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En un país a dos velocidades, Caputo se aferra a la caja

2026-03-19 - 23:30

“Los pagos se frenaron hasta abril”. La orden que dieron en el Ministerio de Economía hacia las distintas dependencias denota que la recaudación en marzo está lejos de repuntar. O, lo que es lo mismo, que la economía todavía no da señales este mes de levantar cabeza. Todo un desafío para el Gobierno que, con las denuncias de corrupción en torno al caso Libra y a los viajes del jefe de gabinete, Manuel Adorni, no logra retomar el dominio de la agenda. La falta de caja se nota hace tiempo entre las empresas exportadoras, quienes en el último mes dejaron de recibir los reintegros de IVA correspondientes al plan de pagos que se había fijado el Gobierno. Según el último reporte de recaudación publicado por la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), de hecho, en febrero no salió ni un peso del Estado para cumplir con esta deuda. En la Cámara de Exportadores de la Argentina (CERA) estiman que el retraso en el pago es de al menos 3,5 meses para las pymes y más aún para los grandes exportadores. Son varios miles de millones de pesos. Detalles que muestran que en tiempos de escasez si hay una variable que no se va a sacrificar jamás es la del superávit fiscal. Todo sea por mostrar una buena foto a fin de mes. La realidad es que la actividad, que mejora en el interior traccionada por la industria petrolera y de gas, y por el agro, no termina de levantar en los centros urbanos, sobre todo, en la Ciudad de Buenos Aires y en el Gran Buenos Aires. Es una Argentina a dos velocidades cada vez más marcadas. Los indicadores que sirven para relevar el humor social dan cuenta de ello. La encuesta SEA CREA, que se difundió esta semana, muestra un optimismo creciente por ejemplo entre los productores agropecuarios: el 57,6% dijo estar hoy mejor que hace un año, mientras que en noviembre pasado ese porcentaje ascendía a 55,7% y, en julio de 2025, a 54,5 por ciento. El Índice de Confianza del Consumidor que elabora la Universidad Di Tella, en tanto, mostró en marzo caídas en el Gran Buenos Antes (-9,35%) y en CABA (-6,99%), pero una leve mejora de 1,26% en el interior. Son las luces y sombras de una economía en la que el consumo es la variable más rezagada. Con salarios que no acompañan a la inflación y un repunte del desempleo parece difícil, al menos por ahora, que haya una mejora. En los bancos lo perciben con la mora. No hay otro tema de conversación en el sector financiero. Son los días en los que se miran de reojo a aquellas entidades que no tienen tan afilados los mecanismos de calificación de sus créditos. El de la mora es uno de los motivos por los cuales hoy en el sistema nadie cree que las tasas de interés en pesos puedan bajar mucho más. Todos los bancos tienen una posición más bien defensiva. El Banco Central (BCRA) sigue insistiendo con que se animen, entonces, a usar los dólares que hay en el sistema para dar crédito, pero tampoco pareciera generar demasiado entusiasmo. Esta semana volvió a hacerse una reunión en la sede de la autoridad monetaria con los representantes de las grandes cámaras bancarias. Desde el BCRA se las arengó para que den créditos en moneda extranjera a tasas de un dígito, ya no sólo entre los exportadores o quienes generan dólares, sino también apuntando a aquellos proveedores de las empresas con ingresos en moneda extranjera. Pese a que existe vocación por colaborar, nadie en privado se reconoce demasiado interesado en avanzar. En el Fondo Monetario Internacional (FMI) siguen de cerca estas variables. Las negociaciones con la Argentina por la cuarta revisión del programa se están extendiendo más allá de lo previsto inicialmente. Tanto que el directorio del organismo decidió postergar la fecha del tratamiento del caso argentino del 27 de marzo al 7 de abril. Son muchas las cuestiones que en el sector privado consideran que deberían recalibrarse del plan libertario, que hasta ahora ha dado buenos resultados. Mientras que en el FMI se sigue muy de cerca la variable cambiaria -al final del día, de ella depende la acumulación de reservas internacionales y la capacidad de repago de la Argentina-, también entre los economistas empieza a crecer el debate por la cuestión monetaria. “Hasta el acuerdo con el FMI -en abril de 2025-, existían