Fue el villano más amado, se le plantó cara a cara a Walt Disney y murió en un geriátrico
2026-03-22 - 23:10
“Voy a hacer que a este personaje nunca lo olviden”, sentenció para sí mismo el actor Britt Lomond cuando fue elegido para ponerse en la piel de uno de los villanos más recordados. Aunque había audicionado para el papel de Diego de la Vega en El Zorro, lo rechazaron, pero vieron en él un gran potencial para otro rol: el del Capitán Monasterio. Solo 13 capítulos le alcanzaron para dejar su huella en el mundo de la televisión. A dos décadas de su muerte, alejado de las luces de los sets y el cariño de sus fans, la historia del “malo” más querido de una serie que, hasta el día de hoy, es una de las más elegidas entre el público argentino. Nacido bajo el nombre de Glase Richard Lohman el 12 de abril de 1925 en Illinois, Chicago, y criado en Nueva York, fue el hijo de una escultora y un maestro de música. Se graduó en Bellas Artes y uno de sus primeros trabajos fue como decorador. Además, fue paracaidista en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial y también participó en la Guerra de Corea. Esto le valió un reconocimiento militar: recibió tres Corazones Púrpuras, una Estrella de Plata y una de Bronce por su servicio. Pero su vocación estaba muy lejos de las armas y los conflictos bélicos y cerca del mundo artístico. Comenzó a trabajar como director de arte y tuvo una primera oportunidad en una obra gracias a su habilidad con la esgrima y a un giro del destino. Y es que, durante una de sus jornadas laborales en el teatro Westport, en Connecticut, debió reemplazar a un actor que se había enfermado. Ese primer contacto con el escenario y el público hizo un clic en él, y le sirvió para decidir que no iba a quedarse para siempre detrás de escena, sino que se volvería protagonista. Para eso, debía estar en el lugar indicado y decidió mudarse a California. Fue así como, poco a poco, ingresó en el mundo de Hollywood. A comienzos de la década del 50 trabajó como doble de riesgo y buzo de aguas profundas. De hecho, reemplazó al actor Mel Ferrer -exmarido de Audrey Hepburn— en la escena del famoso duelo de espadas de la película Scaramouche, de 1952. Con algunos pequeños papeles en los primeros años de la década del 50, hizo su debut “oficial” como actor, con su nombre y apellido en los créditos, en la serie de televisión Navy Log de 1955, y un año más tarde participó en Highway Patrol (Patrulla de Carreteras). Pero sin dudas, la gran oportunidad de su vida le llegó en 1957, a los 32 años, cuando audicionó para El Zorro y, con mucha tenacidad, no la desaprovechó. Aunque hizo el casting para el papel principal de Diego de la Vega y Walt Disney estaba convencido de que era ideal, fue Guy Williams quien se quedó con el protagónico. Lejos de quererlo fuera del proyecto, el productor Norman Foster vio que en Lomond había mucho potencial y le ofreció ser el antihéroe: nada más ni nada menos que el Capitán Enrique Sánchez Monasterio. “Durante varios años, tuve la costumbre de tomar clases de esgrima al menos dos veces por semana. Sin embargo, durante este frustrante período de espera para la decisión sobre el reparto de El Zorro, asistía casi todas las noches a mis clases. Fue allí donde otro alumno de esgrima se presentó: era Guy Williams, un tipo muy simpático con el que enseguida congeniamos. Cuando rodamos la serie, pronto nos hicimos muy buenos amigos y pasamos momentos maravillosos juntos, tanto dentro como fuera del set”, recordó Lomond en su libro Chasing After Zorro (Persiguiendo al Zorro). El Zorro, el personaje creado en 1919 por Johnston McCulley, inspiró más de una versión televisiva. Sin embargo, la que produjo Walt Disney es sin dudas la más recordada. El 10 de octubre de 1957 el programa debutó y fue un éxito rotundo. Pero la decisión de los productores