El holandés que abrió un restaurante en la esquina más deseada de la avenida Alvear
2026-03-06 - 03:13
“En mi familia tenemos la cultura de comer afuera, era nuestra manera de reunirnos. A mi papá le gustaba mucho salir y probar los platos de cada lugar del mundo”, comenta el neerlandés Niels Houweling, en un perfecto castellano. Muchos lo conocen como Nicolaas (“es más fácil y es mi segundo nombre”), tiene 32 años, nació en Holanda y, por negocios familiares, vivió en España, Uruguay, Argentina, Costa Rica y en Florida, New York y Los Ángeles en los Estados Unidos. Negocios inmobiliarios de su padre lo convirtieron en un trotamundos; tantos traslados y mudanzas forjaron su carácter y su estilo de vida. “El haber vivido en tantos países, es lo mejor que me pudo haber pasado. Hablo bien tres idiomas y el acento que me quedó es de Uruguay, porque es donde viví a los 15, 16 años. Iba al colegio allá y esa fue la etapa en la que me formé”, cuenta Niels mientras recorre Presencia, su restaurante, con una cava, elegantes mesas ya vestidas para la noche y espacio para 92 cubiertos. La culminación de un sueño en la emblemática esquina de Montevideo y la avenida Alvear, en Recoleta. -¿Cómo te recibió el barrio? -Empezamos con desconfianza. Fueron dos años de costrucción y de puesta a punto. Los vecinos me veían llegar a la mañana y quedarme hasta la noche, esto era un quilombo. Soy holandés y todo era nuevo, permisos y cosas: mi español lo aprendí en Uruguay y lo perfeccioné tras dos años al ritmo de los albañiles, el mate y la cumbia. Además, la construcción se dio en tiempos de dólar, de dólar blue... De los nervios, salía mucho a fumar a la puerta. Entonces forjamos una relación especial con las señoras de Recoleta, que me abordaban. “¿Qué van a poner?”, preguntaban. Se pusieron contentas al saber que habría una cafetería abajo y un fine dining en el primer piso. Abrimos el restaurante el 24 de abril, justo en mi cumpleaños, y hoy en el barrio me siento como en casa. Se trata de devolverles una esquina que llevaba 18 años vacía. -¿Cuáles son tus tres favoritos del barrio? -Las señoras de Recoleta, primero. Los encargados, que son como un mundo aparte y siempre lo saben todo. Y el lugar en sí, tan europeo, basta mirar por la ventana –con el Palacio Hume, el Palacio Duhau y la Nunciatura como vecinos–. Uno de mis primeros pasos mientras le dábamos forma al restaurante fue mandar a iluminar la fachada de la Nunciatura Apostólica, acá enfrente. –¿Cruzaste y les dijiste que querías iluminar el lugar? –Sí, fui a tocarles la puerta y a ofrecerles hacerme cargo de la iluminación del lugar. Al mes me mensajearon invitándome a tener una reunión y aceptaron. Acordamos que, durante las horas que el restaurante está abierto, la fachada de la Nunciatura se mantiene iluminada. Nosotros nos hacemos cargo de su cuenta, de sus watts: es otra forma de agradecerle al barrio. Un neerlandés en Buenos Aires Con la reina Máxima, Nicolás Keenan (el prometido del Primer Ministro de los Países Bajos) e incluso el actor de Máxima, Martijn Lakemeier, actual novio de Delfina Chaves, los argentinos y los neerlandeses mantienen una estrecha relación. “Y, es así. Argentina, Buenos Aires, tienen mucho de Europa”, sonríe Niels. Ningún detalle se le escapa. Acomoda, revisa, prueba y ofrece café (del piso de abajo, donde abrió Presencia Gran Café, a cargo de su hermana Bente). “Somos tres hermanos, Bente y Stan en el café, y yo estoy a cargo del restaurante de fine dining –explica Niels–. En un principio la esquina en la avenida Alvear iba a tener una joyería, pero los planes cambiaron pospandemia”. -¿Qué hicieron? -Teníamos el barrio, el edificio más lindo y la idea del fine dining en mente. Solo nos faltaba la cocina. Así que salimos a buscar, recorrimos restaurantes, probamos... Queríamos encontrar a nuestro chef no por referencias ni por nombres, sino por un plato. -¿Cómo diste con Rodrigo Da Costa, el ganador de Dueños de la Cocina? -A Rodrigo lo conocí por mi padre, que fue al restaurante donde trabajaba y me dijo: “Tenés que ir a probar”. Fui y pedí el lomo Wellington y los huevos de codorniz. Tenía la técnica, la creatividad y la visión. Listo, era él. Hablé con el dueño del lugar y le pregunté si podía hacerle una propuesta. Una vez acá, además, nos enteramos que había todo un nexo detrás, porque Rodrigo había empezado trabajando enfrente, en el Palacio Duhau, así que fue muy emocionante. -No sos gastronómico, pero estás muy encima del proyecto. -Esto es más que “los que ponen la plata y abren un local”. Si bien no somos gastronómicos, yo soy una persona que sabe lo que quiere y lo digo desde el principio. El empezar, le dije a Rodrigo que acá no quería sifones ni espumas, sino platos ricos. Quise incluir mejillones y ese fue, quizás, nuestro primer malentendido. Me dijo: “¿Pero vos querés hacer un bodegón?”