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Fondos de capital privado: de las megafusiones a los negocios de barrio

2026-03-07 - 09:33

El día comienza en uno de los estudios ruidosos y oscuros de Solidcore, una cadena de fitness inspirada en el pilates. Su corresponsal, equilibrándose sobre una plataforma deslizante, cumple disciplinadamente con planchas y estocadas con las piernas cruzadas mientras su enérgica instructora la anima. Con el apetito abierto, se dirige luego a Maman, un elegante restaurante de inspiración francesa. Después llega un tratamiento facial en HeyDey, donde una amable cosmetóloga proyecta luz concentrada sobre el rostro de la corresponsal para darle a su piel un brillo más juvenil. A medida que el comercio electrónico ha ido absorbiendo una porción creciente del gasto de los consumidores en bienes, negocios de servicios como estos han ido ocupando las calles comerciales y los strip malls de Estados Unidos. Los clientes que trabajan de manera remota los visitan para cortar el día con una clase o un café. Como pasan más tiempo en casa, también invierten más en el mantenimiento de sus propiedades, gastando más en jardineros y servicios similares. La tecnología sustenta estas tendencias: internet hizo posible tanto las compras online como el trabajo remoto. Pero no es la única fuerza que está transformando a los pequeños negocios en Estados Unidos. Cada uno de los locales que visitó su corresponsal, en la calle comercial más cercana a su casa, es propiedad de un fondo de capital privado (private equity). Negocio millonario: por qué la guerra en Medio Oriente es un problema para el que quiera viajar por el mundo Cuando muchos piensan en este tipo de fondos, imaginan adquisiciones espectaculares de grandes empresas como RJR Nabisco, el conglomerado de alimentos y tabaco, en los años 80, o Toys “R” Us, un ícono del retail, en los 2000. Esas megatransacciones continúan, pero hoy representan solo una pequeña parte de lo que hace la industria. Cerca del 85% de las inversiones actuales del PE se realizan en empresas que emplean a menos de 500 personas. En los últimos años, el sector ha ido absorbiendo pequeños proveedores de servicios, desde cafeterías y salones de uñas hasta empresas de control de plagas. En 2016, los fondos de PE eran dueños de dos de las diez mayores cadenas de lavado de autos en Estados Unidos. Hoy poseen las diez. En los últimos doce meses, el private equity representó la mitad de todas las adquisiciones de empresas de aire acondicionado. Los proveedores locales de servicios resultan atractivos para el private equity porque en gran medida están a salvo de internet. “Amazon no puede lavar tu auto, no puede entrenar por vos, no puede entregarte tu café”, dice Scott Romanoff, de Franchise Equity Partners, un fondo de private equity. A menudo, varios de estos negocios son adquiridos y fusionados para formar una cadena. A algunos esto puede resultarles alarmante. La caricatura del capital privado es que carga a las empresas con deuda y despide personal indiscriminadamente, generando jugosas ganancias de corto plazo pero deteriorando el servicio y, en los casos más graves, llevando al fracaso del negocio. Su enfoque es “extraer dinero de [una empresa] hasta que colapse”, declaró Elizabeth Warren, senadora, en un video publicado en noviembre. Pocas ideas unen al gobernador de California, Gavin Newsom, y al presidente Donald Trump, pero ponerle límites a este tipo de fondos es una de ellas. En enero ambos propusieron medidas para prohibir que la industria compre viviendas unifamiliares. Los inversores de private equity no son santos. Hay numerosos ejemplos de empresas de su cartera que fueron desmanteladas por sus dueños en busca de ganancias rápidas. Sin embargo, creer que la industria es, en general, una mala administradora de los negocios que adquiere implica malinterpretar su estrategia. Estos inversores dependen de poder vender esas empresas tras algunos años para devolver dinero a sus aportantes. Quienes las compran —sea una compañía más grande, inversores del mercado público o incluso otro fondo— no son ingenuos. Por el contrario, muchos pequeños negocios salen del control del private equity como compañías más grandes y rentables que sirven mejor a sus clientes. Nadie duda de la inclinación del private equity por endeudarse ni de su disposición a usar la tijera. Sin embargo, es difícil encontrar pruebas contundentes de efectos negativos generalizados. Existen quizá más de 20.000 empresas estadounidenses propiedad de fondos de este tipo. De ellas, solo 75 quebraron en 2024, según el Private Equity Stakeholder Project, una organización sin fines de lucro que monitorea al sector. Los estudios más rigurosos concluyen que, aun con más deuda, las empresas respaldadas por private equity no tienen mayor probabilidad de incumplir que