de no darle el protagónico a Lomond, en cierta manera, lo afectó. “Al principio estaba un poco decepcionado por no haber sido elegido para ser El Zorro, pero cuando me dieron el papel de villano, me dije a mí mismo: ‘Voy a hacer que a este personaje nunca lo olviden, será muy malvado, tendrá humor, tendrá todos esos pequeños matices y colores’; en mi mente ya podía imaginarlo”, dijo en un reportaje para el programa Rescate Emotivo, emitido por Canal 13, muy conmovido, como si estuviese a punto de filmar una escena con su espada en la mano y no en una entrevista. Sobre la construcción del aspecto necesario para ponerse en la piel del tirano capitán que intentaba desenmascarar al forajido zorro, reveló: “Las dos mechas plateadas a ambos lados de mi cabello fueron puestas por el departamento de maquillaje, no era algo natural. Walt Disney creyó que yo necesitaba parecer un poco mayor que Guy, aunque en realidad era un año más joven. Me gustaba, creía que me hacía parecer muy distinguido. Me daba una apariencia un poco malvada”. Con su metro ochenta y cinco de altura y sus ojos de un azul intenso, sumado a su poca paciencia con el Sargento García, forjó un personaje inolvidable. En más de una oportunidad, no respetó el guion original y le aportó su toque personal a las escenas, lo que demostraba su gran talento para la actuación. En uno de los episodios, donde Monasterio debía contar sus planes para detener a Alejandro de la Vega, el padre de Diego, él decidió hacer algo diferente e improvisó. Dio unos pasos directo hacia la cámara, ensayó su sonrisa de malvado unos segundos y sentenció contundente: “Nada ni nadie me impedirá que sea el hombre más rico de toda California”. Esta creación repentina, totalmente por fuera de lo escrito, le pareció fantástica a todos en el set. “Solo debe haber una estrella” Aunque apenas formó parte de 13 capítulos (de los 78), su papel como némesis del héroe con antifaz y capa le valió un reconocimiento que sigue vigente y quedó sellado en la memoria de los fanáticos. Esa popularidad repentina e inusitada fue, justamente, su peor enemiga. “Walt Disney bajó al estudio en el episodio diez y me dijo: Britt, vamos a tener que sacarte de la serie, y le pregunté ‘¿Es por algo que dije?’. La respuesta fue que no y la justificación lo desconcertó. “Me explicó: ‘Odio decirte esto, pero es por tu correo de fanáticos, es igual al de Guy Williams, y solo debe haber una estrella por serie’”. Aunque intentó cambiar la historia, nada pudo hacer. Si bien tras su salida vinieron otros villanos que enfrentaron al Zorro, muchos fans coinciden en que ninguno fue como él. Lomond entendió la decisión de hacerlo a un lado, pero le costó aceptarla. Durante el poco tiempo en el que filmó el programa, se hizo muy cercano con el resto del elenco, entre ellos Gene Sheldon (Bernardo, el sirviente sordo mudo de Diego de la Vega) y Henry Calvin (el Sargento García), pero sobre todo lo unió un vínculo especial con Williams. “El mejor episodio en el que estuve fue el último, cuando traté de desenmascarar al Zorro, ¡lo amé! La escena de esgrima fue terrible; cuando puse a Guy contra la pared con la espada en la garganta, no estaba escrito en el guion, pero rodamos sin cortar y rematamos la escena con mi frase: ‘Ahora admite que eres El Zorro o de tu garganta no va a salir un sonido; es tu única oportunidad’. Al director le encantó y fue muy divertido”. Además de ser entretenido para él, esa escena fue algo sencillo dado que Lomond era muy hábil con la espada, puesto que era esgrimista profesional. De hecho, fue seleccionado para representar a los Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Helsinki en 1952, aunque desistió de la oportunidad por estar abocado de lleno a forjar su carrera actoral. Por el éxito que generaba la serie, para 1959 Disney tenía la idea