. “No, vos te imaginás mejillones y bodegón”, le respondí. Yo solo pensaba en mejillones en la carta, una vez marcado eso, ya no me meto. Hoy los mejillones son de lo más pedido. -¿Son todos platitos? -No, además varios se pueden compartir. Me crié con la mentalidad de Europa, de buenos sabores y calidad de los ingredientes, donde se busca estar satisfecho y no lleno. -¿Y el argentino busca lo mismo? -El argentino valora lo que paga, la cantidad y la calidad. El caviar, la trufa... Valora una copa de cristal Riedel, delgada, de 70 dólares. Valora determinada vajilla o las sillas hechas a medida, porque sabe que la comida no sabe ni se siente igual. -Dicen, también, que este lugar es de los más caros. -Acá no buscamos ser el más caro sino brindar la experiencia, que comas rico, que la pases bien. No nos manejamos con influencers. No somos un restaurante por pasos y, siempre digo que, si pensás que fine dining es eso, simplemente no entendiste nada. Acá queremos que se acerquen a disfrutar y hoy tenemos clientes que vienen hasta dos veces por semana. -En menos de un año, se convirtieron en el restaurante de moda... -Y eso que al abrir al lugar no nos contactamos con hoteles ni nada. Un lugar se hace también con los clientes. Saben que acá no van a sacarles fotos, que van a disfrutar de la experiencia y nadie los va a molestar. Sí, conocemos mucha gente y han venido celebridades –Lionel Richie el año pasado– así que tenemos una segunda puerta de entrada y salida, pero hasta ahora no hemos tenido que usarla. Queremos demostrar que el lujo también puede ser cálido, accesible y cotidiano. Que se puede volver, una y otra vez, que Presencia sea un lugar que emocione sin pretensiones. Tomamos reservas, pero también es abierto, para que puedas venir cuando quieras. –¿Hay reglas o código de vestimenta? –No se usan sandalias, camisetas ni shorts. Pero ni es necesario decirlo, ya todos vienen bien vestidos. ¿Reglas? Esta mesa, con vista a la avenida Alvear, es la única mesa grande. No aceptamos reservas para más de seis personas y tampoco recibimos a menores de 14 años, no creo que sea una experiencia para esa edad. Están quienes pueden vivir la experiencia y apreciar los huevos de codorniz y platos de fine dining como yo mismo lo hice, pero no siempre sucede así, y tenemos que pensar en nuestros clientes. -Con esta propuesta, apuntan a las estrellas Michelin... -Claro, aunque tengo posiciones encontradas con los rankings, con los 50 Best y con las estrellas. Si gano una o dos estrellas con las medidas de Latinoamérica, bienvenidas sean, pero también me gustaría algún día ser inspeccionado por los inspectores europeos. El millonario que conquistó a Shiva Niels tuvo varias vidas. A sus veinti y tantos era un DJ conocido como “Most”, por 2017 vivía en Uruguay, era el vecino de Marcelo Tinelli, organizaba fiestas y llegó a protagonizar tapas de revistas como la del avión privado junto a Charlotte Caniggia con quien, se dijo, salía. “Eso fue un bluf de prensa, no fue real”, aclara. El neerlandés cuenta que en 2020 tenía una empresa de marketing, que vendió antes de mudarse a la Argentina, cuando su familia lo convocó junto a sus hermanos para hacerse cargo de este proyecto. “Hoy mi esposa me reclama que en el celular tengo más fotos de comida que de ella”, se ríe. Habla de su mujer, Shiva Safai, una socialité iraní que vivía en Los Ángeles y que se hizo conocida en los Estados Unidos por ser, durante cinco años, la prometida de Mohamed Hadid, padre de las modelos Bella y Gigi Hadid. En ese rol participó como invitada en el reality The Real Housewives of Beverly Hills y protagonizó Second Wives Club de E! Cuando se conocieron, el Daily Mail publicó: “La exprometida de Mohamed Hadid, 39, confirma su separación del padre de Gigi y Bella Hadid, 71, y revela un nuevo romance con el DJ neerlandés Niels Houweling, 26”. -Remarcaron mucho la diferencia de edad, fueron como Demi Moore y Ashton Kutcher... –Sí, los medios lo vieron así. Pero lo nuestro fue una conexión instantánea. En mayo de 2019 yo vivía en Costa Rica y había tomado un avión para ir a Los Ángeles al cumpleaños de una amiga; Shiva estaba ahí también y la conocí mientras esperábamos en el lobby del hotel. Iba por una semana y me terminé quedando mucho más. Nos agarró la época del Covid. Yo debí volver a Holanda por papeles así que pasamos la pandemia separados. Quizás eso aceleró todo, hacíamos mucho Facetime. Fue entonces que decidí que la quería para toda la vida. - Se comprometieron en Ámsterdam y a los seis meses, en noviembre de 2020, se casaron en Los Ángeles... -Desde siempre yo tuve muy en claro lo que no quería: no quería tener hijos ni casarme. Pero cuando estas cosas pasan, que te encontrás con alguien, lo sabés. Quería casarme con ella. Hoy, que nos mudamos a Buenos Aires, le estoy totalmente agradecido a mi esposa, que me aguantó en todo momento. Se vino conmigo dejándolo todo atrás, sin amigas, sin idioma, me acompaña a donde sea. Me apoya, me aguanta y en el restaurante, las flores que ves, las elige ella. Hasta ahora estábamos en Puerto Madero, pero tenemos otro proyecto en camino, así que nos quedamos en Buenos Aires y el plan es mudarnos a Recoleta.