otras. Académicos han analizado si la propiedad del private equity perjudica a las empresas de formas más sutiles, sin provocar un colapso abierto. Un estudio de 2021 de Atul Gupta, de la Wharton School de la Universidad de Pensilvania, y sus coautores examinó el impacto del private equity en los geriátricos. Los pacientes que ingresan allí no suelen estar sanos —en promedio, uno de cada seis muere en el establecimiento o dentro de los tres meses posteriores al alta—. Pero Gupta y sus colegas encontraron que, entre los pacientes cubiertos por Medicare, la probabilidad de muerte a corto plazo era 11% mayor si el hogar estaba en manos de PE. El aumento del riesgo parecía vinculado a recortes en el personal de enfermería, lo que incrementaba lesiones, escaras y fallecimientos. Sin embargo, el caso no es concluyente. Un estudio del año pasado de Ashvin Gandhi, de la Universidad de California, y sus coautores subraya la importancia de la competencia para moldear el comportamiento del private equity en esta industria. En mercados menos competitivos hallaron efectos similares a los de Gupta, pero en mercados altamente competitivos los establecimientos respaldados por PE tendían a tener mejores ratios de personal y mejores calificaciones que otros. Por qué los millonarios del mundo ya no eligen gastar su plata en casas, relojes ni autos lujosos: ¿cuál es su nuevo “capricho”? La cautela ante la incursión de los fondos de private equity en el sector de cuidados puede ser comprensible. Hoy administran al menos el 5% de los hogares de ancianos en Estados Unidos, ofrecen alrededor del 10% de las plazas disponibles en guarderías y poseen cerca del 12% de los consultorios odontológicos. El sector del cuidado está plagado de asimetrías de información que podrían ser explotadas por directivos inescrupulosos. Los niños y los ancianos muchas veces no pueden comunicar nada sobre la calidad del servicio recibido. E incluso adultos lúcidos rara vez están en posición de determinar si necesitan una resonancia magnética costosa o un tratamiento de conducto. Pero hay menos razones para preocuparse por estudios de pilates o bares de smoothies: los clientes insatisfechos pueden simplemente irse a otro lugar. En algunos casos, la potencia financiera que aporta un fondo de private equity puede ser justo lo que un pequeño negocio necesita para prosperar, especialmente cuando compite contra grandes incumbentes. Un estudio de 2009 de Alexander Popov, del Banco Central Europeo, y Peter Roosenboom, de la Universidad Erasmus de Rotterdam, concluyó que la tasa de creación de nuevas empresas en industrias con altas barreras de entrada es significativamente mayor en países con más inversión de private equity en relación con el PBI. Para arriba La experiencia de Solidcore muestra cómo la propiedad del private equity puede transformar positivamente a un pequeño negocio. Bryan Myers, su director ejecutivo, reconoce que “el capital privado tiene mala fama”, pero señala que Solidcore sería hoy una fracción de su tamaño sin sus inversores (la cadena pertenece a L Catterton, un fondo enfocado en industrias de consumo). En sus comienzos, Solidcore solo podía crecer reinvirtiendo utilidades, lo que implicaba abrir unas cinco sedes al año. Ese ritmo se duplicó con creces tras recibir capital de PE en 2017. Otra ventaja, dice Myers, es la experiencia. En 2021, los dueños ayudaron a realizar un estudio de elasticidad de precios que mostró que las membresías “no tenían sentido a menos que vinieras literalmente todos los días de la semana”. En respuesta, la cadena redujo el precio relativo de la membresía frente al pago por clase individual. “Cambió por completo nuestro modelo de negocio”, afirma. Hoy las cuotas recurrentes representan entre el 60% y el 70% de los ingresos, frente al 20% previo al cambio. Los empleados también comparten el éxito. Los entrenadores reciben una tarifa fija más un porcentaje de los ingresos generados por sus clases, una estrategia pensada para motivarlos. Los entrenadores senior pueden ganar alrededor de US$100 por hora si la clase está completa. La transformación del paisaje comercial en la última década exigió una fuerte adaptación. En Estados Unidos, donde abunda el dinero del private equity, los inversores se apresuraron a aprovechar la oportunidad de reemplazar comercios de bienes por negocios de servicios. La tasa de vacancia en locales comerciales ronda el 4%. En Europa, donde el financiamiento de los fondos privados es menos abundante, el indicador ha permanecido más alto durante más tiempo; en gran parte del Reino Unido, las tasas duplican o triplican las de Estados Unidos. Los consumidores pueden quejarse de que su café o su tratamiento facial provengan de un negocio propiedad de un fondo. La alternativa podría ser vidrieras vacías.

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