la actriz principal por un tema de salud y estaban desesperados porque había que grabar. -Y ahí saliste “al toro”, como se dice en el ambiente... -Yo me sabía la letra de todos porque cuando iba a buscar los libretos, volvía a mi casa en el colectivo leyendo todo. Así que, en el medio del caos, le dije a Lavié que me sabía la letra, se lo dijo a Palaz que decidió probar y hacer el sketch conmigo. Fue una gran oportunidad y además le salvé todo el programa porque sino no grababa. Ya después me escribían a mí, cada vez un poquito más. Hasta ese momento había trabajado en eventos, en la exposición ganadera de la Rural, en la confitería de La Pampa y Libertador que todavía existe. Recuerdo que para los días de la primavera y de la madre, yo estaba disfrazada de Cleopatra en la puerta y le entregaba una rosa a las mujeres (risas). -Trabajaste con actores muy prestigiosos y hasta fuiste “gatita” de Porcel. ¿Qué recuerdos tenés? -En realidad, nunca fui “gatita” pero sí estuve en el programa. Siempre fui actriz y no vedette porque no me daba el cuerpo tampoco. Ojalá hubiese sido así (risas). Me hubiese encantado bailar como Nélida Lobato. Pero necesitaba otro tipo de físico y yo era delgada. En los ’90 hice de todo. Estuve en Los Manfredi, trabajé en las comedias de Darío Vittori, en De carne somos, en Matrimonios y algo más. Y en novelas como Los ángeles no lloran, 90-60-90 Modelos. Era una tras otra. -De todo lo que hiciste, debés tener tus preferencias.... -En teatro hay una obra que me encanta y es (Des) Hechas de amor, que la original fue La vagina enlutada, pero cuando pasamos a otro teatro pidieron cambiar el nombre. Ojalá volvamos. Otra comedia que me encantó fue Boeing-Boeing. Y en televisión amé a la villana que hice en 90-60-90 Modelos y se llamaba Ágata Dalton. En Los Ángeles no lloran también fui mala, pero un poquito menos. También recuerdo Los Benvenutto que era en vivo. Era como hacer teatro, porque no teníamos red y si nos equivocábamos no podíamos volver a hacerlo. Con Francella también hice teatro con Pijamas, es alguien muy gracioso. -Compartiste televisión y teatro con Alberto Olmedo y Jorge Porcel. ¿Cómo fue trabajar con ellos? -Estaba haciendo la novela Cara a cara cuando me llamaron para trabajar con Olmedo. Era un tipo tan sencillo. Simple. Quedé shockeada dos minutos cuando lo conocí y después era como ver al vecino de toda la vida. Trabajé dos años en No toca botón. Un tipo amoroso, una muy linda experiencia. Y con Porcel trabajé porque me convocó Pancho Guerrero, que era amigo, y un día su mujer me llamó a la madrugada y me dijo que su marido quería hablar conmigo. Porcel se había peleado con Gerardo Sofovich y se llevó a todo el elenco del programa que estaban haciendo, entonces convocó a Pancho para que lo dirija y arme un elenco nuevo. Era para el programa Lo viste a Porcel, en el ’85. Después hicimos Las gatitas y los ratones de Porcel. Tengo buenos recuerdos de los dos. Jorge fue un señor conmigo, no tengo nada que decir. Sé que no ha tratado bien a otra gente, pero conmigo fue un caballero. Tuve la suerte de trabajar con gente maravillosa siempre, como Carmen Vallejos, Beatriz Taibo, Gianni Lunadei, Hugo Arana, Rodolfo Ranni. Nunca tuve tiempo de estudiar teatro porque arranqué y no paré. Pero observaba a mis compañeros. Trabajé con los mejores. -¿Estás en pareja? -No. Hace muchos años que estoy sola. -Tuviste una pareja famosa que fue el productor Ovidio García, quien trabajó con Rafaela Carrá, con Susana Giménez... -Sí, estuvimos 21 años juntos. Nos separamos, pero somos muy amigos y además compartimos a Beto, que es nuestro perro. Somos familia. Nunca trabajamos juntos aunque lo conocí cuando me llamó a través de un amigo, para hacer un piloto de un programa que después no se dio. -En un momento te criticaron mucho porque contaste que nunca tuviste deseos de ser mamá. ¿Lo sufriste? -Un periodista llegó a preguntarme si me sentía frustrada por no haber sido madre. Me reí... No me siento frustrada porque desde que nací tuve muy clarito que no iba a tener un hijo. Podría haber sido una madre adoptiva, pero no se dio. Me hubiese gustado encontrar un chico y darle una familia, ya que estaba en este mundo. Frustrada a lo mejor hubiese sido si tenía un hijo sin desearlo. A ningún hombre le preguntan si se siente frustrado por no tener hijos, y tampoco preguntan nada si los abandonan o no les pasan la cuota alimenticia. -¿Nunca dudaste de esa decisión? -No. Fue lo más claro que tuve en mi vida. No tengo la obligación de traer al mundo a otro ser humano, y por eso no soy ni mejor ni peor persona. Hay muchas mujeres que tuvieron hijos porque era un mandato, y no un deseo.

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