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Felipe VI y la conquista de América

2026-03-28 - 03:10

En una visita al Museo Arqueológico Nacional de Madrid el rey Felipe VI de España reconoció la existencia de abusos coloniales durante la conquista de América. Admitió que hubo situaciones que no pueden generar “orgullo” y pidió evitar “el presentismo moral” al analizar el pasado. Durante su exposición, afirmó que si bien las leyes de Indias buscaban proteger a las poblaciones originarias, la realidad histórica derivó en prácticas que, bajo los valores actuales, resultan condenables. En el acto estuvo presente el embajador de México, país que no invitó al rey ni a su gobierno a la ceremonia del traspaso del mando del presidente Manuel López Obrador a su sucesora Claudia Sheinbaum. Precisamente el expresidente mexicano exigió en su gobierno una disculpa formal al gobierno de España por la conquista de México. Las confusiones suelen no ser menores al abordarse estos temas. Comienzan con el concepto de “pueblos originarios”, cuando está probado que los antiguos habitantes del continente americano cruzaron el estrecho de Bering provenientes del Asia. Por otra parte, antes de la conquista española hubo una serie de conquistas, como por ejemplo la de los aztecas, que llegaron a esos territorios en fechas bastante cercanas al arribo de Hernán Cortés. La conquista de México por parte de Cortés debería ser considerada una guerra de ”liberación”, ya que su genio militar y político fue armar una gran coalición de tribus indígenas que aspiraban a sacudir el yugo azteca y sus tributos anuales de miles de jóvenes de ambos sexos para ser sacrificados en los altares de sus dioses. Con unos pocos centenares de hombres, escasas armas de fuego primitivas y algunos caballos, poco podía hacer Cortés sin el gran apoyo de muchas tribus que habitaban el suelo mexicano. Los pueblos americanos más avanzados como aztecas y los del incanato eran ágrafos, no conocían la rueda y el arado; sus construcciones eran primitivas, incluso comparadas con las del Egipto de tres mil años atrás. Al estar aislados del vasto continente euroasiático, no acompañaron la evolución de la civilización que se fue produciendo desde unos cuatro mil años antes de la era cristiana, evolución que alcanzó incluso al norte de África. España, desde el reinado de Isabel de Castilla, reconoció la igualdad de indígenas y peninsulares como súbditos de la corona y prohibió que se los esclavizara, promoviendo los matrimonios mixtos que iniciaron el gran mestizaje que dio origen a los pueblos actuales del continente. La familia de Moctezuma recibió títulos de nobleza hispanos como su hijo Pedro de Moctezuma, que recibió el ducado de Moctezuma de Tultengo. El actual duque se llama José Juan Marcilla de Teruel- Moctezuma Valcarcel. A su vez descendientes de su hija Isabel de Moctezuma recibieron en el siglo siguiente el título de Condes de Miravalle. Por su parte, descendientes de los incas se casaron con miembros de la familia Loyola -un sobrino de San Ignacio se casó con una Moctezuma- y de los Borja. España concluyo con el aislamiento del continente y lo insertó en la civilización del siglo XVI, en la edad moderna en un salto de miles de años. Trajo instituciones, leyes, fundó 27 universidades, respetó las jerarquías indígenas manteniendo en los pueblos de indios paracas y caciques. Para hacer respetar las leyes de Indias y la protección de los naturales estaban los “visitadores”, especializados en esos temas, y las contribuciones y tributos se originaron en las estructuras gubernativas heredades de esas civilizaciones como la mita y el yanaconazgo. El México del Imperio Español, el virreinato de la Nueva España, era más poblado y rico que la España peninsular y clave en el comercio global, pues el galeón de Manila traía los productos de China y Japón al puerto de Acapulco, y luego del traslado por tierra embarcaban desde Veracruz para Europa. Palacios virreinales, catedrales, monasterios, colegios y universidades muestran con su arquitectura la labor desarrollada en tres siglos. Lo testimonian ciudades como México, Lima, Quito y Sucre, entre tantas que cuentan con un patrimonio edilicio extraordinario. La historia se ha visto afectada por el anacronismo, que es analizar el pasado con criterios intelectuales y morales de esta época y con el faccionalismo que es útil a los gobiernos para distraer la atención de sus fracasos, su inoperancia y sus corrupciones. ¿Quién va a pedir perdón por las muertes de la guerra civil mexicana de la segunda década del siglo pasado, en que las estimaciones más conservadoras calculan en un millón y medio, y otras las elevan a más de tres millones? ¿O de la guerra cristera? Entre 1926 y 1929, más de 250 ml personas perdieron la vida en esa etapa de persecución religiosa que soportó ese país. Manuel López Obrador, de sangre asturiana y cántabra, tuvo en estos temas un escapismo de los enormes problemas que no fue capaz de resolver en su país, como el narcotráfico y sus secuelas de violencia, muertes, sufrimiento y dolor. El rey español, como monarca constitucional, seguramente tuvo que atenerse en su discurso a pedidos de su gobierno, empeñado en mejorar las relaciones entre los dos estados. Es bueno fortalecer las relaciones y en especial entre Estados tan vinculados desde la llegada al continente de los primeros europeos. Pero las relaciones no pueden fundarse en discursos demagógicos, que escapan a lo importante para estos pueblos, que es asumir los desafíos que el futuro, con sus enormes cambios, nos depara. López Obrador, siguió con las tonterías iniciadas por Hugo Chávez con su intervención para la remoción de la estatua de Cristóbal Colón y su discurso completo de dislates en la cumbre hispanoamericana celebrada en 2007 en Santiago de Chile, que hizo reaccionar al rey Juan Carlos con su famoso “¡por qué no te callas!”. El debate no es posible con los ignorantes: a estos se les enseña y a los que no quieren aprender no tiene sentido escucharlos.

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