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Formó parte del gran éxito argentino de los 80, interpretó a la villana más amada y ahora su voz llegó al cine internacional

2026-03-28 - 22:30

Con guardapolvo blanco y bajo el moño perfecto de Etelvina Baldasarre, Laura Tuny logró conquistar a aquellos niños y familias que entre 1982 y 1985 se prendían a la pantalla de ATC para deleitarse con Señorita Maestra, la tira infantil que retrataba las historias y vivencias de un grupo de alumnos de sexto grado en una escuela primaria. Malvada, altanera y clasista, se convirtió en la antagonista favorita, papel que la llevó a participar de otras reconocidas producciones como Clave de sol, El palacio de la risa, Alta comedia, Los Benvenuto y El sodero de mi vida. Sin embargo, su carrera no empezó con los desplantes a Cirilo Tamayo, su enamorado en la ficción, sino mucho antes: de la mano de su padre. No tenía ni seis años cuando, junto a su hermana, acompañaban todas las semanas a su papá, cardiólogo y columnista de La salud de nuestros hijos, el emblemático ciclo de divulgación médica, creado y conducido por el doctor Mario Socolinsky desde 1973 hasta la década de los 2000. Una de esas visitas, en las que oficiaban de ‘modelos’ para su padre, quien les hacía electros en vivo, llamó la atención de un productor: el lazo perfecto para que tiempo después formara parte de Cantañiño, la agrupación con la cual grabó dos álbumes y realizó una temporada de televisión. Dos años después participó Agüita Clara, un grupo musical que tenía como referente a ABBA, pero versión infantil, con el cual grabó otro material discográfico. Laura Tuny formó parte de Agüita Clara, un grupo musical de chicos Lo que vino después dejó una huella imborrable en su carrera, la misma por la que hoy muchos la recuerdan: tres años como Etelvina, la alumna de Jacinta Pichimahuida, protagonizada por Cristina Lemercier. Pese a que su trayectoria es mucho más amplia que la de aquel personaje, ella no reniega de lo que más resuena en la memoria de la gente. “Estoy muy orgullosa de lo que hice, porque eso fue el inicio de mi carrera y gracias a eso pude hacer un montón de otras cosas”, expresó en una charla con LA NACION. “Algunos me descubren en la música y me preguntan: ‘¿Actuaste?’. Entonces me empiezan a buscar. Y a lo mejor los que saben que actué, dicen: ‘Ah, mirá, está haciendo música’. No me molesta para nada que me reconozcan; está bueno que se sumen mis otras facetas. Hay gente que se queda solo con eso... bueno, ellos se lo pierden”, agregó entre risas. Laura también se refirió a las trágicas muertes de algunos de los actores de la serie de la década de los 80, versiones que algunos vinculan a la “maldición”. Mote, que, tal como contó, lo utilizó alguien para vender. “Es una tontería porque en todos lados pasan cosas. Éramos unos elencos enormes, tres generaciones de elencos, 40 personas por elenco, o sea, es imposible que no pasen cosas”, sentenció. En ese sentido, recordó los momentos de felicidad que vivió mientras formó parte de la ficción creada por Abel Santa Cruz. Dado que la gran mayoría eran pequeños, para ellos cada día de grabación era un juego. “En el momento que no grabábamos, jugábamos, jugábamos al elástico, al Tutti Frutti, a lo que cualquier chico juega a esa edad”, comentó. Y continuó: “Aunque no lo tomábamos como un trabajo, sí había mucha responsabilidad. Si uno lo mira a la distancia, eran horas de grabación y de estar. Eso hace que uno por ahí ya después de grande tenga una cierta conducta, más estricta, de estar acostumbrado a cumplir horarios, normas, reglas”. Aunque Etelvina era malvada, su personaje fue, sin dudas, uno de los más queridos por el público. La actriz detrás del rol explicó este curioso vínculo: “Era un personaje demasiado extremo, pero por eso todos comprendían que era solo eso. La gente en ningún momento me tiró ‘mala onda’ u odio; simplemente sabían que era