las famosas tres anclas: fiscal, cambiaría y monetaria. Pero con el acuerdo se debilitó la cambiaría y las metas monetarias se abandonaron después de que se rescataron las Lefi”, dice un economista de la City, con la condición de no ser identificado. “Lo ideal sería que relancen el esquema monetario, poniendo metas concretas sobre algún agregado amplio y administrando liquidez con mas flexibilidad para no inducir tanta volatilidad de tasas”, sugirió. Se descuenta también que, en pos de sostener el ancla fiscal, el Gobierno deberá seguir avanzando con la suba de tarifas. La “readecuación de precios relativos” -en palabras del ministro Luis Caputo- está lejos de haber terminado. La guerra en Medio Oriente no deja un horizonte tan claro tampoco de hasta dónde deberán adecuarse los precios de la energía para acompañar ya no sólo la inflación, sino también las presiones que vienen del exterior, con precios del crudo que coquetean constantemente son sostenerse por encima de los US$100 el barril. En cualquier caso, difícil que la inflación baje en el corto plazo. La incertidumbre que genera el impacto del conflicto con Irán puso algo más inquietos a los inversores de bonos argentinos. Más de uno hubiera querido que la Argentina saliera a los mercados de deuda internacionales para mostrar que, como cualquier país normal, tiene acceso a un circuito tradicional para refinanciar sus pasivos. El ministro Caputo aseguró este jueves que en “dos o tres meses” podría anunciar una alternativa de financiamiento más barata. Nadie duda de que es un mago siempre lleno de trucos, pero en tiempos de alta volatilidad más vale pájaro en mano que cien volando. El problema, para el mercado, no es tanto 2026, sino 2027, en el que hay que cubrir vencimientos por más de US$20.000 millones. Es cierto que falta para entonces mucho tiempo, pero el prontuario de la Argentina en los mercados sigue jugando en contra. La guerra empieza a ser disruptiva incluso en otras cuestiones operativas. El Atlantic Council, uno de los más influyentes think tanks con sede en Washington, tiene previsto organizar un foro en Buenos Aires en abril. Sin embargo, a semanas del encuentro, debió mudar la sede de su foro del Palacio San Martin al Palacio Libertad. Por razones de seguridad, la idea sería evitar eventos masivos por ahora en el Palacio San Martin. El interés de los Estados Unidos y de las empresas norteamericanas por la Argentina es incuestionable. El mes que viene también está previsto que venga al país una delegación de representantes de grandes empresas de la mano de la US Chamber. La Argentina pareciera estar cumpliendo al pie de la letra lo acordado con el Departamento de Comercio de los EE.UU a comienzos de año. Tras avanzar con la reforma de la normativa de patentes de medicamentos, en el equipo del ministro Federico Sturzenegger están trabajando en una norma equivalente, pero ahora para favorecer la propiedad intelectual en el desarrollo de semillas. Un tema que promete hacer tanto ruido como el de la industria farmacéutica. Pero el gobierno argentino tiene muchas esperanzas puestas en el vínculo con Donald Trump, aun más allá de este año. De hecho, la semana pasada, en Paraguay, en la Asamblea anual del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), funcionarios argentinos empezaron a delinear otra negociación. La idea es poder impulsar un candidato propio para encabezar el BID el año próximo, que es cuando le vence el mandato al brasileño Ilan Goldfajn. Ya en la época de Mauricio Macri, la Argentina había jugado fuerte para poner en ese lugar a Rogelio Frigerio, entonces ministro del Interior. Pero vinieron las elecciones de 2019, y el gobierno de Alberto Fernández dio de baja todas las negociaciones. En su lugar, propuso, sin éxito a Gustavo Béliz. Ahora, el gobierno de Milei tiene un punto a favor: las elecciones para la presidencia del BID son antes que las presidenciales. Sería de las pocas decisiones que no quedarían sujetas a una reelección de Milei. De todas formas, todavía falta que corra mucha agua antes de 2027. Más allá de la guerra, de las diferencias con el FMI por el programa económico o de las demandas del mercado, el Gobierno deberá procurar sosegar su propia interna política. Sin paz interna difícilmente pueda avanzar en ninguna otra cuestión.

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