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Industria y construcción explican casi dos tercios de los más de 200.000 empleos privados perdidos desde 2023

2026-03-16 - 21:13

Más de 200.000 empleos asalariados privados registrados se perdieron en la Argentina desde el inicio del gobierno de Javier Milei. La caída se concentró especialmente en dos sectores: la industria manufacturera y la construcción, que en conjunto explican casi dos tercios de la destrucción de puestos de trabajo en ese segmento, según datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) que publica la Secretaría de Trabajo. La caída acumulada del empleo privado registrado desde fines de 2023 ya se aproxima a la pérdida total observada durante la gestión de Mauricio Macri, cuando el empleo asalariado formal también registró una contracción significativa en los últimos años del ciclo económico. El retroceso se produce además en un mercado laboral que arrastra problemas estructurales: el empleo asalariado privado prácticamente no crece en términos netos desde hace más de una década. La actual profundización del deterioro del mercado laboral se produjo en un contexto de recuperación parcial de la actividad económica, pero con un patrón de crecimiento muy desigual entre sectores. Mientras rubros intensivos en empleo como la industria y la construcción continúan rezagados, otros segmentos más dinámicos —como la energía, la minería y las actividades vinculadas al agro— tienen un peso menor en la generación de puestos de trabajo. Según cálculos de la consultora Profit, dirigida por el economista Amilcar Collante y elaborados a partir de los datos del SIPA, el empleo asalariado privado acumuló una pérdida de 200.941 puestos desde noviembre de 2023. La mayor parte de esa caída se explicó por la construcción, con 62.300 empleos menos, y por distintas ramas de la industria manufacturera, que en conjunto redujeron su plantilla en alrededor de 66.500 trabajadores. Dentro del sector industrial, las mayores bajas se registraron en la industria textil, con una caída cercana a 20.900 puestos; la metalmecánica, con más de 17.300 empleos menos; y otras manufacturas, con unos 10.700 trabajadores menos. También se observaron retrocesos en el sector automotriz y de neumáticos (unos 7000 empleos menos), la industria de la madera y el papel (5700) y la producción química y petroquímica (4900). La construcción fue el sector que más empleo perdió. El freno de la obra pública durante la primera etapa del ajuste económico y la caída de la actividad impactaron con fuerza sobre el nivel de ocupación en un rubro intensivo en mano de obra. El deterioro del empleo se acentuó además en los últimos meses. Estimaciones privadas basadas en los registros del SIPA muestran que desde mediados de 2025 se profundizó la caída del empleo asalariado privado, con cerca de 97.000 puestos menos desde mediados del año pasado. En contraste, algunas actividades vinculadas a servicios o sectores primarios mostraron una dinámica más favorable, aunque con impactos más acotados sobre el empleo. Entre noviembre de 2023 y fines de 2025, las actividades agropecuarias sumaron unos 10.300 puestos registrados, mientras que las actividades informáticas incorporaron cerca de 6000 trabajadores y el comercio agregó alrededor de 3200 empleos, según los datos del SIPA analizados por Profit. Otros sectores, como la minería y el petróleo, registraron caídas más moderadas, del orden de 8500 empleos. En distintas exposiciones públicas, Milei defendió este tipo de reconfiguraciones sectoriales del empleo como parte de lo que la literatura económica denomina “destrucción creativa”, concepto popularizado por Joseph Schumpeter en 1942. “El crecimiento no es equilibrado. Va a haber sectores que se expanden y sectores que se contraen”, afirmó este lunes durante una exposición en la Bolsa de Comercio de Córdoba. Según planteó, los cambios tecnológicos y productivos pueden desplazar empleos en algunas actividades, pero generan nuevos puestos en sectores más productivos. “El día que aparece el email, los carteros van a tener problemas y van a tener que trabajar de otra cosa”, ejemplificó. El fenómeno se produjo además en un contexto particular: durante 2025 la actividad económica comenzó a mostrar signos de recuperación, pero esa mejora no se tradujo en una expansión del empleo formal. Según estimaciones de la consultora LCG, el producto bruto interno creció alrededor de 4,4% el año pasado, mientras que el empleo asalariado privado cayó cerca de 0,5%, una combinación poco habitual en la economía argentina. La composición sectorial del crecimiento ayuda a explicar esa dinámica. Los sectores más dinámicos —como la energía, la minería o algunas actividades vinculadas al agro— tienen una capacidad relativamente limitada para generar empleo, mientras que rubros con mayor peso en la ocupación, como la industria manufacturera o la construcción, todavía operan por debajo de los niveles de actividad previos. Un informe reciente de Fundación Capital proyecta que la economía podría crecer alrededor de 2,5% en 2026, pero con fuertes disparidades entre sectores. Mientras actividades como la minería, los hidrocarburos o la intermediación financiera mostrarían expansiones importantes, la industria manufacturera seguiría cerca de 6% por debajo de los niveles de actividad de 2023 y la construcción alrededor de 10% por debajo. “Prevemos un crecimiento modesto de la actividad económica en 2026, pero con un comportamiento bien diferenciado entre sectores, donde aquellos más rezagados tienen un peso muy importante en el empleo”, señaló la consultora en su último informe. A este panorama se suma un cambio en la composición del trabajo registrado. Mientras el empleo asalariado privado se redujo en más de 200.000 puestos desde noviembre de 2023, crecieron otras formas de inserción laboral dentro del sistema formal. En particular, el número de monotributistas aumentó en unos 159.500 trabajadores, mientras que los autónomos sumaron cerca de 10.600 nuevos inscriptos, según estimaciones privadas elaboradas a partir del SIPA. Distintos análisis advierten además sobre un deterioro en la calidad del empleo: el aumento del cuentapropismo, registrado o independiente, y de la informalidad aparece como uno de los mecanismos de ajuste del mercado laboral. El escenario también plantea desafíos para la recuperación del consumo. Según Fundación Capital, el poder adquisitivo continúa presionado por una inflación cercana al 3% mensual y por paritarias que en muchos casos se ubican por debajo de esa dinámica. A esto se suma un enfriamiento del crédito a las familias y un aumento de la morosidad en los préstamos. Datos del BCRA citados por la consultora muestran que el ratio de irregularidad en los créditos a hogares alcanzó el 9,3% a fines de 2025, el nivel más alto al menos desde 2008. Con sectores intensivos en empleo aún rezagados y el crecimiento concentrado en actividades que generan menos puestos de trabajo, la recuperación económica todavía enfrenta el desafío de trasladarse plenamente al mercado laboral. En el Gobierno confían en que la llegada de nuevas inversiones —impulsadas en parte por el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI)— y los cambios introducidos por la reforma laboral sancionada el año pasado puedan contribuir a dinamizar la contratación formal.

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