El gobierno de Milei volvió al mundo terrenal
2026-03-27 - 23:40
La ventana de oportunidades abierta el último domingo de octubre acaba de cerrarse. El gobierno de Javier Milei regresó al mundo de los mortales del que creyó haberse elevado la noche en la que celebró un resonante triunfo electoral, doblemente importante por su dimensión y por el repunte para alcanzarlo. Milei tiene por delante dos necesidades obligatorias: evitar los efectos económicos de la guerra contra Irán y, todavía más importante, revisar su propio plan económico Milei aprovechó bien el tiempo que cruzó el verano. Construyó mayorías amplias sin pagar precios altos con los gobernadores, usó en su favor el desbande del peronismo y el encapsulamiento del kirchnerismo en representaciones tan pequeñas como nunca había tenido desde su aparición, en 2003. Nada es para siempre. Milei ya no tiene garantías de que esa realidad se mantenga el resto del año. El Presidente pudo entrever en el verano que el sistema político empezaba a diseñar planes para eludir su potencial electoral con el anticipo de elecciones locales para el primer semestre de 2027. Es un plan que hasta los intendentes peronistas del conurbano le están tratando de imponer a Axel Kicillof, por ahora el único aspirante que asoma la cabeza para competir contra Milei. En los últimos días se asomó Mauricio Macri para amagar con el armado de una alternativa intermedia. El presupuesto anual, la reforma laboral, la baja de imputabilidad a menores de 14 años y la ley de glaciares (cuyo trámite final está en curso) salieron según los planes del oficialismo libertario. Es un tiempo terminado al que el oficialismo le costará mucho revivir. Una fila de adversidades, algunas de ellas autoinfligidas, está asociada con el comienzo del otoño. El Gobierno pierde vitalidad según los verdes se van apagando. El avance de la causa judicial $Libra va más lento que las revelaciones que surgen en torno al caso La primera contrariedad es el cisne negro de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y su impacto en el abollado plan antiinflacionario argentino. La dimensión del problema es propia para un asunto, a priori, ajeno. Donald Trump trata de ver cómo salir de donde metió al mundo, una crisis energética que detona los precios del petróleo por el bloqueo del estrecho de Ormuz. La demanda de gas y petróleo a precios recalentados de golpe recuerda que la Argentina perdió años muy valiosos en activar Vaca Muerta y en generar los medios para embarcar la mercadería más reclamada del momento. Recién dentro de un año, para cuando esta crisis sea un recuerdo, estará operable el primer tendido hacia el mar que permitirá exportar gas en grandes cantidades. La procrastinación es una política de Estado que se cumplió con distintas excusas desde las presidencias de Cristina Kirchner en adelante. Está por verse el impacto en la economía real del país de la crisis provocada por la guerra. Si se prolonga, el manual indica que el aumento de tasas de interés concentrará las inversiones en activos financieros. Manuel Adorni demostró que en política no es tan difícil convertir un error en un abismo Sobre llovido, mojado. Ni Milei ni el ministro Luis Caputo pueden ocultar que a la aceleración de los precios por efectos puramente locales se agrega una caída de consumo que se verifica en la menor cantidad de compras que hacen los argentinos, desde los más empobrecidos hasta amplios sectores medios y medio altos. El cuadro se completa con un creciente desempleo, en especial en zonas industriales, donde la añeja falta de competitividad liquida puestos de trabajo reemplazados por importaciones. Por ahora la imprescindible adaptación a una economía más abierta se reduce a apagar las máquinas, despedir empleados y convertir una industria en una comercializadora de productos fabricados en Oriente. Algo está fallando y es notorio en la política contra la inflación. Es la segunda vez que el motor que hace caminar al gobierno falla en forma ostensible. La última vez fue durante la campaña electoral del año pasado, cuando una corrida cambiaria atribuida exclusivamente al “riesgo kuka” provocó una providencial e inédita intervención de Trump en el mercado del dólar y el peso local. Un premio inesperado pero valioso al alineamiento extremo que Milei eligió para la relación del país con los Estados Unidos. La única buena noticia de los últimos meses llegó el viernes también desde los Estados Unidos, con el fallo que revirtió la condena a pagar más de 16 mil millones de dólares por la expropiación del 51 por ciento de las acciones de YPF. Una jugada ordenada por Cristina y ejecutada por Kicillof, que ayer salieron a celebrar haber tenido la razón legal que tanto la costó a los gobiernos argentinos demostrar en los tribunales norteamericanos. Milei gritó el gol y atacó a los jefes kirchneristas, pero no borró la decisión de mantener bajo control estatal a la petrolera que hoy es la llave del crecimiento la exponencial de los recursos por la extracción de gas y petróleo de Vaca Muerta. Aunque dijo que pedirá votar una ley para limitar las expropiaciones del Estado ya no volvió a decir que YPF volverá a estar en una lista de privatizaciones. Milei tiene por delante dos necesidades obligatorias. Ver cómo atenúa o evita los efectos económicos de la guerra contra Irán. Y, todavía más importante, reparar los desperfectos en el plan económico. Hasta ahora solo prometió aferrarse al palo mayor de su ortodoxia. Nada es más importante para Milei que bajar la inflación y poner a competir a la Argentina en el mundo. Ese objetivo está envuelto en una batalla cultural que Milei bautizó con este título: “La moral como política de Estado”. Es una paradoja que esa nueva consigna haya sido instalada justo cuando aparecieron los comprometedores mensajes a ese precario vendedor de influencias que es Mauricio Novelli en relación con el lanzamiento de la criptomoneda $Libra. Ese experimento lanzado desde los Estados Unidos por otros personajes estrafalarios estalló en el aire y dejó un tendal de defraudados una vez que Milei anunció su puesta en circulación. El avance de la causa judicial va más lento que las revelaciones que surgen en torno al caso. Es un asunto que impacta en forma directa en el Presidente y en su hermana, Karina, el inocultable poder detrás del trono. Destellos de temeridad y de precariedad se confunden en la oscuridad de explicaciones mal dadas y aclaraciones pendientes. Son los mismos días en los que Manuel Adorni demostró que en política no es tan difícil convertir un pequeño problema en un abismo. Su paso de vocero a jefe de Gabinete ocurrió en noviembre, en el esplendor libertario. Ese ascenso expresó la mayor concentración de poder de Karina Milei en detrimento de Santiago Caputo. Lejos de aplacar las internas, las reavivó. Llevar a su esposa a la gira a los Estados Unidos en el avión presidencial fue un error que Adorni agigantó al decir que se estaba “deslomando” en Nueva York. Con una palabra hizo comprender su desatino. Enseguida apareció el video de Adorni junto a su familia subiendo a un avión privado pagado por un amigo contratista del Estado para disfrutar del feriado largo en Punta del Este. La interna no cesa, pero tampoco justifica nada. Dos semanas después, el Jefe de Gabinete tiene también pendiente de explicación con qué fondos su mujer compró una casa en un barrio privado. El miércoles, además, dijo que se había mudado a un nuevo departamento todavía no declarado. Adorni viene de dos años de burlas y chicanas desde el atril de la Casa Rosada. Obligado a hablar de él mismo, perdió el ingenio para el destrato y exhibió la precariedad de sus condiciones políticas para ocupar el cargo. El problema no puede ser siempre el atril desde el que Cristina Kirchner dijo barbaridades. Salvadas las distancias y las dimensiones, aquellos desprecios y la dificultad para explicar lo inexplicable parecen no haberse ido nunca.