un personaje”. Incluso señaló que, hoy en día, muchos seguidores le revelan que “la odiaban, pero que también la amaban y querían ser como ella”. Al analizar estas características, concluyó que la clave estaba en la exageración: “Era un perfil tan extremo que resultaba obvio que un chico real no podía tener esa personalidad ni ese carácter”. En la escuela la realidad era otra. Tuvo que cambiarse de colegio tras un pedido de la directora y, como estaba en pleno auge de Señorita Maestra, sus nuevos compañeros la miraban como un “bicho raro”. “Me perseguían y me miraban con caras raras”, rememoró. Pese al hostigamiento, enfrentó la situación con madurez: “Tenés que tener muy claras las cosas y una buena base para que lo que pase no te desestabilice”. Debido a la repercusión de Etelvina, continuó en títulos como Clave de Sol, El palacio de la risa, Alta comedia, Los Benvenuto y El sodero de mi vida. Sin embargo, su carrera dio un vuelco inesperado cuando decidió volcarse a la danza. “Me dedicaba a bailar en eventos; durante el auge de la salsa trabajé muchísimo con eso”, recordó. Más allá de los cambios, la música nunca dejó de estar presente. “Me iba preparando para la música, le empecé a dar forma a las canciones y, cuando sentí más o menos que estaba preparada, dije: ‘Bueno, ahora sé lo que quiero hacer a nivel musical, es el momento’. Y entonces salió mi primer disco”, comentó sobre el álbum que lanzó en 2004 y el cual se caracterizó por una fusión de ritmos latinos y hip hop. Mi sello en tu piel -nombre de su primer trabajo discográfico como solita- reflejó el compromiso y el tiempo que le dedicó a construir su propia identidad en el ambiente musical. “Me costó mucho el trabajo en pensarlo porque hay que encontrar un sonido, una voz, un ritmo”, se sinceró al mismo tiempo que indicó que lo llevó a cabo de manera independiente, sin el apoyo de grandes compañías. Después del primero vino Mi causa (2006); y, como dicen que “no hay dos sin tres”, diez años más tarde dio a luz a Lo Nuestro (2016). Asimismo, Laura se destaca por su trabajo como compositora: escribió la canción principal de la película estadounidense Golden Winter (2012) y formó parte de la banda sonora de Sharknado 3 (2015). Pero en medio de este camino artístico, hizo un hueco fundamental para dedicarse a su hija, Shirly. La pequeña nació el 27 de febrero de 2018 en Kiev, Ucrania, mediante el método de subrogación de vientre, tras una larga búsqueda de cinco años. Hoy, esa niña parece haber heredado el ADN artístico de su madre. “Mi hija se la pasa cantando. Le tengo que decir: ‘No cantes más, por favor, te lo pido’. Todo el día está cantando y bailando, tiene muy buena voz”, contó Laura con ternura. Sin embargo, al haber crecido frente a las cámaras, conoce mejor que nadie el peso de la exposición: “Le voy a conseguir una profesora de canto en cualquier momento para guiarla, pero no para que se dedique. Si vos me preguntás qué preferiría yo, te digo que otra cosa”. Para Tuny, el mundo del espectáculo requiere una preparación que va más allá del talento. “Esta carrera es una montaña rusa de sensaciones y emociones; estás arriba, estás abajo. Hay que tener mucha firmeza, mucha paciencia y mucha seguridad. Hay que estar muy fuerte para soportarla”, reflexionó. No obstante, el deseo de su hija puede más: “Si es lo que a ella la va a volver loca y lo que va a amar hacer en su vida, la voy a apoyar”. Sin alejarse nunca del todo de la creación, en agosto del año pasado Laura Tuny reafirmó su camino musical con el lanzamiento de “Yo decido”, sencillo que forma parte de su EP y que hace énfasis en el amor propio. Actualmente, mientras trabaja en su próximo material, vuelca su energía en un proyecto infantil que gestó junto a su marido y del que, según adelantó, pronto habrá novedades. Lejos de aquel moño blanco, pero con la misma pasión, sigue su propio ritmo.

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