El pueblo que ostenta la pileta de agua salada más grande del país y es vecino de la ciudad natal de Mirtha Legrand
2026-03-23 - 03:40
Las dimensiones son un tema en Teodelina. Anchísimas veredas, una plaza de cuatro manzanas con accesos diagonales formando una rotonda interior y, sobre todo, su pileta municipal, contrastan con el andar discreto del pueblo ubicado a orillas de la laguna El Chañar, en el límite sur de Santa Fe. Única ruta de acceso -y de salida-, la 94 gira allí abruptamente, esquivando el trazado urbano para rodear el espejo de agua salada y meterse de lleno en las fauces de Buenos Aires. “La ciudad más cercana acá es Junín. Y nuestro código postal es 6009, correspondiente a Buenos Aires”, dicen en el correo local sobre la relación con los límites. En julio de 2025, Teodelina cumplió 150 años, y la fiesta tuvo mucho más que espectáculos folklóricos. “Queríamos que la conmemoración incluyera la pileta, uno de nuestros emblemas”, explican desde el municipio. Su previsión era doble, porque este año el balneario El Edén celebra 60 años desde la inauguración en 1966, cuando se decidió hacer la mega piscina, su mayor postal. Y eso que aún no se sabe con exactitud su medida. Algunos aseguran que llega a los 158 metros de largo, mientras otros sostienen que sólo son 156, por 50 de ancho. El balneario y las celebridades El verde y la música de Los Palmeras dejan en claro que, pese a estar en los márgenes, la actualidad es muy santafesina. Aquí, como en toda la región, la maquinaria y los campos sembrados dan cuenta del peso del agro en la economía local, apalancada también por la producción avícola y algunas metalúrgicas de renombre. “Pero después de años de estancamiento, el turismo ha vuelto con fuerza, y no sólo por la pileta. Hubo una transformación importante del pueblo, expresada por ejemplo en el paseo de la rivera que antes era un basural, y hoy tiene 800 metros de costa, iluminada, parquizada y con gradas, donde los vecinos disfrutamos de la laguna”, señala Leonel Ward, responsable de turismo. Deportes de agua como el kitesurf, windsurf y la pesca son algunas de las propuestas para los visitantes. Entre sus curiosidades destaca la reciente estatua de Oscar “El manco” Messina, el mago de la pelota paleta. Aunque no jugó en el circuito oficial de la entonces federación (lo sancionaron en 1952 por 99 años debido a sus apuestas en partidos no oficiales), se convirtió en un ícono popular, derrotando a los mejores campeones mundiales de varios países. “Como El manco ninguno, pero hemos tenido otras personalidades destacadas como el poeta y músico Julio Gutiérrez Martín, el piloto acrobático Dino Moline o el futbolista Diego Buonanotte, que brilló en River Plate y en la Selección Argentina. Pero la más célebre es Rosa María Juana Martínez Suárez... “¿la tenés?”, pregunta Manolo, vendedor de churros del balneario. Habla de Mirtha Legrand, que nació en la vecina localidad de Villa Cañas, conectada por la misma ruta 94 que lleva a Teodelina. “Estamos a unos kilómetros y hay anécdotas de su infancia por estos pagos, pero ninguna como la de su estatua”, agrega con algo de sorna, recordando el revuelo que se armó cuando su pueblo levantó en 2023 una escultura a la que la diva calificó de “horrible”. Una pileta monumental Con nueve millones de litros que se extraen de la laguna y se cambian cada tres días, la pileta del balneario es un imán para los pueblos de la región. Renovada por completo este año, su puesta en valor realzó también las siete hectáreas de parque que son un orgullo local, con un sector de camping, baños con duchas, vestuarios y buffet. El hit es su nuevo parque acuático, uno infantil y otro para adultos mayores: este verano recibió más de 10 mil visitas por fin de semana, duplicando su población estable. La de Teodelina no es la pileta más grande del país como suele decirse, ya que el Balneario Municipal Carlos Xamena (Salta), cuenta con una de 260 metros de largo por 72 de ancho, aunque es de agua dulce. “La nuestra es salada, y se extrae de las napas con cinco bombas que la llenan en 36 horas aproximadamente. La limpiamos cada tres días porque al tener estos minerales se pondría verde si le echamos cloro”, cuenta Hernán Flores, uno de los responsables del complejo que nació casi por casualidad. Abierto hasta marzo y con precios accesibles, el balneario funciona no sólo como motor económico sino como un fenómeno social en Teodelina. “Se ha transformado en una verdadera industria sin chimenea, porque al recibir tantas visitas se emplean todos los sectores, desde los comercios a la hotelería, pasando por el turismo, el arte... toda la localidad prácticamente”, agrega. Todo el predio fue una quinta de un antiguo vecino ilustre, luego donada al municipio por sus herederos. “Un grupo de vecinos forestó y puso en valor el lugar, y coincidió con las obras de asfaltado de la ruta”, suma Ward. Según dice, un ingeniero de apellido García fue quien propuso al intendente de entonces utilizar las máquinas viales para construir una piscina junto a la laguna. “Sin planos ni instrumentos de medición, delimitó el terreno a ojo, tranqueando unos pasos de acá hasta allá”, señala con la mano. Así quedó definido su tamaño, aún en discusión para algunos. En sólo cuatro meses la pileta estaba lista, y de un verano al otro el pueblo pasó a tener la pileta más grande de su tipo en todo el país. El fortín El nombre originario se conserva en la laguna, aunque está presente también en el pueblo. Tío de Marcelo Torcuato de Alvear, presidente de la Nación entre 1922 y 1928, Diego de Alvear compró tierras al sur de Santa Fe en una época donde la propiedad privada se consolidaba sobre la antigua frontera indígena. En ese entonces, ya sin malones, pero con una Pampa Húmeda que recordaba el control efectivo de las comunidades pre existentes, se establecieron fuertes, parajes e hitos simbólicos en zonas fronterizas, y esta no fue la excepción. El Fortín Chañar, establecido entre 1852 y 1864 fue el asentamiento que dio origen al actual pueblo, bautizado así en honor a Teodelina Fernández de Alvear, esposa de Diego. Según registros históricos, Alvear, que fue también impulsor de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, encomendó a José Roberti, ex-sacerdote y empresario, que llevara delante la colonización agrícola en 1875 bajo relativa seguridad, dando nacimiento al actual pueblo. En diciembre pasado, la enorme plaza Ituzaingó, donde se encuentra la Iglesia construida a principios de 1900 y la Sociedad Italiana (que recuerda el rol de los pioneros como José Roberti), tomó la posta de la historia. Se enterró allí una “cápsula del tiempo” con mensajes de actuales e históricos, con la idea de ser abierta en 2075, cuando se cumpla el bicentenario del pueblo.