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Fito Páez celebró sus 63 años con un show potente y repleto de clásicos, en el Movistar Arena

2026-03-20 - 17:10

Al anochecer de este jueves, en la ajetreada intersección de las avenidas Corrientes y Dorrego, lo custodiaba desde las alturas un luminoso cartel electrónico. Entre la alternancia de los anuncios allí expuestos, cada tanto se filtraba un mensaje: “Feliz cumpleaños a quien nos enseñó que nadie puede vivir sin amor”. Unas horas más tarde, esa afirmación era cantada con euforia por el reciente cumpleañero y por todo el gentío que agotó el Movistar Arena para recibir al oriundo de Rosario en la capital del país. Luego de casi un año y medio -y en el mismo recinto que lo alojó en noviembre de 2024- Fito Páez volvió a tocar en Buenos Aires. La ocasión se dio en el marco del Sale el Sol Tour, la nueva gira del experimentado artista que vio la luz hace tan solo unos días, con un mega recital gratuito en el Monumento a la Bandera de su ciudad natal al que, se reporta, asistieron alrededor de 300 mil personas. Tras su participación el pasado mes en una de las jornadas del Cosquín Rock y otras dos fechas en Rosario que antecedieron a la mencionada, a Páez y a su banda de ocho integrantes -compuesta por Diego Olivero (bajo, guitarra, teclado y coros), Gastón Baremberg (batería), Juan Absatz (voz, teclados, guitarra y coros), Juani Agüero (guitarras y coros) y Mariela “Emme” Vitale (voz y coros), con la sección de vientos de Ervin Stutz (trompeta y flugelhorn), Alejo von der Pahlen (saxo alto y tenor) y Santiago Benítez (trombón)- le llegó la hora de salir al ruedo con “un espectáculo completamente nuevo que reúne los himnos más emblemáticos de su carrera y los reinterpreta con arreglos inéditos”. Siguiendo unos metros por calle Corrientes, ya en las inmediaciones del microestadio, la oferta del merchandising Páez parecía venirse encima de los transeúntes tanto ajenos como asistentes al concierto, los cuales consultaban a los agentes de seguridad y empleados del Arena por el ingreso al sector de sus entradas. Dentro del recinto, a falta de media hora para el inicio del evento podía leerse en letras blancas un enorme “FITO” que ocupaba toda la longitud de la pantalla instalada horizontalmente al fondo del escenario. Finalmente no fue hasta las 21:14 que se dio la orden de bajar las luces y de que los músicos, vestidos completamente de negro, suban al mismo. La aparición del hombre de la noche frente a su público se dio con los primeros sonidos de “El diablo en tu corazón” (del álbum Rey Sol, del año 2000) ya sonando por los altoparlantes y vestido, como lo viene haciendo, de blanco: desde los pies a la cabeza, pasando por su piano y la montura de sus lentes. A la apertura le siguió “Hazte fama” del disco Tercer Mundo (1990) y luego “Lejos de Berlín”, iniciando la canción con una guitarra electroacústica colgada y cerrándola dirigiendo tanto a los aplausos del público como, dándose la vuelta, a su propia banda. La noche continuó con “Tráfico por Katmandú”, ejecutada por su creador moviéndose con libertad por la gran tarima y con una arrolladora presencia del trío de metales. Una bonita introducción dio lugar a “11 y 6”, el primer obligado de la noche, recibida por los presentes con el encendido de las linternas de sus celulares. La primera ovación no tardó en llegar al finalizar la melódica y explosiva “Lo que el viento nunca se llevó”, de Circo Beat (1994). Uno de los momentos más altos de la noche se dio cuando Fabiana Cantilo emergió con soltura entre las sombras del escenario, sin necesidad de ser presentada por el maestro de ceremonias, para vocalizar durante la interpretación de “Yo vengo a ofrecer mi corazón”. De negro -salvo por su pelo y montura de lentes colorados-, la cantante bailaba mientras Páez se volvía para dirigir a los suyos durante una extensa coda, muy matizada en su increscendo previo al cierre. El dúo volvería a hacer de las suyas un par de canciones después, encarando “Fue amor” solo con el piano de él y la voz de ella, entre charlas y risas que denotaban la complicidad que hay entre ambos no siempre a favor de la performance de la canción. Es difícil, sin embargo, imaginar todos los recuerdos que atraviesan esas dos miradas. “No te librarás de mí tan fácilmente”, dijo una Fabi jocosa antes de recibir una estruendosa ovación en su honor, fogoneada por su ex pareja. Antes había pasado el momento de la declaración de principios que es “Al lado del camino”, donde Fito fue el vértice iluminado en soledad de todas las almas del recinto. “Bienvenides a ‘La rueda mágica’” soltó el rosarino para así dar inicio a la secuencia de hits que incluyó a la catártica “Polaroid de locura ordinaria” -algo amansada por su cambio de tonalidad- y “Circo beat”, que contó con un lindo acompañamiento visual y el primer solo de guitarra de la soirée. Fito exige a su público, quiere hacerlo parte del armatoste musical y esta canción no fue la excepción, dividiéndolo en dos mitades para alternar los coros. A la hora y cuarto de show se oyeron los cuatro hi-hats que desde hace 34 años dan inicio a “El amor después del amor”, ocasión que Páez aprovechó para introducir a su Claudia Puyó actual, la ya mencionada Emme, quien dio rienda suelta a todas las criteriosas acrobacias de su voz. “Brillante sobre el mic” continuó el tramo del repertorio dedicado a EADDA mientras entre la gente volvían a encenderse los encendedores digitales, reemplazados por los saltos en el lugar durante “A rodar mi vida”, tema que pide un sector campo sin asientos. El Fito director regresó para la cinemática y tensa intro de “Ciudad de pobres corazones”, la cual contó con un tremendo solo de guitarra de Agüero durante la extensísima coda que dio un cierre parcial al recital tras una hora y 45 minutos casi sin frenos. El regreso de Rodolfo para el último tramo de la jornada fue con un cambio de pantalón, interrumpiendo el monocroma blanco con celeste y afirmando: “La música es el más maravilloso lenguaje de la comunicación humana. Estas son ceremonias tribales, donde pasan más cosas que el blabla de aquí y allá. Esto está sucediendo en vivo y en directo acá, y es hermoso. Nunca voy a terminar de agradecerles el amor que me dan”. Los bises arrancaron con “Del sesenta y tres”, días después de que su compositor los haya cumplido, un tema que recorre 20 años suyos, del país y del mundo. Tras empezarlo en soledad, la banda -ajustadísima como durante todo el show- se sumó para su cierre y luego introdujo a “Sale el sol”, la única pieza de Novela, el disco más reciente de Páez. Imposible pasar por alto el quizás voluntario parentesco con “Lady Madonna” de los Beatles. El final fue con “Mariposa technicolor” y la reaparición de Cantilo sobre el escenario para concluir un triunfal regreso del chico con “manos de marfil” a la gran ciudad. El mismo que hace más de 40 años dejaba Rosario y a su trova para tocar de espaldas en la banda de Charly, y que hoy es quizás el mayor exponente de una época cuya pátina aún resguarda a toda una porción de la música argentina. Fito volverá al Movistar este viernes para su segunda función, y también lo hará el 10 de abril, para luego recorrer Neuquén, Mendoza, Montevideo y -luego de otro show en nuestra capital- varios puntos de Colombia.

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