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Hongos versus colillas

2026-03-26 - 03:11

Las estadísticas señalan que el consumo de tabaco ha disminuido a nivel mundial. Si en el año 2000 se pasó a uno de cada tres adultos, en 2024 ya hablábamos de uno cada cinco. Sin embargo, el descenso se explica en parte porque se han promovido estrategias alternativas de consumo sin combustión, como los vapeadores o las bolsitas de nicotina. Suecia está cerca de convertirse en el primer país “libre de humo” según la Organización Mundial de la Salud, con una prevalencia de tabaquismo inferior al 5% gracias a estos sucedáneos que, por cierto, también provocan perjuicios a la salud. Y aun así, la cifra mundial de fumadores no deja de ser apabullante: 1200 millones de personas siguen encendiendo 5,6 billones de cigarrillos por año, de los cuales 4,5 billones están provocando un silencioso desastre ecológico. Pensar en incinerar las colillas equivale a liberar sus gases tóxicos; enterrarlas traslada el daño al suelo. En contacto con el agua, las sustancias tóxicas que retienen los filtros se liberan al punto de contaminar 50 litros cada uno, afectando gravemente la vida que allí se desarrolla. Un equipo de científicos de la Universidad Nacional de Rosario de las áreas de Micología y Farmacognosia, sumados al Conicet, dedicados por años al diseño de fármacos antifúngicos, vieron en el camino inverso la posibilidad de limpiar ecosistemas. Así, el equipo buscó en plantas y hongos nuevas alternativas de tratamiento, ante la resistencia de los hongos a los fármacos que actualmente se recetan. La técnica que desarrollaron, conocida como micorremediación, juntó hongos con colillas. Comprobaron que casi naturalmente los primeros pasan a alimentarse de ese sustrato que proveen las colillas, degradando la nicotina y los hidrocarburos aromáticos policíclicos retenidos en los filtros, que son cancerígenos. El riesgo ambiental de manipularlos es bastante bajo. El resultado en el laboratorio fue asombroso: los hongos de cinco especies distintas crecieron exclusivamente en base a las colillas. El equipo de investigadores comprueba ahora que, una vez que el hongo haya realizado su trabajo, el residuo final sea inocuo y sin riesgo para las plantas. Verificado esto, el objetivo es crear plantas de tratamiento en las cuales disponer de un desecho tan masivo y tan contaminante como las colillas. Como tantos otros, estos investigadores hablan de las dificultades que enfrentan a diario quienes se dedican a la ciencia en nuestro país. La falta de recursos e insumos se suple con abundantes dosis de vocación, esfuerzo y creatividad. Aun con sólidos respaldos académicos, las más grandes ideas pueden frustrarse por falta de dinero. Celebramos la capacidad de nuestros científicos para superar tantos escollos. Cuando un proyecto como el comentado tiene un impacto social directo, la comunidad debe apoyarlo.

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