de una tercera temporada. De hecho, se filmaron cuatro especiales con los protagonistas pero, por los desacuerdos que tenía con la cadena ABC que emitía el programa, sumado a los altos costos de producción que demandaba cada episodio, decidió ponerle punto final. Esto fue un duro golpe para todo el elenco. Sin embargo, aunque ya no se reunían en los sets ni tenían libretos que leer, habían conseguido algo que todo artista anhela: el reconocimiento y cariño del público. Al lugar donde fueran les recordaban que habían dejado una huella en la infancia de muchos niños. Después de su paso por El Zorro, Lomond actuó en las películas y series Tonka (1958); Rawhide (1959); The Virginian (1962) y Live a Little, Love a Little (1968), entre otros títulos. Aunque salió del centro de la escena y las cámaras, no se alejó tanto, ya que para finales de 1960 se puso el traje de director y jefe de producción. “La actuación es un campo muy expresivo y, aunque no pienso abandonarla por completo, quiero dedicar más tiempo a la producción y la escritura”. Era tanto lo que añoraba su momento de fama que en 2004, por sugerencia de su segunda esposa, Diane, escribió un libro donde relató las mejores anécdotas que tuvo en la serie. Esa mujer que lo impulsó a volcar en palabras sus vivencias en el set, y que se convirtió en su cable a tierra, no dejaba de sorprenderse por la fama que tenía su marido. “En Europa es un fenómeno. Es realmente asombroso, quiero decir, Dios mío, fue hace tantos años”, dijo en una ocasión. La pareja se casó y estuvo 48 años junta. Fruto de su matrimonio nacieron: Glase, quien se convirtió en guionista, y Evan Grey. Su amistad inquebrantable con Guy Williams Aunque cuando las cámaras grababan eran antagonistas, todo cambiaba al momento de decir “corte”, al punto tal que cuando el rodaje terminó para Lomond, Williams se convirtió en un amigo cercano. El 2 de agosto de 2001, cuando a Guy —fallecido en Buenos Aires 12 años antes por un aneurisma— lo homenajearon con su estrella en el Paseo de la Fama en Los Ángeles, fue “Monasterio” quien dio un emotivo discurso para recordarlo. Con el cabello cubierto de canas y un traje marrón, muy diferente al aspecto del comandante, el actor subió a un estrado y expresó con un poco de humor: “¡Cielos, nunca pude atrapar al Zorro!”. Acto seguido, y ya con un poco más de seriedad, señaló: “En los 40 años que tuve de carrera, puedo decir que Guy fue el hombre más caballero que conocí en la vida, y si alguien tuvo el honor de haberlo conocido, también diría que fue el hombre más amable que haya conocido, así que celebremos que tiene su merecido reconocimiento”. La vida después del gran éxito Alejado ya por completo de las luces de los sets, Lomond encontró una nueva pasión: la pintura. Entre sus obras se destacan imágenes de barcos, escenas náuticas y coloridas abstracciones. En la década del 60 tuvo una galería de arte llamada Brittini, puesta en sociedad con su suegro. En una de sus últimas entrevistas, agradecido siempre por el afecto y reconocimiento del público, reflexionó: “De los 1200 créditos que hice en televisión y cine, ¿por qué seré recordado? Por mi paso por El Zorro, y creo que debo sentirme muy afortunado”. Lomond murió lejos del resplandor de Hollywood el 22 de marzo de 2006 en un asilo de ancianos de Huntington Beach, en California, a raíz de una insuficiencia renal, según publicó The New York Times. Tenía 80 años. Una página de Facebook con más de 30.000 seguidores recopiló hasta hace unos años material inédito del actor y, entre todos los comentarios que aún recibe, queda demostrado a veinte años de su muerte que el cariño del público está intacto. De todo lo que se pueda decir y escribir sobre él, una cosa es segura: cumplió con su promesa de construir un personaje que más de sesenta años después muchos no olvidamos.